– May 15, 2019, 14:00 (CET)

Zoológicos, reservas y otros demonios

Si bien algunos zoológicos merecen la mala reputación que poseen por atentar contra los derechos de los animales que viven en ellos, los expertos consideran que a día de hoy algunos de estos centros son más que necesarios.

La aparición en los últimos tiempos de nuevos partidos políticos como VOX o PACMA, está reabriendo un debate que nunca estuvo cerrado del todo, sobre los derechos de los animales en diferentes contextos. Los primeros defienden a capa y espada actividades como la tauromaquia o la caza, mientras que los segundos condenan tantos estas ocupaciones como cualquier otra que ponga en peligro la integridad y los derechos de los animales.

En el centro de esta discusión suelen estar también los zoológicos, sin duda uno de los temas más controvertidos, ya que históricamente han estado envueltos en una mala reputación, que muchos centros actuales ya no se merecen. ¿Pero significa entonces que son beneficiosos para los animales? La respuesta es compleja, por lo que para llegar hasta ella en Hipertextual nos hemos puesto en contacto con el veterinario, divulgador científico y cuidador de primates Eugenio Fernández, quien puede hablar de primera mano del tema, por haber trabajado en diversos santuarios de fauna, centros de rescate y parques zoológicos.

¿Zoológico, reserva o santuario?

A menudo estos tres términos se entrelazan entre sí, dificultando la tarea de diferenciar entre unos y otros. ¿Pero hay realmente una clasificación clara que permita saber cuál es cuál? Lo cierto es que pueden encontrarse centros similares bajo el mismo nombre, por lo que es importante tener en cuenta las regulaciones de cada país.
“En España, todo centro con fauna silvestre debe declararse como núcleo zoológico a nivel legal, y pasa a ser parque zoológico regulado por la ley de parques en caso de recibir visitas”, explica Fernández. “A partir de ahí, puedes nombrar al centro de muchas maneras, por lo que define más al centro su actividad que su nombre”.

Teniendo esto en cuenta, sí que hay unas características más o menos concretas que se corresponden con cada término.” En teoría, los santuarios limitan sus visitas, ya que sabemos que estas pueden generar impactos negativos en los animales, además de permitir una educación ambiental más efectiva gracias a ello”. Por desgracia, según cuenta el veterinario, esto puede limitar su potencial, al reducir los recursos que poseen para dedicar a los animales. No olvidemos que en muchas ocasiones parte de la entrada que pagamos para acceder al centro va destinada precisamente al cuidado y la conservación de las especies que albergan. Por otro lado, normalmente los santuarios suelen ser centros que no reproducen animales, ya que el espacio que ocupan sus crías lo pueden ocupar otros animales incautados. Hasta aquí todo está bien. El problema es que estos centros están rodeados de un vacío legal que puede inducir a la introducción de prácticas incorrectas con los animales que viven allí. “Estos centros no tienen una figura legal como tal, y únicamente algunos están unificados en organizaciones de santuarios como GFAS o EARS, por lo que podrías no hacer nada de esto y autoproclamarte santuario”, lamenta el cuidador de primates. “Esto es un problema, ya que algunos de los peores centros que hay en todo el mundo se autodenominan santuarios, y aquellos que sí son reales, al no tener reconocimiento legal, carecen de financiación”.

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Otro término, menos comentado pero igualmente interesante, es el de centro de rescate. “Normalmente existen este tipo de centros a nivel público para rescatar fauna autóctona, pero hay zoos que albergan animales incautados y también son declarados centros de rescate por convenios como CITES”. Esto es muy importante, pero merece también una puntualización. “Esto no garantiza el bienestar de los animales, muchos centros que acogen fauna incautada realizan actividades que perjudican el rescate y rehabilitación, por lo que de nuevo debemos ver el caso concreto”.

Finalmente, el experto entrevistado por este medio añade que el término reserva es más ambiguo, por lo que también puede aprovecharse para enmascarar el trabajo de centros que no velan correctamente por los animales. “Aunque seas el más horrible de los zoos, puedes llamar a tu parque reserva”, concreta. “A lo que voy es a que el nombre del centro importa poco, por desgracia, lo que importa es su actividad”.

Paula Borowska

Mala reputación que viene de lejos

Los zoológicos han cambiado mucho en las últimas décadas. “Nacieron como casas de fieras, donde animales capturados de sus hábitats eran exhibidos sin cumplir sus requerimientos básicos, una especie de oda al colonialismo europeo que poco tiene que ver con lo que nos encontramos hoy”. Esto es algo que Eugenio Fernández compara con cualquier otra empresa. ”Son en su mayoría empresas y las hay buenas y malas, pero creo que a pocos negocios privados se les exige un compromiso con la naturaleza como el que deben tener los parques zoológicos”.

Uno de los factores que más han cambiado desde los orígenes de los zoológicos, al menos en Europa, es el origen de los animales que viven en ellos. En el pasado sí que se capturaban directamente de la naturaleza, mientras que en la actualidad son animales que han nacido en cautividad o, como mucho, especies incautadas de personas que las habían adquirido de forma ilegal. El caso de estos últimos es especialmente importante, según narra el veterinario y divulgador científico. “Con el grave problema que tenemos actualmente en Europa, son miles los animales decomisados en lista de espera que viven en condiciones espantosas y en muchas ocasiones se quedan olvidados con el infractor por falta de espacio, ya que los centros especializados en rehabilitar y acoger animales exóticos están colapsados”.

