– Oct 24, 2019, 17:02 (CET)

Los mejores ‘easter eggs’ que encontrarás en el primer capítulo de ‘Watchmen’

Watchmen, de HBO, está llena de referencias al cómic y algunas tan sutiles que solo las reconocerán los fans más acérrimos de la novela gráfica fundacional de Alan Moore. Tanto si lo eres como si deseas comenzar a recorrer el universo de la serie con un poco de ayuda, te ayudamos a analizar los Easter Eggs.

La posibilidad de adaptar el cómic Watchmen a una serie para televisión preocupó a buena parte de los fans que consideran a la historia original un hito intocable de la cultura pop. El domingo, HBO estrenó finalmente el piloto de lo que será un recorrido por el universo creado por Alan Moore y que pretende profundizar en el complejo argumento del cómic además de plantear algunas preguntas nuevas sobre su intrigante trasfondo. Para bien o para mal, Watchmen ayudó a brindar rostro al cómic tal y como lo conocemos, por lo que la versión de HBO de Damon Lindelof tiene un reto curioso: la de crear algo nuevo, sin tocar lo que se considera el origen de muchas de las historias modernas de superhéroes.

Y quizás para recordar a los fans que, a pesar de la intención del guion de crear una versión original de la historia del cómic, el equipo de producción ha incluido una buena cantidad de Easter Eggs. Estos recuerdan al célebre material de origen —como si pudiéramos olvidarlo, en todo caso— y enlazan de manera de inteligente el argumento en pantalla con buena parte de los recordados arcos narrativos de la novela gráfica. Se trata de una maniobra que demuestra el interés de HBO por celebrar el trabajo de Moore —aunque este jamás lo reconocerá— y de dejar claro que la serie Watchmen es un homenaje a algo más grande y complejo de lo que por ahora se muestra en pantalla.

¿Qué tan importantes son los Easter Eggs de Watchmen para comprender a la serie? Te damos un poco de contexto para hacerte más sencillo el recorrido por el complejo mundo de los vigilantes.

No todo lo que brilla es oro: también puede ser una explosión

Damon Lindelof tomó la acertada decisión de crear un conjunto de referencias visuales, narrativas y temáticas sobre el clásico material de origen en que se basa Watchmen. De esta manera, crea la ubicua sensación de que las historias de los antiguos vigilantes están en todas partes. Y lo logra, en parte con un cuidado uso de las historias de origen, pero también por una conexión inmediata con algunos de los aspectos más conocidos del material original. De hecho, buena parte de los Easter Eggs, dejados por los guionistas aquí y allá a través del piloto, parecen tener la directa intención de poner en relevancia las diferencias y semejanzas entre serie y cómic. Hagamos un repaso de los más importantes.

La máscara de Rorschach y la Séptima caballería

La primera gran referencia al cómic es, sin duda, el uso de la máscara de Rorschach. El vigilante que desencadena todo el argumento en la novela gráfica original y que en la serie cumple la doble función de vincular su historia con lo que ocurre en la trama, que se desarrolla en mitad de una revuelta racial y social de consecuencias imprevisibles.

Para la ocasión, el grupo de supremacistas blancos usa la distintiva capucha blanca con manchas de tinta del personaje. El único que optó por no trabajar para el gobierno en la historia de Moore y el que, al final, es quien deja por escrito en un minucioso diario la revelación final que cambiará el curso de los acontecimientos tal y como se habían narrado hasta entonces.

En la serie, el diario se menciona más de una vez, aunque en extractos seleccionados que los supremacistas escogen con toda la intención de sustentar su discurso. La unión de ambos argumentos a través de la simbólica apariencia de Rorschach relaciona uno de los hilos narrativos más importantes del cómic —la lucha contra el poder— que lo tergiversa en algo por completo nuevo y tenebroso.

Un presidente inesperado

En el cómic, el candidato Robert Redford —sí, ese Robert Redford en que estás pensando— estaba a punto de lanzarse al ruedo de las elecciones presidenciales. En la serie, lleva más de treinta años gobernando varios períodos consecutivos. La mención insistente sobre la presidencia y sus decisiones, que en la serie es un apropiado contexto para analizar el transcurrir de tiempo, así como los motivos de la revuelta social en puertas es una mirada inquietante sobre el poder como herramienta personalista. Un tema que Moore ha tocado en más de una ocasión en sus obras y en especial en cómic V de Vendetta, en la que exploró las consecuencias del totalitarismo ideológico y político.

