El aterrador ritmo al que están aumentando en todo el mundo los casos de infecciones por bacterias resistentes a antibióticos ha dado inicio a una vertiginosa carrera en la que cientos de investigadores tratan de dar cuanto antes con un nuevo tratamiento que permita acabar con ellas.

Se han analizado muchas opciones, la mayoría extraídas de plantas o animales, pero también en el propio “micromundo” se pueden encontrar grandes armas contra los supermicrobios. Buen ejemplo de ello es el de los virus que infectan a bacterias, llamados bacteriófagos. Por eso, siete estudiantes del Instituto de Tecnología de Nueva York (NYIT, por sus siglas en inglés), durante unos seminarios de investigación, decidieron aislar algunos de estos virus y comprobar su potencial bactericida. Del mismo modo que para encontrar virus vegetales hay que buscar en las plantas y los específicos de humanos suelen estar siempre cerca de nosotros, para dar con los bacteriófagos (también conocidos como fagos) era necesario inspeccionar un lugar cargado de bacterias. Y, aunque nos duela pensarlo, nuestra cocina está repleta de estos rincones, siendo el estropajo uno de los que más bacterias contienen. Esta fue la razón que les llevó a elegir estas esponjas para su estudio, que se ha presentado hoy en la reunión anual de la Sociedad Americana de Microbiología.

El mundo microscópico de tu estropajo

Para la realización del estudio, cada estudiante aisló algunas bacterias presentes en sus propios estropajos usados y las utilizó como cebo para atraer a virus que pudieran infectarlas.

Dos de ellos lograron dar con estos fagos, que infectaron a sus propias bacterias, pero también a las que habían sido aisladas por el otro compañero. ¿Significaba esto que, a pesar de proceder de estropajos diferentes, las bacterias eran de la misma cepa?

Dispuestos a comprobarlo, analizaron el ADN de ambas, comprobando que todas pertenecían a la familia Enterobacteriaceae, compuesta por bacterias fecales. Sin embargo, y a pesar de esta coincidencia, químicamente mostraban ciertas diferencias entre sí. Por lo tanto, eran cepas estrechamente relacionadas, pero distintas.

Esto, según explica en un comunicado de prensa una de las estudiantes, Brianna Weiss, es importante para comprender la variedad de bacterias que un fago puede infectar, lo que también es clave para determinar su capacidad para tratar infecciones específicas resistentes a los antibióticos. Además, añade que en las próximas fases de su investigación esperan aislar y caracterizar más fagos que pueden infectar bacterias de una variedad de ecosistemas microbianos, con la esperanza de que alguno pudiera usarse para tratar infecciones bacterianas resistentes a los antibióticos.

No las dejes crecer demasiado

Que el estropajo de la cocina haya ofrecido a estos estudiantes una herramienta magnífica para la búsqueda de nuevas estrategias contra las superbacterias no quiere decir que debamos guardar el nuestro como arma.

De hecho, la recomendación es cambiarlo regularmente; pues, como bien explica el catedrático de microbiología de la Universidad de Navarra Ignacio López-Goñi en una entrada de su blog microBIO, ni lavarlos con agua hirviendo ni introducirlos en el microondas sirve para desinfectarlos totalmente. En cuanto a la regularidad, se aconseja cambiarlo cada una o dos semanas aproximadamente.