– Jun 16, 2019, 16:30 (CET)

Por qué X-Men es el cómic más progresista de Marvel Comics

X-Men es el cómic más progresista de Marvel Comics. Te explicamos los motivos de esta afirmación en el siguiente reportaje sobre los mutantes de la Casa de las Ideas, en el que analizamos el mensaje implícito en las aventuras de estos héroes.

Autor: Jesús Delgado

En breve legará a los cines X-Men: Fénix Oscura, la última película de los mutantes de Marvel en la era Fox, tras la adquisición de la compañía por parte de Disney. Con esta cinta se cierra la saga cinematográfica formada por más de una decena de películas, contando los spin-offs de Lobezno, Deadpool e, incluso, la próxima Los Nuevos Mutantes.

Los muties de Marvel son, todo hay que decirlo, la franquicia más rentable de la Casa de las Ideas. O, al menos, lo fueron mientras Los Vengadores era una marca de segunda división, reservada al público más especializado e insider. También es la más popular de Marvel. Buena parte de este alto nivel de aceptación se debe, precisamente, a que es una de la franquicias más progresista de los cómics, junto a Wonder Woman de DC Comics.

Posiblemente, muchos no estéis al tanto, pero esta es la franquicia más inclusiva y representativa de Marvel. Si queréis entender los motivos, os contamos porqué X-Men es el cómic más progresista de Marvel Comics.

Derechos civiles, minorías, persecución...

Una de las grandes curiosidades de Marvel ha sido el que se dé por hecho que los X-Men son una metáfora a la lucha por los derechos civiles en EEUU durante los años 60. Esto es una verdad a medias. Cuando en la década de los 60, Jack Kirby y Stan Lee crearon a los X-Men, como a muchos de los grandes personajes de la editorial, tenían en mente reflejar cierta realidad social. Pero, más bien, lo hicieron siguiendo (de lejos) la premisa de la Doom Patrol de DC Comics, título que el dúo "copió" para Marvel.

En realidad, el toque progresista (y de denuncia implícita) no llegaría hasta los años 70, cuando la contracultura tomó el control de la editorial. Los X-Men no habían sido en sus orígenes una franquicia popular. De hecho, a pesar de los esfuerzos de Roy Thomas, su cabecera quedó en suspenso. Al menos, hasta 1975.

En ese año, la serie sufriría un cambio radical, que la convertiría en uno de los buques insignia de la editorial. El lanzamiento Giant-Size X-Men #1 (llamado también Segunda Génesis) de manos de Len Wein y Dave Cockrum, renovaría la alineación del equipo, cambiando a los integrantes del equipo e introduciendo a personajes tan carismáticos como Lobezno, Coloso o Rondador Nocturno. Pero también viraría hacia un discurso mucho más inclusivo, en el que se reflejaría personajes pertenecientes a minorías o a perfiles alejados del estereotipo de varón blanco y anglosajón.

Así, la colección, de tirada bimestral, se convirtió en un éxito rápidamente, gracias al discurso integrador de minorías y al pulso que la serie tomó a temas de actualidad del momento. Buena parte de este logro se debió al fichaje del guionista británico Chris Claremont, artífice de la mitología de la Patrulla-X, tal y cómo la conocemos a día de hoy.

Durante los casi veinte años siguientes, Claremont convirtió a los mutantes en la franquicia más popular y rentable de la Casa de las Ideas, dando pie a tramas que se convertirían en el abecedario de la mitología mutante. ¡Fue así hasta el punto de que sería la base de la emblemática serie de dibujos animados de los 90 de Fox sobre los X-Men!

En primera instancia, Claremont desarrolló esta misma idea que os comentamos. Por un lado, su producción creativa lo llevó a desarrollar un discurso inclusivo, en el que se reflejaban personajes rusos, centroeuropeos, africanos, canadienses, irlandeses, judíos, etc... Pero, además (y a pesar de las dificultades de la época), también se dejaban entrever algunos personajes de diversa sexualidad.

