– Sep 24, 2019, 11:00 (CET)

Emla: la pomada que, ‘recetada por esteticistas’, podría mandarte al hospital

Se trata de una crema anestésica local, aconsejada por muchos esteticistas para su uso antes de la fotodepilación, pero que solo debe ser prescrita por un médico.

Hace unos días salía a la luz el caso de una mujer estadounidense que tuvo que ser atendida de urgencia después de que el abuso de una crema para el dolor de muelas le provocara varios síntomas preocupantes, como dificultad para respirar, cansancio y la coloración azul de su sangre.

La joven padecía una afección conocida como metahemoglobinemia, que se da cuando la hemoglobina no es capaz de unirse al oxígeno y, por lo tanto, no puede transportarlo correctamente. En su caso se debió a un exceso de benzocaína, por utilizar una dosis inadecuada del fármaco para el dolor bucal. Sin embargo, este no es el único anestésico local que puede generar efectos similares. También ocurre con otros, como la lidocaína, presente en una gran variedad de medicamentos, entre los que se encuentra Emla, una pomada recomendada por esteticistas y otros profesionales sin conocimientos médicos que, por supuesto, no están cualificados para aconsejar su uso.

Solo con receta médica

Según la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), se han notificado en el Sistema Español de Farmacovigilancia de Medicamentos de Uso Humano 11 casos de metahemoglobinemia en pacientes que se administraron Emla sobre superficies extensas de piel. ¿Pero cómo puede ser que un fármaco destinado al alivio local del dolor cause un problema de este tipo?

La razón está en el mal uso que se está haciendo de él. Se trata de una pomada a base de lidocaína y prilocaína, destinada a aliviar el dolor local antes de la realización de intervenciones quirúrgicas menores, como las punciones, o ciertos procedimientos dermatológicos. También es habitual su prescripción previa a la infiltración de anestesia o durante los procesos de limpieza de úlceras en las piernas.

En todo caso, se trata de un procedimiento pautado por trabajadores cualificados, que saben perfectamente la dosis adecuada para evitar efectos secundarios. Sin embargo, su fácil administración y accesibilidad ha llevado a que comience a utilizarse con fines diferentes. “Es habitual que profesionales no sanitarios se lo recomienden a sus clientes cuando van a realizarles alguna práctica que pueda ser dolorosa, como la fotodepilación o la realización de tatuajes”, explica a Hipertextual Guille M.Melgar, el farmacéutico detrás de la cuenta de Farmaenfurecida. “En este caso, el farmacéutico está obligado por ley a requerir una receta médica”.

Sin embargo, para muchas personas es fácil encontrarlo, sin necesidad de prescripción. “Algunas farmacias han levantado la mano porque el cliente se va a otra farmacia”, cuenta el especialista. “Por suerte cada día ocurre menos ya que está más controlado”.

La mayoría de casos reportados de metahemoglobinemia se han dado en personas que se aplicaron la crema antes de someterse a un procedimiento de fotodepilación. En esta situación, según la AEMPS, se suele colocar una capa gruesa del producto y a continuación cubrir la zona con un apósito o vendaje. De este modo se aumenta la absorción, de modo que la dosis de anestésicos es mayor y la posibilidad de que causen daños también.

No son cosméticos

Recientemente fue muy discutido en redes sociales el caso de Eridosis, unas toallitas impregnadas en antibiótico que se utilizan habitualmente para el tratamiento del acné y que, a pesar de estar sujetas a prescripción médica, son recomendadas por muchos youtubers e influencers como un producto de uso diario.

Estos son solo dos de los muchos casos de medicamentos concebidos casi como cosméticos, que jamás deberían dispensarse en farmacias sin la receta pertinente. Por lo general son productos de administración tópica, ya sea para evitar el dolor, como Emla, o para mejorar la apariencia de la piel o de otras partes del cuerpo. Por ejemplo, Melgar recuerda el caso de unos colirios que se están poniendo de moda últimamente para aumentar el tamaño de las pestañas, pero que también requieren ser pautados por un especialista.

Ante todo esto, a los consumidores no nos queda otra opción que informarnos por las vías adecuadas. Debemos recordar que, por muy bien que hagan el trabajo en el que están especializados, un esteticista, un tatuador o un youtuber no tienen la formación adecuada para prescribir medicamentos. Debería ser el propio farmacéutico el que nos lo explique en el momento que acudamos a comprarlos. Pero, de no ser así, podemos comprobarlo antes de adquirirlo, googleando el nombre del fármaco y leyendo la información sobre él que se encuentra, principalmente en páginas como el Vademecum o la de la AEMPS.

Si ya lo hemos comprado, la caja debe especificar si se trata de un medicamento sujeto a prescripción médica. Además, es importante observar la parte superior del envase, junto al código nacional del medicamento. En España, justo ahí se colocan una serie de símbolos, que aportan información de utilidad sobre el producto que vamos a consumir. Si entre ellos se encuentra un círculo de color blanco, significa que debe ser recetado por un médico y, por lo tanto, si este no ha sido el caso, no debemos utilizarlo. No importa que nos lo haya dicho nuestro esteticista, nuestra vecina o nuestro influencer de cabecera, solo un profesional sanitario puede decirnos si lo necesitamos.

Ahora bien, ¿significa esto que debemos resignarnos a sufrir el dolor de la fotodepilación o los tatuajes? Mucha gente lo hace y no le pasa nada, pero es cierto que no todo el mundo tiene el mismo umbral del dolor. Por eso, debemos conocer de qué otras opciones disponemos. “Con la misma composición que Emla no, pero hay cremas calmantes usadas para disminuir el dolor que no requieren receta”, asegura el experto consultado por este medio. Por eso, si queremos saber cuál utilizar, debemos consultar a nuestro farmacéutico. Él o ella sabrá cómo podemos minimizar el dolor, sin poner en peligro nuestra salud.