Muchos personajes históricos fallecieron sin que ni ellos ni las personas de su entorno supieran los trastornos que padecían, dado el desconocimiento de la época en torno a ellos. Este es el caso de Juana de Arco, cuyas conversaciones con Dios podrían ser resultado de una esquizofrenia paranoide o quizás de algún tipo de epilepsia. De hecho, en la actualidad se han documentado varios casos de pacientes epilépticos que aseguraron haber tenido experiencias religiosas durante uno de sus ataques. También es muy hablado el caso de Albert Einstein, al que algunos psicólogos definen como un prototipo típico de síndrome de Asperger, por rasgos como su obsesión con la ciencia, el amor y el sentido de la justicia y su desinterés por prácticamente el resto de las cosas. Incluso se cree que la particular visión de la tridimensionalidad de algunos pintores podría proceder de algún tipo de trastorno de su sistema visual.

Lógicamente, esto no es algo que ocurriera solo con personas famosas. Sin embargo, el hecho de que hayan pasado a la historia por su trabajo o sus hazañas les envuelve en un halo de misterio que hace que sus admiradores quieran saber todo de ellos. Por eso, no es extraño que uno de los personajes más estudiados en este aspecto sea Ludwig van Beethoven, considerado como uno de los mejores compositores musicales de todos los tiempos. Tan bueno era que los que vivieron en su época le perdonaban su personalidad hosca y taciturna, por estar detrás de grandes obras de arte, como la Novena Sinfonía o el célebre Para Elisa. Entre las enfermedades que padeció es bien conocida su sordera, que convierte en aún más increíbles las obras desarrolladas durante el ocaso de su vida. Sin embargo, la causa que lo condujo a la muerte sigue siendo un misterio a día de hoy, aunque existe una teoría muy fuerte al respecto: la intoxicación por plomo, también conocida como saturnismo.

La verdad oculta en el pelo del genio

El fanatismo a veces convierte hasta las posesiones más ridículas de un personaje famoso en verdaderos artículos de coleccionista, por los que sus ídolos están dispuestos a pagar ingentes cantidades de dinero. Este es el caso de un mechón de pelo procedente de la emblemática cabellera alborotada de Beethoven, que llegó a alcanzar un precio por encima de los 7.000 dólares cuando se subastó, poco antes de ir a parar al Centro de Estudios sobre Beethoven de la Universidad de San José (California), donde pasó a estar expuesto más tarde.

Aparte de ser un claro rasgo de su apariencia física, tanto ese como otros mechones que sus admiradores cortaron de la melena del compositor mientras yacía en su capilla ardiente han servido en la actualidad a investigadores de todo el mundo para analizar las causas de su muerte.

Uno de los primeros estudios al respecto fue el llevado a cabo en el año 1998 por el doctor William J. Walsh en el Laboratorio Nacional de Argonne. En el marco del conocido como Proyecto Beethoven, el investigador analizó seis pelos y un trozo del cráneo del compositor, para finalmente concluir que en los últimos meses de su vida había sufrido una intoxicación por plomo, que posiblemente fue la que le costó la vida. La teoría era bastante plausible por varias razones. Por un lado, porque el carácter arisco, como el de Beethoven, es uno de los síntomas característicos de las personas afectadas por saturnismo, o intoxicación por plomo. Por otro, porque las crónicas de la época apuntan a que buena parte de la dieta del genio de Bonn procedía del pescado del Danubio y el vino con el que se emborrachaba en algunas tabernas de mala muerte de Viena. También se sabe que por aquel entonces el río europeo tenía grandes concentraciones de plomo en sus aguas y que este metal también se utilizaba frecuente para adulterar vinos de mala calidad, por lo que todo cuadraría.

A las conclusiones de Walsh se unieron en 2007 las del médico forense vienés Christian Reiter, quien inspeccionó de nuevo el cabello del compositor en busca de más pistas sobre su muerte, ya que a través del análisis del pelo se podrían detectar las sustancias tóxicas con las que había estado en contacto en sus últimos 400 días de vida. Así, pudo comprobar que se produjo un pico en los niveles de plomo 111 días antes del fallecimiento, coincidiendo con la fecha en la que su médico lo trató por una neumonía. Según los apuntes del propio galeno de Beethoven, recurrió a las sales expectorantes a base de plomo, muy usadas en aquella época para tratar patologías similares. Sin embargo, el tratamiento provocó al paciente una hidropesía, o acumulación de líquido en el vientre, que obligó a drenarlo a través de la realización de cuatro perforaciones en la zona afectada. Una vez retirados estos fluidos, el doctor selló los orificios con un jabón de plomo, también muy utilizado por los médicos del siglo XIX. Todo pudo agravarse porque Beethoven ya padecía una cirrosis hepática que su médico desconocía, de ahí que decidiera aplicar este tratamiento, contraindicado en casos como el suyo. Sin embargo, como bien aseguró en el estudio el propio Reiter, al no disponer de antibióticos y otros conocimientos científicos actuales, el médico del compositor optó por el mejor tratamiento posible para una afección como la suya, a pesar de su toxicidad.

Incluso se ha llegado a analizar la posibilidad de que Beethoven padeciera envenenamiento por plomo a través del análisis de su música. Este es el caso de Vicente Rodilla y Carlos Garcés, ambos profesores de la faculta de veterinaria de la Universidad CEU Cardenal Herrera, quienes en 2008 relacionaron la melancolía y el dramatismo surgido en las últimas obras del músico con los síntomas que debía sentir por un avanzado estado de saturnismo.

Quizás no fuera el plomo

Todos estos estudios fueron contradichos en 2010, cuando un grupo de científicos del Instituto Médico Monte Sinaí de Nueva York analizó algunos trozos de cráneo más grandes que el investigado por William Walsh doce años atrás. En su estudio, concluían que los niveles de plomo, de 12 µg por gramo de masa ósea, no superaban la cantidad considerada como mortal.

Por lo tanto, si bien la intoxicación por plomo es la teoría más potente, las razones de la muerte de Beethoven siguen siendo un misterio en la actualidad y posiblemente lo sean siempre. Lo único que está claro es que en sus 56 años de vida dejó compuestas nueve sinfonías, treinta y dos sonatas para piano, diez sonatas para violín, cinco para violonchelo, dieciséis temas para cuarteto de cuerda, cinco para quinteto y otras muchas obras que casi dos siglos después siguen erizando la piel de quién las escucha. ¿Qué habría pasado si el plomo, el alcohol o la mala vida en general no se hubieran cruzado en su camino? Algo muy grande, sin duda. Inmenso.

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