El dead line estaba puesto para hoy, 12 de abril. Desde que el Ayuntamiento de Madrid, liderado por Manuela Carmena, publicase el reparto de los permisos para operar con patinetes en la capital quedaba una duda en el aire. De las 18 concesiones otorgadas más tres entregadas en el descuento, la mayor parte de ellas carecía de un desarrollo de negocio previo en Madrid. ¿Por qué entonces entregarles todas esas licencias sin testeo? Esa es la pregunta del millón.

Igualmente, desde el 12 de febrero, se han sucedido las reapariciones de estos modelos de dos ruedas a lo largo y ancho de la ciudad. Recordemos que, al contrario de lo que ocurría con la situación de 2018, la nueva regulación de Carmena ha buscado distribuir esta actividad por todos los barrios de la capital. Lime fue la primera en entrar y, poco a poco, en cuentagotas debían empezar con el 80% de su negocio antes de la fecha límite; de lo contrario, Carmena amenazaba con la retirada de permisos. De hecho, Jump Uber, que no había estrenado su actividad en ningún país europeo se vio en la obligación de iniciar operaciones en Madrid.

Una de las grandes dudas sobre la controvertida repartición de vehículos era la de la presencia de SJV Consulting. De la noche a la mañana, esta compañía se hacía con la mayor parte de las licencias –1.315 concretamente–; detrás de ella, según adelantaba El Confidencial, el empresario inmobiliario Santiago Vega Seaone. Su idea: vender todos sus permisos al mejor postor. El problema: el Ayuntamiento, en un intento de evitar la especulación, impedía repartir licencias únicas. O todo el paquete de permisos o ninguno. Se ha sabido de los intentos de Seaoane de vender la compañía a todas las tecnológicas de patinetes, pero sin éxito. El elevado precio de salida hacía poco rentable el negocio.

Pero, finalmente, han encontrado "un amigo" en el sector bajo la forma de la agregación. Este amigo es Movo, la marca de patinetes y motos eléctricas controlada por Cabify. Compañía que, de hecho, acaba de anunciar una ronda de financiación de 22 millones de euros cortesía de Mutua Madrileña y Seaya Ventures, para crecer de forma explosiva.

De esta manera, Movo mantiene su señalética en sus modelos y SJV, bajo la marca Wheels, la suya. Pero todos, se agregan a la plataforma controlada por Cabify. Esto viene a significar que Movo, teniendo solo 125 patinetes en cartera tras el reparto inicial, pasa a tener 1.440. Localizados, en su mayoría, en el barrio de Vallecas, Vicálvaro y, quizá el más interesante de todos, zona Universitaria.

Se mantiene la dispersión por todos los barrios del centro de la capital, pero añaden un punto esencial al caos de los patinetes: más densidad. Suman unidades en casi todas las zonas de la ciudad, lo que hace más interesante el uso de la aplicación por las mayores opciones de encontrar disponibilidad. Si a esto le sumamos las casi 500 motos eléctricas que gestiona la compañía, se puede decir que Movo es, ahora mismo, una de las plataformas de movilidad urbana más potentes de Madrid. Una decisión inteligente que luchado contra una de las mayores críticas a la decisión salomónica de Manuela Carmena. Fuentes cercanas al sector apuntaban a que esa situación se ha hecho para "no enfadar" a ninguna de las partes, pero que no se ha hecho pensando en los usuarios. ¿21 aplicaciones de patinetes para moverse por Madrid? Es, desde todo punto, insostenible. Añadido al hecho de que algunas compañías tienen un solo patinete por barrio. Las fronteras que se abren son dos: caos en las apps o dejar de usar patinetes.

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