Tener un hijo conlleva muchos cambios en la vida de una persona, empezando por sus horas de sueño y terminando por el interior de su casa. No solo se hace más complicado dedicar tiempo al orden y el feng shui, sino que se convierte en una necesidad que cada estancia sea a prueba de niños, algo para lo que no basta con colocar una puertecita en las escaleras.

Muchísimos objetos de uso cotidiano, algunos incluso específicos para usuarios infantiles, pueden conllevar un gran peligro para ellos si no se siguen unas pautas muy importantes. Por eso, el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad del gobierno de España acaba de compartir la Guía de seguridad de productos infantiles, redactada y emitida por la Alianza Europea para la Seguridad Infantil. En ella se analizan un total de veintiséis productos que podrían resultar perjudiciales para los más pequeños de la casa. Algunos son bastante obvios, como los fuegos artificiales. Otros, en cambio, se suelen utilizar con tranquilidad, pensando que no pueden convertirse en peligro de ningún modo. Estos son algunos ejemplos.

Chupetes y sonajeros

Ambos son objetos fabricados exclusivamente para el uso de los niños. Por eso parece imposible que puedan causarles cualquier perjuicio. Sin embargo, incluso en estos casos es necesario prestar atención a ciertos factores. De hecho, según la European Injury Database (IDB), en todos los estados miembros de la Unión Europea se dan cada año entre los niños de 0 a 4 años, unos 44 casos de lesiones causadas por chupetes y 850 con sonajero, todas ellas con la gravedad suficiente como para requerir una visita a urgencias.

En el caso de los chupetes, el mayor peligro que suponen, tanto uno como otro, es la posibilidad de asfixia, provocada en muchas ocasiones por la cadena que se suele utilizar para sujetarlos. Esta pueda quedar enganchada a los barrotes de la cuna o al pomo de una puerta, rodeando o apretando el cuello del niño, a veces con fatales resultados. Por otro lado, tanto estos como los sonajeros pueden provocar atragantamientos si son tan pequeños como para que el niño se los introduzca en la boca y los trague.

Entonces, ¿qué debemos hacer para evitar estos accidentes? Para empezar, es importante comprobar que los chupetes se ajustan a la norma europea EN 1400:2002 y los sonajeros a la EN 71-1:2011. Por otro lado, en caso de utilizar algún tipo de broche para sujetarlos, este debe cumplir la EN 12586:2011.

De cualquier modo, incluso si cumplen la normativa, se deben seguir una serie de medidas de precaución. La primera de ellas consiste en comprobar que el objeto no consta de varias piezas que se puedan separar, ya que aumentarían las posibilidades de atragantamiento. Además, en el caso de los chupetes es importante que sean suficientemente sólidos, para que al morderlos no se dividan en trozos de menor tamaño. Igualmente, si con el paso del tiempo se observa que su aspecto cambia, es importante cambiarlo, pues eso puede ser una señal de deterioro, del mismo modo que si el niño tiende a morder el chupete, es mejor cambiarlo por un anillo mordedor.
Por otro lado, es importante no utilizar cadenas ni cuerdas que se puedan enredar en el cuello del bebé, así como retirar cualquier sonajero o juguete pequeño de la cuna mientras el bebé duerme.

Finalmente, en el caso de los sonajeros se recomienda comprobar que no hacen un ruido excesivo, ya que podrían dañar el oído de los niños.

Pijamas infantiles

Por difícil que parezca, el principal problema que suponen los pijamas, y la ropa infantil en general, es su inflamabilidad. De hecho, solo en Reino Unidos se producen anualmente unas 750 lesiones ocasionadas por accidentes en los que alguna prenda sale ardiendo. Lógicamente, este es un problema que puede afectar tanto a adultos como a niños, pero estos últimos son mucho más propensos, ya que es más fácil que queden bloqueados por el pánico y no huyan ante la presencia de fuego. Por eso, es importante tener en cuenta unos cuantos consejos.
Para empezar, cualquier prenda debe seguir las normas EN 1103: 2005 y EN 14878: 2007, ambas relacionadas con la inflamabilidad textil.

Igualmente, se debe comprobar que están elaboradas o recubiertas con materiales ignífugos. Además, es importante que sea ropa ceñida, ya que es más fácil que una llama alcance el tejido si este no está pegado al cuerpo.

De todos modos, no solo el fuego puede ocasionar accidentes. También puede darse estrangulamiento con lazos y cordones unidos a la ropa o atragantamientos con botones que puedan descoserse de ella. Por eso es importante evitar pijamas y prendas que contengan estos elementos.

Puertas y barreras de seguridad

Este es uno de los casos más paradójicos, ya que se trata de un elemento que se coloca en casa para evitar accidentes, pero si no se hace adecuadamente puede generar otro tipo de peligros.

