Durante un varias generaciones, Samsung se ha mantenido ajena a dos grandes tendencias del mercado móvil iniciadas por Apple. Se trata de la eliminación del conector de auriculares, que fue eliminado con el iPhone 7 en 2016, y la presencia de un notch que mordiera la parte superior de la pantalla a favor de una mayor área visual.

Si bien en el último ya había picado con los [Galaxy S10](los motivos oficiales de Samsung para abandonar el jack son idénticos a los de Apple), aunque de una forma algo tangencial –realmente no es un notch por venir perforado, en lugar de recortado desde el lateral–, en su gama alta. En su gama media, el argumentario de Samsung ya es pura historia, por cierto.

Hoy Samsung cierra el círculo, o más bien, tapa el hueco restante en su gama alta con la eliminación del jack de auriculares de 3.5 milímetros en los Galaxy Note 10. Si bien era un movimiento que esperábamos que sucediera antes o después, sorprende la justificación de la marca, que se había mantenido como último reducto del conector hasta este movimiento.

En declaraciones a The Verge, afirman que se elimina el jack de auriculares a favor de una batería superior y una respuesta háptica superior.

Este espacio extra podría justificar hasta 100 mAh de ganancia –el equivalente a un 2-3% de capacidad–. Supuestamente mejora el motor de vibración puesto que elimina la única cavidad hueca del jack, donde Samsung no parece estar teniendo en cuenta al S Pen de cerca de 10 centímetros que se inserta... dentro de una cavidad hueca.

Samsung se suma finalmente así al uso necesario de un adaptador para alimentar los auriculares cableados. O bien nos empuja a elegir uno de sus auriculares inalámbricos. Además, Samsung elimina con los Note 10 una de las características que menos acogida ha tenido entre los usuarios, el botón dedicado a Bixby.

En cualquier caso, una pequeña mejora en la autonomía de un terminal ya grande quizá justifique para muchos la pérdida de este conector que pueden estar usando cada vez menos a menudo. Para el resto, al menos, han tenido tres años para adaptarse y dejar que el ecosistema de auriculares inalámbricos merezca la pena.

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