Godzilla: Rey de los monstruos es la tercera entrega del MonsterVerse que se inició en 2014 con Godzilla. Su primer fin de semana en los cines españoles no ha sido muy espectacular: aunque ha conseguido colarse en el tercer puesto de la taquilla nacional, ha sido superada por Aladdin, imbatible en su quinta semana en salas. Pero el verdadero gigante no es otro que Toy Story 4, con la que compartía día de estreno y que se mantiene a años luz de distancia con respecto a las demás películas en cuanto a recaudación se refiere.

Godzilla tampoco ha corrido mejor suerte en el resto de países y, en general, su paso por los cines internacionales ha sido bastante moderado, con la habitual excepción de China. Solo en el país asiático ha recaudado la mitad de sus beneficios, algo más de 130 millones de dólares. Este batacazo en taquilla era la crónica de un fracaso anunciado. En 2019, hace falta algo más que un CGI muy logrado para captar la atención del público. Estos son loss errores (y un acierto) de Godzilla: Rey de los monstruos:

La (no) reinvención de Godzilla

Warner Bros. Pictures

Un personaje como Godzilla, con 65 años de historia a sus espaldas, necesita ser tratado con un poco de respeto. El monstruo nació en 1954 como reflejo del terror del pueblo japonés después del lanzamiento de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki al final de la Segunda Guerra Mundial. Godzilla pronto se convirtió en un icono cinematográfico en Japón y uno de los monstruos más conocidos mundialmente.

Desde entonces ha aparecido en más de treinta películas, la mayoría japonesas, y multitud de cómics y productos de televisión. A lo largo de los años, el Titán ha pasado por numerosas facetas, desde salvador del pueblo nipón hasta protector contra fuerzas alienígenas y fantásticas. Desde luego ,no es la primera vez que lo vemos luchando contra otros monstruos gigantescos del universo de los Kaiju. En las adaptaciones norteamericanas, la historia ha sido suavizada constantemente.

En el Monsterverse creado por Legendary/Warner Pictures, Godzilla ha pasado de defender Japón a defender el planeta entero. De este modo, el personaje mantiene parte de su esencia, pero no deja de ser “una película más de Godzilla”. Tanto a esta como a su antecesora les falta esa chispa que convierta el simple remake en algo digno de llamar nuestra atención.

El descafeinado alegato de Godzilla: Rey de los monstruos sobre el cambio climático y la destrucción del planeta palidecen en comparación con su representación original del terror nuclear. En la película de Michael Dougherty, hay una pequeña crítica medioambiental, pero se pierde según descubrimos que la “verdadera amenaza” es un Titán alienígena que debemos expulsar del planeta. Volvemos irremediablemente al “nosotros” -y nuestros monstruos- contra el “Ellos”. Puede que funcione con los seguidores de los Kaiju, pero no con el público general.

Godzilla: Rey de la película

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No obstante, hay que reconocer un gran acierto a Godzilla: Rey de los monstruos: dar protagonismo a los Titanes. La tercera en esta franquicia es la única que ha conseguido captar la insignificancia de la existencia humana ante la aparición de los Titanes. Aunque está narrada desde el punto de vista humano, los protagonistas son los monstruos. Godzilla y Ghidorah, el descomunal dragón de tres cabezas, tienen sus propios objetivos y motivaciones y no reparan en el reparto humano más de lo que lo haríamos nosotros con un grupo de hormigas. El camino hasta aquí ha sido turbulento.

En Godzilla (2014), el monstruo apenas aparecía en pantalla. Antes de la gran batalla final solo veíamos retazos de él, insinuaciones de que estaba ahí, pero poca evidencia real. Aunque el argumento estaba bien, el resultado global era decepcionante. En 2017, le dieron un impulso a la saga con Kong: Isla Calavera, en la que teníamos una perspectiva mucho más imponente de los monstruos. Tanto el simio gigante como los demás moradores de la isla compartían protagonismo con los humanos y nos mostraban lo impresionante de sus capacidades desde el primer momento. Nada más llegar los humanos a la Isla, Kong destruye todos los helicópteros y masacra a la mayoría de la tripulación en pocos minutos. La escena deja un paisaje desolador, pero sienta las bases para lo que vamos a ver en Rey de los monstruos.

La tercera película es como una extensión de dos horas de esta escena de Kong. Aunque al principio parece que son los humanos quienes manejan la situación, ya que todo comienza con Vera Farmiga despertando a los Titanes, en seguida queda claro que no importamos mucho en la escala global. Una vez Godzilla y Ghidorah se enfrentan por el trono de los monstruos las acciones humanas son bandazos sin sentido que intentan frenar algo que se les escapa de las manos.

A nadie le importa Millie Bobby Brown

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El único problema con esta situación es que han dejado tan de lado a los personajes humanos que no podemos formar ningún vínculo emocional con ellos. Tal vez no fuera un error tan importante si no fuera porque la última media hora de la película está enfocada casi por completo en lo que hacen estos personajes.

Millie Bobby Brown es un reclamo interesante para intentar captar a una audiencia mayor, como lo fueron hace dos años Samuel L. Jackson, Tom Hiddleston y Brie Larson en Kong: Isla Calavera, pero termina siendo una decepción. Lo más importante que hace su personaje es echarse a llorar y llevar a cabo una estrategia final para distraer a Ghidorah que no tiene sentido argumental y solo sirve para ponerla en peligro y que sus padres puedan reencontrarse e ir a buscarla. Lo peor de todo es que todo este drama familiar al espectador le importa más bien poco. Como resultado, acabamos cansados y aburridos en los últimos minutos de la cinta y con un mal sabor de boca al salir del cine.

¿Merece la pena a pesar de todo? Sí. Godzilla: Rey de los monstruos nos ofrece dos horas de entretenimiento y formidables luchas entre Titanes, pero falla en plano emocional y no es capaz de llamar la atención del público general. Tal vez Godzilla vs Kong consiga pulir por fin estos errores, pero cabe preguntarse cuánta gente seguirá interesada en este universo para entonces.