Las espinacas son una gran fuente de proteínas, fibra, hierro, potasio, folatos, vitamina A, C y E y beta-carotenos. Supone, por lo tanto, un ingrediente que debería ser esencial en nuestra dieta. Sin embargo, su gran parecido con el pasto hace que muchas personas tiendan a sentir repugnancia hacia ellas, especialmente los más pequeños.

Por suerte, para ayudar a que estos últimos se animaran a comerlas, el dibujante Elzie Crisler Segar creó en los años 20 del siglo pasado a Popeye, un enclenque marinero al que le bastaba con tomar una lata de espinacas para que sus músculos crecieran de forma instantánea, dotándole de una fuerza sobrehumana. Pronto, miles de padres de todo el mundo comenzaron a usar al personaje como pretexto para hacer comer más sano a sus hijos, que creían que tomar espinacas frecuentemente les ayudaría a alcanzar aunque fuese una mínima parte de la fuerza de Popeye. Lógicamente, todo esto era ficción. ¿Pero qué pasaría si hubiese una pequeña parte de verdad en ello? Esto es lo que ha descubierto recientemente un equipo de científicos de la Universidad de Berlín, al comprobar que una sustancia presente en esta verdura puede ayudar al crecimiento muscular de los atletas, mejorando tanto su rendimiento que incluso han propuesto que dicho compuesto sea considerado como dopaje.

¿Popeye se dopaba?

La protagonista de este estudio, publicado recientemente en Archives of Toxicology, ha sido la ecdysterona, una hormona que se encuentra naturalmente en algunas plantas, como las espinacas. Desde hace años se han comercializado suplementos a base de esta sustancia destinados a deportistas, por tener efectos supuestamente similares a los de los esteroides anabólicos, pero sin efectos hormonales negativos.

A pesar de todo, durante todo este tiempo se ha considerado su potencial más bien como algo anecdótico o incluso sin fundamento, al igual que el de otros suplementos para deportistas, como el colágeno.

Sin embargo, algunos estudios recientes, llevados a cabo en ratas, sí que han mostrado que este compuesto favorece el crecimiento del músculo. Por eso, un grupo de científicos del Instituto de Farmacia de la Universidad de Berlín decidió comprobar si se producía el mismo efecto en humanos durante la práctica de deporte, tal y como prometen los suplementos comercializados en el mercado.

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Para comprobarlo, se hizo el seguimiento de 46 hombres jóvenes, sometidos a un mismo programa de entrenamiento de fuerza durante diez semanas. Seis de ellos terminaron abandonando antes de finalizar este periodo, por lo que finalmente contaron con los resultados de 40 varones, todos con al menos un año de experiencia en entrenamiento de barra. Aunque los ejercicios practicados fueron idénticos (sentadillas con barra a la espalda, peso muerto y press de banco), los participantes se dividieron en tres grupos: uno que consumió suplementos de ecdysterona durante el entrenamiento, otro que ingirió un placebo y otro que no tomó ninguna de las dos opciones. En el primer grupo se administraron dos dosis diferentes, de 200 u 800 miligramos.

Finalizado el entrenamiento, se comprobó que los miembros del tercer grupo habían experimentado un aumento de masa muscular mucho mayor que el resto, alcanzando los 1’5 kg en los que habían tomado la dosis más baja y los 2 kg en los que consumieron 800 miligramos. Además, su rendimiento fue mayor, especialmente en el ejercicio de press de banco.

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Dados los estudios realizados anteriormente con animales de laboratorio los autores de este trabajo esperaban obtener una mejora en el desempeño físico de los participantes, pero no tan notable como lo que comprobaron finalmente. Por eso, según informa DW, han solicitado a la Agencia Mundial Antidopaje que se valore la posibilidad de considerar la ecdysterona como sustancia dopante, ya que la diferencia en el rendimiento de los deportistas que la toman sería injusta, en comparación con el resto. No es la primera vez que se pone este tema sobre la mesa, aunque hasta ahora no se había hecho con datos científicos. De hecho, en los 80 existía una fuerte sospecha de que los deportistas olímpicos rusos tomaban regularmente estos suplementos y que esto podría tener que ver con sus buenos resultados en los campeonatos en los que participaban.

Popeye tenía razón, a medias

¿Significa esto que añadiendo espinacas a nuestros batidos y ensaladas tendremos la fuerza de Sansón y Hércules juntos? Pues, en realidad, no. Según la cantidad de espinacas consumidas en la dieta occidental, al tomar esta verdura consumimos una dosis de 1 miligramo al día de ecdysterona, mientras que los suplementos de atletas les facilitan una cantidad de 1.000 miligramos diarios. Así que no, tomar unos garbanzos con espinacas antes de competir no contará como dopaje.

De cualquier modo, antes de añadir este suplemento a la lista se debería plantear más investigación; ya que, según reconocen los propios autores del estudio, su trabajo cuenta con pocos participantes. Además, solo incluye a hombres, por lo que se desconocen los efectos de esta sustancia en el rendimiento de las mujeres.

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