La breve —pero necesaria— mención a los Minutemen

La historia de la última generación legal de héroes, célebres y recordados en el cómic como parte de la identidad norteamericana aparece en momentos puntuales durante la serie. La subtrama, que en la novela gráfica se desarrolla en la década de los ’40, aparece en el show en diversas referencias de fondo de escenas, en las que narra o se añade información sobre el tema. Incluso hay un programa de televisión que parodia, a un estilo chusco y un tanto incómodo, la historia de los célebres y extintos superhéroes.

Los viejos hábitos (y las máscaras) no mueren

El detective enmascarado Looking Glass (Tim Blake Nelson) usa la máscara que cubre su rostro y le convierte en vigilante durante buena parte del capítulo. En más de una ocasión, la enrolla con cuidado, lo que recuerda una escena icónica del cómic en la que Rorschach hace lo mismo para comer frijoles.

Otra referencia a la apariencia —y conducta del personaje— ocurre cuando el jefe de policía Judd Crawford (encarnado por un magnífico Don Johnson) le dice al enmascarado Looking Glass: “Baje la cara”. Una frase en la que parece sugerir que la identidad del vigilante está vinculada a su apariencia. Como recordarán buena parte de los fanáticos, Rorschach solía referirse a la máscara que le cubría la cabeza como “su verdadero rostro”.

Tic tac, Tic Tac, se acerca lo inevitable

En una de las escenas de la serie se muestra a los miembros de la misteriosa Séptima Caballería desmontando mecanismos de relojería en lo que parecen ser los preparativos para un complot a gran escala de un futuro acto terrorista. Los engranajes expuestos en pantalla (que Lindelof detalla con cámara subjetiva) recuerdan sin duda a los engranajes rotos del reloj que, tras una serie de accidentes extravagantes y particularmente extraños, llevaron a Jon Osterman a convertirse en el Dr. Manhattan.

El veneno entre los labios y el mal

Mientras la trama avanza a velocidad vertiginosa, uno de los miembros de la Séptima Caballería se lleva a la boca una píldora de veneno. Angela / Sister Night (Regina King) grita: “¡Escúpelo! ¡Escúpelo!”. Una referencia a una escena prácticamente idéntica el cómic original, en la que el hombre más inteligente de mundo, Adrian Veidt, se enfrenta a una muerte dolorosa en una escena prácticamente idéntica. De hecho, la presencia de Veidt es notoria en todo tipo de detalles, recordando a los fans que la némesis (esa columna ideológica que sostuvo el mal enigmático del cómic), está muy presente aún en la realidad alternativa que muestra Watchmen.

El regreso de Adrien Veidt y un extraño aniversario

Por supuesto, uno de los grandes y notorios Easter Eggs de la serie es el mismo villano del cómic. Encarnado por un formidable Jeremy Irons. En una escena extrañamente tensa, surreal y casi onírica, se ve al personaje celebrando ¿un aniversario? Además, dando un breve repaso simbólico a su vida alejada de la luz pública. ¿Qué podemos esperar del personaje? ¿Se convertirá de nuevo en el centro motor de todo lo que ocurra a continuación? La serie no lo deja claro y, de hecho, la insinuación hace más extraña la forma en que se presenta al personaje.

Pequeños guiños de un mundo entre sombras

Por supuesto, no todos los guiños son grandes giros argumentales: Lindelof parece obsesionado por llenar a la serie de todo tipo de pequeños momentos visuales que se unen entre sí para crear una intrincada red de conexiones con el cómic: desde el hombre que pasa junto a Ángela con un cartel en que puede leerse “El futuro es brillante” —una especie de reverso oscuro de la identidad secreta de Rorschach, que sostenía uno con la frase “El fin está cerca”—, hasta la icónica última imagen de piloto, en que la insignia de Judd está marcada por una gota de sangre que se desliza y recuerda de manera inevitable al botón sonriente y también manchado de sangre de The Comedian. La serie hace un esfuerzo considerable por crear un contexto visual en la que el cómic sea un frecuente protagonista invisible. Una y otra vez, Watchmen parece encontrar la mejor inspiración en el material de origen y en su profunda trascendencia como hito pop sobre la manera de narrar historias sobre el poder, el miedo y la alienación.

Todavía resta esperar en qué forma Lidelof desarrollará una historia que, sin duda, intenta recorrer y encontrar nuevos espacios en el Universo complejo de la novela gráfica. Pero a diferencia de lo que se temía —o muchos fanáticos se preguntaban en voz alta— la serie además de un homenaje, es también una extravagante y acertada reinvención de un mundo lleno de pequeñas reflexiones sobre el poder, el tiempo y la identidad del hombre. Queda por ver qué otras sorpresas podremos encontrar en el resto de los capítulos y, sobre todo, qué podemos esperar de los misterios a la periferia que la serie apenas comienza a revelar.