Es extrañísimo que aquellas personas nacidas a partir de los años ochenta del siglo XX no hayan leído alguna de las historias de terror juvenil publicadas por el estadounidense Robert Lawrence Stine desde 1986, sobre todo las decenas incluidas en la colección Goosebumps, con más de 500 millones de copias despachadas en las librerías del mundo entero. Que a este escritor se le haya considerado “el Stephen King de la literatura para niños”, con la distancia abismal en virtudes e influencia que los separa, sólo puede ser una exageración promocional que tiene más relación con su éxito enorme de ventas que con cualquier otra cosa, un éxito de tal calibre que le permitió crear la mediocre serie de idéntico nombre (1995-1998) basada en sus novelas y que había sido lo que más conocía el público de sus adaptaciones hasta el estreno de los filmes para la gran pantalla.

La Goosebumps del hawaiano Rob Letterman, con libreto de Darren Lemke (Shrek Forever After, Jack, el cazagigantes) según una historia de Scott Alexander y Larry Karaszewski (Ed Wood, The People vs. Larry Flynt), llegó en octubre de 2015 a las salas de cine, y supuso toda una vuelta de tuerca a la concepción de sus adaptaciones por introducir a R. L. Stine como personaje protagonista y dar un significado distinto a su universo literario y a la propia existencia de este; y ahora, tres años después, Sony ha lanzado Goosebumps 2: Haunted Halloween, dirigida por el californiano Ari Sandel, con guion de Rob Lieber (Peter Rabbit) e historia suya y de Lemke y que incide en la misma idea con un obvio alcance menor, tal vez determinado por la diferencia presupuestaria: de los cincuenta y ocho millones de dólares con los que había contado Letterman a los treinta y cinco para Sandel.

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Sony

La verdad es que el primero no había dado pie con bola al elaborar largometrajes de ficción hasta el correcto entretenimiento de Goosebumps, y se había estrellado con las fallidas El espantatiburones, que codirigió en 2004 con Bibo Bergeron (The Road to El Dorado) y Vicky Jenson (Shrek), y Monsters vs. Aliens, que llevó acabo en 2009 con Conrad Vernon (Shrek 2), y ese desastre morrocutudo de 2010 que es Los viajes de Gulliver. En cambio, para el realizador de Haunted Halloween, a pesar de que no hay duda de que había pinchado con la encantadora The DUFF en 2015 y se había mantenido en la cuerda floja con el Día de la Marmota romántico de When We First Met este 2018 para Netflix, su aportación a la franquicia cinematográfica sobre la obra de R. L. Stine no constituye lo más decente de su aún escasa filmografía, sino su filme anterior.

Si Goosebumps nos había resultado una interesante pero discreta propuesta, por su metaliteratura reconcebida y pasada por el filtro del cine comercial, la más limitada continuación reduce sus bondades por el ritmo empeorado, las secuencias de presentación monstruosa menos imaginativas, el cambio del gran Danny Elfman (Edward Scissorhands, The Nightmare Before Christmas) como compositor por Dominic Lewis (The Man in the High Castle) y, muy especialmente, la breve aparición de Jack Black (Dead Man Walking, Alta fidelidad, King Kong) como R. L. Stine esta vez. Que el mayor activo de la franquicia sea este actor se lo debemos a Rob Letterman, pues ya había trabajado con él en El espantatiburones, donde presta su voz a Lenny como en las dos Goosebumps al perverso Slappy, y Los viajes de Gulliver, que protagoniza desaforado.

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De la misma forma, la presencia de Ken Jeong (Community) como el señor Chu en Haunted Halloween se explica porque ya había sido el señor Arthur para Ari Sandel en The DUFF, cuya banda sonora pertenece a Lewis. Y si Jack Black había compartido plano en la primera entrega con Dylan Minnette (Perdidos, Prisoners), Odeya Rush (Lady Bird), Ryan Lee (Super 8), Amy Ryan (The Wire) o Jillian Bell (Workaholics) interpretando a Zack Cooper, Hannah Stine, Champ, Gale Cooper y Lorraine Conyers, en la segunda se ve las caras un ratito con Caleel Harris (Castle Rock) como Sam Carter y de Jeremy Ray Taylor (It), Madison Iseman (Jumanji: Welcome to the Jungle) y Wendi McLendon-Covey (Los Goldberg) en la piel de Sonny, Sarah y Kathy Quinn.

Que se eligiese al muñeco de ventrílocuo con complejo napoleónico como villano principal sigue la lógica de que lo ha sido en hasta nueve novelas de R. L. Stine desde The Night of the Living Dummy (1993), y narrador en las seis publicadas a día de hoy de la colección Goosebumps SlappyWorld (desde 2017), lo que se supone que satisfará mucho tanto a los que leían las novelas como a los que disfrutaran con el crutrerío de la serie de televisión, la cual le dedicó cuatro cuatro capítulos (1x10, 2x24, 2x25 y 3x16). Sería bastante paradójico que a los que siguen o seguían a R. L. Stine no les gustasen las dos adaptaciones cinematográficas de Rob Letterman y Ari Sandel, pues ambas, y mayormente la original, le patean el trasero a la serie en la comparación incluso desde la más justita aceptabilidad.