En primer lugar, es importante tener cuidado con lo vintage. Esto es la típica barandilla “de acordeón” que se utilizaba antiguamente, con una apertura en forma de v en la parte superior y barrotes en forma de rombo entre los listones. Afortunadamente, este tipo de puertas ya no están en el mercado, pero pueden encontrarse aún en tiendas de segunda mano o de regalos. El problema que ocasionan es que pueden provocar estrangulamientos si el niño mete la cabeza por los huecos.

Como en el resto de casos, también hay una normativa que debe cumplir cualquier barrera de seguridad para niños, en este caso la EN 1930: 2011. Si está correctamente homologada se disminuye mucho el peligro, pero no del todo, pues se pueden generar también problemas fruto de una mala colocación. Por ejemplo, si la puerta no está fija en el suelo, sino que deja un pequeño hueco por debajo, el infante puede intentar meter la cabeza y quedar atrapado, igual que con las barandillas de acordeón.

También es importante evitar las barreras a presión en la parte superior de las escaleras. Estas son las que funcionan a través de una barra de presión que se expande, en vez de ir atornilladas a la pared. En estos casos es más fácil que cedan a los empujones del niño, por lo que podrían originarse caídas.

En cuanto a la distancia entre barrotes, esta no debe ser superior a los 6’5 centímetros. Esta es una precaución que se debe tomar en otros objetos que puedan llevar listones, como las cunas.

Finalmente, este tipo de barreras deben dejar de usarse una vez que el niño supere los 24 meses, ya que en ese momento tendrán destreza suficiente para escalarla y podrían ocasionarse accidentes más graves.

Andadores

Los andadores, también conocidos como taca taca, son un objeto muy preciado por los niños que empiezan a andar, ya que les aporta la estabilidad que necesitan para desplazarse sin gatear. Sin embargo, que se trate de un artículo para uso exclusivo de niños no significa que todos sean seguros para ellos, ni que no haya que seguir medidas de precuación.

En este caso, la European Injury Database (IDB) apunta a 580 lesiones anuales ocasionadas en niños de entre 0 y 4 años por este motivo. ¿Pero cómo ocurre exactamente?

Es importante tener en cuenta que la velocidad de un niño, así como la altura que pueden alcanzar, aumenta cuando están a bordo de uno de estos juguetes. Esto hace necesario comenzar a prestar atención a la altura a la que se dejan objetos cortantes o cualquier sustancia con la que puedan quemarse o intoxicarse.
Además, a veces les resulta complicado frenar a tiempo, por lo que a menudo van ligados a caídas por las escaleras. ¿Qué podemos hacer entonces?

Para empezar, al comprar un andador es necesario comprobar que cumple la norma europea EN 1273: 2005. También se debe prestar atención a las medidas, tanto a la altura, como al ancho, para que no quepa por las puertas de la casa, de modo que el niño no pueda desplazarse de una habitación a otra y sea más fácil controlarlo.

Por otro lado, hay que verificar que cuenta con métodos de agarre que permitan al cuidador sujetarlo rápidamente en caso de peligro.

Finalmente, es muy importante cuidar que no se dejen a su altura elementos peligrosos, del mismo modo que si fuese andando por sí mismo.

Bisutería infantil y cordones

Aunque cada vez es menos frecuente, muchos padres hacen los agujeros de las orejas a sus hijas casi nada más llegar a casa después de su nacimiento.

Este es un grave error, no solo por las connotaciones sexistas que conlleva diferenciar a las niñas de los niños a través de dos agujeros en sus pequeñas orejitas, sino por el peligro que supone que el bebé pueda meterse en la boca uno de sus pendientes y atragantarse con él.

Ocurre lo mismo con el resto de joyas para niños, desde pulseritas hasta colgantes y, por supuesto, los famosos collares de ámbar que algunas personas utilizan para aliviar el dolor de la salida de los dientes de los bebés. Ni qué decir tiene que esto último no tiene ningún fundamento y que, por supuesto, no funciona. Pero la cosa va mucho más lejos, pues puede enrollarse en el cuello de los niños y matarlos por ahogamiento. De hecho, ya se han dado algunas tristes muertes por este motivo.

De un modo similar, también se puede originar ahogamientos y accidentes similares con los cordones de la ropa. En ambos casos no hay normativa que valga. No se debe comprar a los niños menores de siete años ningún collar ni ropa con cordeles. A partir de esa edad, se recomienda que los lazos de capuchas o situados en zonas cercanas al cuello no tengan más de siete centímetros y medio de longitud, para evitar accidentes ocasionados cuando estos se quedan enganchados.

En cuanto a las piezas pequeñas de bisutería, tampoco deben usarse en niños muy pequeños, ya que en caso de ingestión accidental pueden ocasionar ahogamientos.

Es cierto que a veces creemos que tenemos mil ojos con los niños, pero basta con un momento de despiste para que se pueda generar un trágico accidente. Por eso, lo mejor es eliminar los peligros de su alrededor. Los niños estarán más seguros y los adultos mucho más tranquilos.

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