Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Incluso a veces el traspiés se repite en más de un par de ocasiones. Por eso, no resulta del todo extraño que después del revuelo generado el pasado mes de noviembre con la noticia de las dos bebés chinas con su ADN modificado genéticamente, ahora un científico ruso quiera repetir la hazaña de He Jiankui.

La gran diferencia entre ambos casos es que este último, llamado Denis Rebrikov, ha dado a conocer sus propósitos antes de llevarlos a cabo y asegura estar dispuesto a recibir todos los permisos pertinentes para hacerlo legalmente. Por otro lado, como ha explicado él mismo en declaraciones a Nature, esta vez los pacientes con VIH no serán los padres de los bebés, sino las madres. Esto, según él, elimina ciertos inconvenientes éticos planteados en el caso de las niñas chinas. ¿Pero es realmente tan diferente lo que él propone?

Pequeñas variaciones a un procedimiento poco ético

En general, el objetivo de Rebrikov es el mismo que el de Jiankui: generar personas resistentes al VIH desactivando el gen CCR5 a través de la técnica CRISPR-Cas9. Este gen codifica un receptor que actúa como entrada del virus a las células humanas, por lo que bloquearlo serviría para cerrar una de las puertas abiertas para la infección.

En el caso del genetista chino, el procedimiento se llevó a cabo en embriones procedentes de padres VIH positivos. Este fue uno de los primeros puntos criticados por el panorama científico mundial, ya que la probabilidad de infección en estos casos es baja y, además, las clínicas de reproducción asistida ya cuentan con métodos para evitarlo. Por eso, Jiankui corrigió sus declaraciones y pasó a afirmar que en realidad su objetivo era “crear” individuos resistentes al VIH, independientemente de si sus padres estaban enfermos o no. Esto dio lugar todavía a más revuelo, ya que la población dispone de mecanismos útiles para evitarlo, como los preservativos. Uno de los grandes objetivos futuros de la edición genética es la prevención de enfermedades, pero siempre que estas sean muy peligrosas y no puedan evitarse por otros medios.

Consciente de que podría recibir las mismas críticas, Rebrikov decidió dar la vuelta a algunas de las piezas del puzle, de modo que fuesen las madres las que tuviesen el VIH. Esto tampoco ha convencido a los detractores de la técnica; ya que recuerdan que, si bien en esta ocasión la probabilidad de infección es mayor, existen ciertos fármacos para evitarlo. Sin embargo, el biólogo molecular ruso contaba con ello, por lo que ha asegurado que solo trabajará con mujeres que no hayan respondido bien a este tipo de tratamientos.

Desconfianza en el panorama científico

Incluso si las variaciones anteriores consiguieran solventar las limitaciones éticas del procedimiento, seguiría siendo importante determinar su seguridad.

Según cuenta en el mismo artículo de Nature una de las descubridoras de la técnica CRISPR-Cas 9, Jennifer Doudna, la tecnología aún no está lista para utilizarse en este tipo de procedimientos tan complejos.

Se trata de una herramienta de “corta-pega genético”, que permite eliminar un fragmento de ADN y sustituirlo por otro, en busca de eliminar o modificar caracteres concretos. Tiene una gran utilidad en áreas como la agricultura y se espera que en un futuro sea esencial en biomedicina. Sin embargo, aún es necesario conocerla más a fondo para utilizarla en la edición de embriones humanos, ya que no hay manera de garantizar que no se editen también otras regiones del ADN. Esto puede dar lugar a consecuencias inocuas; pero si, por ejemplo, se silencia un gen supresor de tumores, el resultado puede ser terrible.

Por otro lado, es complicado saber todas las consecuencias que tendrá una mutación concreta. En el caso de Jiankui, un nuevo estudio que analiza sus resultados establece que la mutación que él realizó conlleva un aumento del 21% en la probabilidad de mortalidad en etapas posteriores de la vida.

Además, en el caso concreto del CCR5 se sabe que, a pesar de ser una puerta de entrada al VIH-pero no la única-, también cuenta con funciones beneficiosas. No están del todo claras, pero se cree que puede intervenir en la protección frente a complicaciones en infecciones de otros virus, como el de la fiebre del Nilo occidental o el de la gripe.

Según Rebrikov, sus embriones no tendrán el problema de recibir alteraciones en zonas no deseadas del ADN, ya que asegura haber desarrollado una técnica mejorada con la que se evita este problema. Ante la desconfianza de los científicos que han sabido de sus declaraciones, ha anunciado que en un periodo de un mes publicará sus resultados de forma abierta en bioRxiv.

Hasta que eso ocurra, buena parte de los investigadores que están al tanto del procedimiento se mantienen escépticos. Por eso, el biólogo ruso promete no comenzar hasta recibir todos los permisos pertinentes. Se trata de un científico muy bien visto en su país, donde dirige un laboratorio de edición genética en el Centro Nacional de Investigación Médica Kulakov para Obstetricia, Ginecología y Perinatología de Moscú. Además, es investigador en la Universidad de Investigación Médica Rusa Pirogov, en la misma ciudad. Conoce bien la normativa rusa en torno a esta temática. La ley prohíbe la ingeniería genética en la mayoría de contextos, pero existe un vacío legal en ciertos sectores, como la reproducción asistida, en cuya legislación no hay referencias explícitas en este aspecto. Por eso, espera recibir la aprobación de tres agencias gubernamentales, incluyendo al ministerio de sanidad. A pesar de su positividad, los expertos aseguran que, de recibir los permisos, el periodo para conseguirlos puede ser muy largo, especialmente por la influencia de la iglesia ortodoxa, clara detractora de la edición genética.

De momento este científico ya ha contactado con una clínica de VIH rusa, en la que espera reclutar a las pacientes. Esto es lo único que puede hacer hasta ahora, si quiere proceder en base a lo legal. Al menos, aunque la idea siga siendo inconsciente, no parece que vaya a actuar a espaldas de la ley y los comités bioéticos pertinentes. Para saber qué ocurrirá después, no queda más remedio que esperar.