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Por lo tanto, si bien los animales que nacen en los zoológicos son descendientes de los que un día fueron capturados, en la actualidad los únicos que provienen de un entorno silvestre son precisamente los decomisados. A pesar de todo, en otras zonas del mundo, como Asia, sí que se siguen capturando animales para exponerlos en zoológicos. “Esto es algo muy preocupante contra lo que se tiene que luchar”.

Luces y sombras de los zoológicos

Una vez que queda claro cómo ha evolucionado el funcionamiento de los zoológicos en Europa y de dónde proceden los animales que albergan, la pregunta del inicio sigue sin responder. ¿Aportan realmente beneficios a estos animales?

“Mientras un zoológico pueda proporcionar una calidad de vida buena a los animales que alberga, lo cierto es que son muchos sus beneficios para la sociedad”, aclara Fernández. ”En primer lugar, es un impulso para la educación ambiental difícil de igualar, pero también poseen un gran potencial investigador y conservacionista. Son varias las especies que han tenido a los parques zoológicos modernos como uno de sus principales apoyos, tanto de forma económica como de manera directa: especies como el tití león dorado, el bisonte europeo o el hurón de patas negras han tenido la suerte de que hubiera programas de cría en cautividad en zoológicos”.

Esto es algo que también ocurre en España, donde animales como el lince ibérico, el visón europeo o la gacela dorca están volviendo a sus hábitats gracias a la participación directa de zoológicos.

Obviamente, no debemos olvidar que esto es gracias a la financiación de estos centros, pero también a programas de conservación e instituciones conservacionistas ajenas a los mismos. A ello, añadimos que en muchos de ellos se llevan a cabo investigaciones que tienen consecuencias positivas tanto para el bienestar de la fauna cautiva como para la conservación de la fauna silvestre.

Sin embargo, que existan todas estas ventajas no impide que también puedan darse ciertos problemas, algunos más generales y otros puntuales, en ciertos centros concretos. En este punto el especialista vuelve a incidir en el hecho de que la mayoría de zoológicos son empresas privadas y, como tales, pueden cometer errores. “Cuando hablamos de instituciones privadas existen diariamente decisiones presupuestarias que pueden no priorizar a los animales, pero esto es algo que ocurre en toda empresa de carácter privado: la forma de financiación de los zoos les hace susceptibles a que su carácter conservacionista se vea superado por la codicia”.

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Es por esto que no se debe generalizar y asegurar que zoológicos, reservas y santuarios sean centros buenos o malos para los animales, pues cada uno puede ser radicalmente diferente a los demás y, por lo tanto, deben ser considerados individualmente. “Necesitamos legislación más fuerte y seguramente el cierre planificado de muchos centros, pero siempre garantizando alternativas para los animales que albergan”.

Robert Katzsky

Entonces, ¿a qué zoo voy?

Podemos estar concienciados con el bienestar de los animales y la conservación de las especies y a su vez desear verlos de primera mano, más allá de las fotos y los documentales. En ese caso, no está de más saber cómo elegir un buen centro que visitar, ya sea en soledad o con familiares o amigos. Ante esta pregunta, Eugenio Fernández lo tiene claro: “Un zoológico debe basarse siempre en ciencia. La única forma de comprender lo que necesita un animal salvaje es entender su conducta y biología”.

Por lo tanto, son los centros que llevan la ciencia por bandera, pero también la ponen en práctica, aquellos que merecen seguir existiendo y recibir las visitas necesarias para subsistir. Ahora bien, ¿cuáles son esas prácticas respaldas por la ciencia? “Por ejemplo, tenemos datos que respaldan que las interacciones con animales salvajes como los felinos o los primates entrañan riesgos innecesarios, pero además fomentan su mascotismo y reducen nuestra recepción sobre el grado de amenaza de estas especies, por lo que creo que aquellos zoológicos que aspiran a ser instituciones conservacionistas en lugar de parques de atracciones deben reducir drásticamente estas actividades. Nos llenamos la boca hablando de zoo moderno y lo cierto es que hay muchos centros que promueven los valores contrarios a los que abogamos con esta expresión”.

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Uno de estos zoos que dejan a un lado los conocimientos científicos podría ser el centro de Carolina del Sur que recientemente fue noticia por publicar el vídeo de un chimpancé navegando con gran destreza por las fotos de un feed de Instagram. Las imágenes se hicieron rápidamente virales, por la simpatía del animal, pero poco después varios expertos, entre ellos la mismísima Jane Goodall, escribieron en redes sociales comunicados en los que explicaban que lo que se veía en el vídeo demostraba que el animal debía haber sido sometido a un duro entrenamiento para conseguir hacer algo que no es natural para él. Esto sí que es innecesario y perjudicial y mancha el nombre de los lugares destinados únicamente a la conservación de las especies y la educación ambiental, ambas dos cuestiones muy necesarias en nuestros días.

En definitiva, los zoológicos pueden ser buenos o malos, según el objetivo con el que se construyan y la gestión que se haga de ellos. No se pueden catalogar solo a un lado u otro, sino estudiarlos individualmente, regularlos y castigar a los que no existan para el beneficio de las especies que albergan. “El pasado, presente y futuro de los zoológicos es un tema apasionante y complejo que debe siempre ir acompañado de respaldo científico y consenso social. Los animales salvajes no merecen ser reducidos a un viral, una foto sacada de contexto o una frase de marketing, y mucho menos se debe hablar en su nombre sin comprenderlos.”