Los recientes análisis de los Xiaomi Mi A2 y Redmi Note 5 nos dejaron claro que estaban a la altura respecto lo que esperábamos de ellos, es decir, que se convirtieran en los terminales más destacados del año en gama media. Lo que nadie podía pronosticar es la superioridad que ambos mostraron respecto a rivales de más del doble de precio en la comparativa de cámaras de smartphones de gama media. Por lo que cuestan, ambos terminales son casi perfectos, pero la compañía no quiere que alcancen una dimensión superior.

Xiaomi tiene muchísimos terminales entre la gama de entrada y el Xiaomi Mi 8 y el Mi Mix 2S, casi todos ellos fácilmente catalogables en la gama media, con sólo algunos de ellos aportando cierta diferenciación y atractivo respecto al resto (recomendables de por sí), como se percibe con el tamaño o la autonomía en el caso del Mi Max 3. Con tal saturación, Xiaomi se enfrenta a problemas similares a los de Samsung entre el período 2011 y 2015, su época de mayor producción de terminales por año.

La diferencia radica en que el problema para Samsung fue hacer terminales muy caros como el Galaxy Alpha poco competitivos en especificaciones, pues no era superior al flagship de pocos meses antes, ya rebajado en precio, o incluso frente al del año anterior. Incluso a día de hoy, cuando lanzan terminales de gama media-alta como el Galaxy A8 se enfrentan a esos comentarios de "por lo que cuesta en lanzamiento, mejor optar por un Galaxy S7 edge o un Galaxy S8".

El Xiaomi Mi A2 es el mejor gama media que hemos visto en mucho tiempo, pero puede no ser para ti si buscas mucha autonomía, brillo en exteriores o jack de audio.

Para Xiaomi el problema es que en la franja que va de los 179€ a los 350€ (Xiaomi Mi A2 Lite, Redmi Note 5, Mi A2, Mi 8 SE, Mi Max 3) la saturación es máxima, con todos los modelos siendo tremendamente atractivos. Al no diferenciar en precio, si a todos los terminales se les da lo máximo en componentes que el margen permite para su fabricación, prácticamente ningún usuario iría a por los modelos inferiores, porque "por muy poco más" tienes algo bastante superior.

Xiaomi no quiere fabricar el smartphone perfecto, y lo vemos en la no inclusión de USB-C en el Redmi Note 5 y en el Mi A2 Lite y en los sí presentes jack de audio y 4000 mAh de autonomía, así como en la no inclusión de jack y 4000 mAh en el Mi A2, ya que dejarían a los Redmi sin sentido, pues por cámara, velocidad de almacenamiento interno, y sobre todo por procesador, el terminal con Android One es bastante superior por sólo 30€ más (en las versiones de 4+64 GB).

En lugar de enfocarse a los públicos que quieran Android One o MIUI, al final el Redmi Note 5 responde a las demandas de usuarios que desean jack de audio y una autonomía gigantesca, con una pantalla con más brillo y ampliación por microSD, y el Mi A2 a los que desean el mejor rendimiento que un gama media barato puede dar, para juegos o cualquier otro tipo de tarea exigente, y a los que a la vez no importa perder un par de horas de pantalla de autonomía y el jack de audio. A estos usuarios no les habría importado tener un terminal algo más tosco y grueso, pero es Xiaomi la que no quiere dejar sin hueco a su gama media-baja.

Con esta estrategia, frente a lo que ocurre y ocurrió con sus rivales años atrás, Xiaomi no deja ningún terminal sin sentido en, al menos, su contexto de lanzamiento. Lo hace de una forma algo artificial, eso sí. No es necesariamente malo, pues casi todos los usuarios, menos aquellos que lo quieran absolutamente todo en un terminal de gama media (algo poco probable y poco exigible en esta gama), encontrarán su hueco. Además, prescindir de cosas como el jack o el USB-C parece mucho menos grave cuando las cámaras y el rendimiento, los grandes perjudicados entre gamas del resto de fabricantes, exhiben un nivel tan alto.