Muchos de los defensores de las pseudoterapias argumentan como apoyo a su postura que la homeopatía y el resto de técnicas empleadas no suponen ningún peligro para el paciente. Como mucho, podría ser que tampoco aporten beneficios, pero si así se consigue que la persona en cuestión se sienta bien a causa del efecto placebo, ¿qué más da?

Esto podría comprenderse, si fuese totalmente cierto, pero la realidad es que las terapias alternativas sí que pueden causar perjuicios a niveles muy diferentes. Por un lado, está el hecho de que muchas personas dejen sus tratamientos convencionales, a cambio de estas terapias, que les prometen resultados más seguros y a un plazo más corto. Buen ejemplo de ello es el de muchísimas personas que dejan la quimioterapia, a cambio de la homeopatía y otros métodos diseñados para “eliminar las toxinas” de su cuerpo. Pero incluso si se mantienen las terapias convencionales también pueden ser peligrosos. Algunas técnicas, como la acupuntura, pueden ser mortales si las agujas pinchan donde no deben, e incluso otras técnicas aparentemente inocentes, como la quiropraxia, han estado detrás de más de una muerte irresponsable. La torsión del cuello, por ejemplo, podría generar coágulos, que una vez en el cerebro se vuelven mortales. O incluso algo tan simple como la necesidad de someter al paciente a un gran número de radiografías, también puede ser muy perjudicial a largo plazo, especialmente cuando se realizan en niños.

Por todo esto, la Asociación para Proteger al Enfermo de las Terapias Pseudicentíficas (APETP), acaba de publicar su primer informe sobre fallecidos a causa de las pseudoterapias en España. En él, se establece una cifra situada entre las 1.210 y las 1.460 muertes anuales.

Peligro camuflado

Al inicio del documento, sus autores establecen que las más de mil muertes que provocan al año las pseudoterapias no quedan reflejadas como tal ni en estudios oficiales ni en estadísticas de ningún tipo, por lo que se hace más complicado que pueda someterse a un control por parte de las autoridades competentes.

Sí que hay estudios científicos que han analizado los efectos aislados de técnicas concretas, como la homeopatía. Concretamente, uno de estos trabajos, publicado en 2012, analiza un total de 1.159 casos, de los cuáles muchos provocaron problemas de salud graves a los pacientes, e incluso 4 terminaron con su muerte.
Se cita por ejemplo el caso de un niño de 5 años, que en 2001 sufrió una enfermedad conocida como síndrome del babuino, a causa del tratamiento de una reacción alérgica cutánea con un producto homeopático que contenía mercurio. También tuvo que ser ingresada de urgencia en 2009 una mujer a causa de la intoxicación por queroseno que le había generado el compuesto homeopático Petroleum D5. Incluso un hombre falleció en Badajoz en 2004 tras el consumo de dos preparados de homeopatía: Nux vomita y Rhus toxicodendron.

Los niños, un grupo especialmente desprotegido

En el informe de la APETP se hace una mención especial a los niños y bebés, especialmente desprotegidos frente a los peligros de las pseudoterapias, tanto en España como en otros países del mundo. Se citan varios ejemplos, como el del bebé que murió en Honduras a causa de los daños cerebrales provocados por una pseudoterapia o el niño de siete años fallecido en Canadá cuando se intentó curarle una infección tratable con penicilina a través de homeopatía.

Y es que, si bien la mayoría de profesionales sanitarios están más que convencidos de los perjuicios de estas terapias pseudocientíficas, todavía se dan muchos casos de pediatras que, por no recetar opciones muy agresivas, terminan indicando el consumo de homeopatía para tratar afecciones en niños pequeños. En el caso de un catarro, que normalmente se cura solo, puede no suponer mucho daño, más allá del bolsillo de los padres que deben comprar el producto en cuestión. Sin embargo, en muchas ocasiones estos “fármacos” contienen excipientes que no debería consumir un menor, como el etanol. Además, suponen un consumo innecesario de azúcar, tanto para ellos como para los adultos.

Dos tipos de mortalidad

A la hora de cuantificar los fallecimientos provocados por pseudoterapias, se distinguen dos grupos diferentes: la mortalidad por pérdida de oportunidad terapéutica y abandono de terapias y la mortalidad por daños directos al paciente.

En el primer grupo figuran las personas que, bien nunca llegan a recurrir a los tratamientos convencionales o bien lo hacen demasiado tarde. Esto es especialmente grave en el caso del cáncer, pues muchas personas abandonan la quimioterapia a causa de las falsas esperanzas creadas por curanderos y pseudoterapeutas. Algunos terminan volviendo, pero para entonces puede ser ya demasiado tarde. Este sería por ejemplo el caso de la mujer que falleció el pasado verano en Girona a causa de un cáncer de mama que evolucionó sin tratamiento. Para cuando decidió acudir al hospital, su pecho ya estaba putrefacto, pero el curandero que la había atendido hasta entonces aseguró que eso era bueno, ya que el cáncer se aireaba.

Según un estudio citado en el informe, las mujeres con cáncer de mama que utilizan pseudoterapias aumentan su riesgo de muerte un 470%, los pacientes de cáncer colorrectal un 360% y los de cáncer de pulmón un 150%. Todo esto, si se tienen en cuenta las encuestas que aseguran que el 1’7% de los españoles recurriría a una pseudoterapia para tratar el cáncer como primera opción, se traduciría en 459 personas con cáncer de mama, 585 con cáncer colorrectal y 487 con cáncer de pulmón que cada año en España se expondrían a los porcentajes antes citados de peligro de muerte. Esto supondría, teniendo en cuenta el incremento notable de las tasas de mortalidad cifrada en 1.531 fallecimientos al año, que 800 de ellos habrían sido evitables y causados por pseudoterapias. Es importante incidir en que esta cantidad solo hace referencia a tres tipos de cáncer, por lo que habría que sumar el resto de tipos y también otras enfermedades cuya ausencia de tratamiento pueda conducir a la muerte.

En cuanto a los daños directos, se tienen en cuenta especialmente los accidentes cerebrovasculares generados por la torsión de cuello ejercida por los quiroprácticos y las muertes provocadas por la acupuntura. Para esto último resulta buen ejemplo de ello el caso de una mujer de Jaén, que tuvo que ser ingresada en la UCI, después de que una aguja le perforara un ventrículo del corazón, o el de una paciente de Alicante, a la que un tratamiento con acupuntura terminó provocándole un neumotórax.

Definitivamente, si se tienen en cuenta todos los cálculos realizados a partir de porcentajes extraídos de diferentes estudios, se puede concluir que en España mueren cada año entre 1.210 y 1.460 personas por culpa de este tipo de tratamientos.

Conocido este escalofriante dato, es importante que las autoridades competentes tomen cartas en el asunto, persiguiendo a aquellos profesionales que puedan poner en peligro la salud de sus pacientes, prescribiendo o realizando cualquier tipo de terapia pseudocientífica. Por supuesto, también es esencial el papel de científicos y divulgadores, que se encargan de concienciar a la población sobre los peligros que supone recurrir a estas técnicas. El problema no es solo su ineficacia, sino el peligro menos conocido que entrañan.

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