Además, como hiciera ya en su etapa de Ms. Marvel, Claremont desarrolló el concepto de que una mujer fuera el superhéroe más poderoso de una editorial. Con la publicación del cómic X-Men #101 (1976), se introdujo al personaje Fénix. Hasta entonces, la presencia femenina en el grupo mutante había sido testimonial. Jean Grey era la telépata del grupo y sus habilidades llegaban a rivalizar con las del propio Xavier. Pero su desarrollo se había limitado a servir de "chica del grupo" o interés romántico de Scott Summers, también conocido como Cíclope.

Chris Claremont hizo algo radical e inaudito en la industria hasta entonces: convirtió a Jean en algo más que una "mujer florero" y la redefinió como el ser más poderoso del cosmos. La "chica del héroe" se convirtió en el miembro más poderoso del equipo, tras convertirse en el recipiente de la Fuerza Fénix. Todo ello se narró en La Saga de Fénix Oscura.

Gracias a dicho planteamiento, Jean demostró que no necesitaba a nadie para poner en jaque a los temibles robots Centinelas de Bolivar Trask (que vimos en X-Men: Días del Futuro Pasado) o a malvados como los esbirros del Club del Fuego Infernal de Sebastian Shaw (Kevin Bacon, en X-Men: Primera Generación). Las únicas limitaciones que la heroína tendría serían su propia imaginación y la influencia de su lado más oscuro, que la conduciría por caminos muy siniestros.

El ascenso de Jean Grey como Fénix se narraría en el arco argumental conocido como La Saga de Fénix Oscura, un cómic que no solo sentaría las bases para las distintas series de los X-Men a lo largo de los años 80. Su impronta es tal que, incluso, tendría efectos en la continuidad de los cómics recientes. Nos referimos al enorme crossover entre supergrupos de Marvel: Avengers vs. X-Men (Vengadores vs. Patrulla-X), que obligó a mutantes y vengadores a dejar sus diferencias a un lado para detener a la Fuerza Fénix y sus cinco y retorcidos huéspedes.

Por otro lado, volviendo a la idea del principio, en efecto, los X-Men trataron de rendir homenaje al movimiento por los derechos civiles. Efectivamente, Magneto y el Profesor Xavier fueron retratados como homólogos mutantes de Malcolm X y de Martin Luther King Jr. Pero esta asociación se debió también a Claremont, quien en retrospectiva planteó que ambos hombres habían sido amigos de la juventud y que Magneto, en particular, había sido un superviviente del Holocausto.

Esta imagen desdijo el retrato clásico de Magneto, planteando que este personaje no era tanto un villano como un antihéroe. Es decir, el adalid de una causa noble, cuyos objetivos se veían corrompidos por sus métodos violentos y sus ansias de venganza. De este modo, se equiparaba a "Magnus" (uno de los nombres del personaje) con otros activistas que habían caído en las vías del terrorismo.

Años después, ya bajo otros guionistas, los X-Men desarrollarían otros conceptos como el Virus de Legado (metáfora del SIDA), la primera boda gay del cómic, además de dar mayor visibilidad a personajes femeninos en sus filas, así como a representantes de colectivos con poca representatividad en los medios generalistas. En muchos sentidos, el espíritu de Claremont y su impronta eminentemente progresista sigue adelante, vigente en la línea editorial de los cómics.

Y no solo en los títulos asociados a los X-Men: este espíritu también ha permitido que surjan héroes de primera línea, pertenecientes a otras etnias o colectivos. Nos referimos a personajes como Miles Morales / Spider-Man, amén de heroínas como la actual Ms. Marvel, Kamala Khan, o América Chavez / Miss América (la primera heroína latina LGTBIQ de Marvel, con cabecera propia). En otras palabras, buena parte del posicionamiento ideológico de Marvel en la actualidad se debe precisamente a la producción editorial mutante de mediados de los 70 y de principios de los 80. Es decir, la etapa Claremont.

Este artículo fue publicado originalmente en Hobby Consolas