El melanoma supone solo un 1% de todos los tipos de cáncer de piel que se dan en humanos. Sin embargo, es el causante de la mayoría de las muertes provocadas por esta enfermedad. Esto se debe principalmente a su facilidad para formar metástasis, extendiéndose a otras partes de cuerpo.

Por eso, buena parte de las terapias diseñadas para el tratamiento de estos tumores se basan en frenar su expansión, a través de diferentes técnicas que se han ido estudiando a lo largo de los últimos años. Este es el caso del procedimiento presentado hoy en un estudio de la revista de la Federación de Sociedades Americanas de Biología Experimental. En él, un equipo de científicos de la Universidad de Tokio exponen cómo manipulando dos moléculas concretas se puede detener la proliferación del melanoma, como si se cortaran unas piernas ficticias y rápidas que han tenido durante años a los científicos corriendo tras de él.

Imagen de Salama et al, publicada originalmente por FASEB Journal. CC-BY-NC

Buscando en el lugar equivocado

En 2016, este mismo equipo de científicos descubrió que si se aumentaban en ratones los niveles de una molécula, llamada activador del plasminógeno de tipo tisular (tPA por sus siglas en inglés) el tumor crecía, extendiéndose con más facilidad. Esto tenía sentido, ya que se trata de un conjunto de proteasas; es decir, proteínas encargadas de cortar a otras proteínas. Se ha observado que en los procesos metastásicos las proteasas cortan las proteínas que forman la matriz que mantiene a las células sanas en su lugar, dejando hueco para la proliferación del tumor. Sin embargo, ninguno de los tratamientos basados en la eliminación de proteasas ha logrado pasar de la fase de ensayo clínico, ya que desembocan en peligrosos efectos secundarios.

Por eso, el nuevo paso de estos investigadores ha sido analizar el papel de otra proteína, conocida como receptor de lipoproteínas de baja densidad (LRP1). Se sabe que la tPA se une a esta otra proteína, que se encuentra en las membranas de las células animales, por lo que no era descabellado que interviniese también en la metástasis. Para comprobarlo, se procedió a “eliminar” esta proteína en ratones de laboratorio y células humanas en cultivo. En ambos casos, el tamaño de los tumores fue mucho menor que en condiciones normales, en las que prolifera rápidamente. Además, los resultados se mantenían incluso si se aumentaban los niveles de proteasas. Estudios anteriores habían vinculado LRP1 con enfermedades crónicas, como la diabetes, la obesidad o el alzhéimer, pero hasta ahora ninguno había dado con esta otra aplicación.

Por otro lado, se sabe que tPA podría estar relacionada con la inmunoterapia, cuyo estudio valió el premio Nobel de Medicina de este año. Lo ha explicado Yousef Salama, uno de los autores del estudio, en un comunicado de prensa : “Bloquear el tPA podría mejorar la acción del sistema inmunológico y potencialmente aumentar la efectividad de los tratamientos de inmunoterapia contra el cáncer”. Será necesaria más investigación para comprobarlo, pero no deja de ser una buena noticia, pues gracias a pasos como este el ser humano está en el buen camino para ganar algún día la carrera al cáncer, sea lo rápido que sea.