Desde Armageddon hasta las películas de sábado por la tarde, el posible choque catastrófico de un asteroide contra la Tierra es un argumento más que trillado en el cine, unas veces con mejor resultado que otras. Suelen ser historias protagonizadas por intrépidos científicos que dedican todas sus fuerzas, y a veces hasta su vida, a evitar un impacto que podría ser letal para el planeta. ¿Pero qué parte de verdad hay en todo esto?

Licencias cinematográficas aparte, es cierto que muchos científicos dirigen su trabajo a predecir el choque de estos cuerpos celestes, así como a tratar de desviarlos en caso de que se acerquen demasiado. Pero no es una tarea sencilla. Para que se pueda actuar a tiempo, es necesario detectarlos cuando aún están lejos y muy pequeños a la vista, pero eso no es lo peor, pues en muchas ocasiones se ven de un color negro oscuro, que se confunde con la oscuridad del espacio. En definitiva, es muy fácil que pasen desapercibidos hasta que ya estén encima de nosotros. Por eso, investigadores del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA y Caltech, dirigidos por la astrofísica Amy Mainzer, han desarrollado una técnica basada en un espectro de luz diferente.

Cuando la película se hace realidad

Mainzer y su equipo han presentado su propuesta esta semana, en la reunión de abril de la American Physical Society.

Su objetivo es detectar pequeños objetos cercanos a la Tierra (NEO por sus siglas en inglés) con ayuda de un telescopio de exploración de objetos cercanos a la Tierra por infrarrojos de campo amplio (NEOWISE por sus siglas en inglés). De este modo, en vez de basar la detección en la luz visible, lo hacen en el brillo que emiten los asteroides y cometas al ser calentados por el Sol.

Gracias a este telescopio en 2018 ya se detectaron diez rocas espaciales potencialmente peligrosas para la Tierra, una de las cuales podría impactar en septiembre de 2019, aunque con una probabilidad de 1 entre 11.428.

A través de este tipo de técnicas es posible determinar también el tamaño del NEO, algo que resulta esencial para calcular la energía con la que habría que empujarlos en caso de ser necesario alejarlos de nuestro planeta.

Por otro lado, para diseñar buenas estrategias de desvío, es importante conocer la composición de estos objetos. Se puede obtener parte de esta información a través de NEOWISE, pero se obtienen datos más concretos con misiones como la japonesa Hayabusa-2, que el pasado mes de febrero logró posarse sobre el asteroide Ryugu, en el que permanecerá recogiendo muestras hasta 2020. Por otro lado, la NASA también ha emprendido su propio viaje hacia un asteroide, en este caso el calificado como potencialmente peligroso Bennu, que desde diciembre de 2018 está siendo sobrevolado por la sonda OSIRIS-REx, con el fin de extraer información sobre su superficie, antes de la recogida de muestras, que tendrá lugar también en 2020.

En definitiva, de momento las probabilidades de que un asteroide choque catastróficamente contra la Tierra no son nulas, pero sí extremadamente bajas. Sin embargo, es importante no perderlos de vista y por eso es tan necesario el trabajo de estos héroes, incluso más interesantes y valientes que los salidos de las películas de ciencia ficción.