Un adolescente que reside entre la frontera de Wrexham-Cheshire (Reino Unido) ha sido diagnosticado con viruela bovina, una enfermedad muy frecuente durante el siglo XVIII, pero cuya incidencia ha disminuido de forma drástica —según los especialistas en salud pública de Gales, el último caso se habría producido en la región hace 10-15 años—. El joven ha sufrido unas lesiones en las manos tras alimentar a unos terneros, unas heridas en forma de ampollas llenas de pus que posteriormente se extendieron a sus brazos y pies.

La facultativa que le atendió, Aysha Javed, ha declarado a la BBC que su caso era el primero que veía de viruela bovina en toda su trayectoria profesional. El diagnóstico ha sido dado a conocer en el último encuentro anual de la Sociedad Europea de Dermatología Pediátrica. "Tenemos que informar a otros compañeros sobre los casos poco frecuentes y, si es algo que podría estar surgiendo de nuevo, los expertos de salud pública deben ser alertados", ha explicado Javed.

Por qué la viruela bovina no ha desaparecido

La Asociación de Dermatología de Reino Unido, por su parte, ha agradecido el gesto, asegurando que era muy útil para que los médicos y el público general sean conscientes de que las que podríamos considerar enfermedades históricas podrían estar volviendo a reaparecer. La viruela bovina está producida por un virus, que se transmite por el contacto entre animales afectados y seres humanos —es decir, se trata de una zoonosis—. A diferencia de la viruela humana, esta infección no ha llegado a desaparecer del todo y se han diagnosticado casos puntuales en los últimos años en Europa y algunas zonas de Asia. Hasta la fecha no parece haber habido problemas en la península ibérica o América.

Sin embargo, a pesar del nombre de la patología, el virus se ha aislado en animales como ratones silvestres, gatos y elefantes. Los brotes en ganado bovino son extremadamente raros y, según un estudio, solo ha habido un par de casos en las últimas dos décadas en los que la enfermedad se haya transmitido de las vacas a los humanos. El control de la infección ha sido posible gracias a las modernas técnicas de la ganadería industrial, que han limitado el número de personas que deben ordeñar a mano a los animales.

La viruela bovina tiene una relevancia histórica fundamental en la protección de la salud pública. El británico Edward Jenner observó en 1796 que las mujeres que ordeñaban las vacas adquirían la enfermedad, protegiéndolas frente a la infección de la peligrosa viruela humana. El médico tomó muestras de las pústulas —ocasionadas por la viruela bovina— de una de ellas, Sarah Nelmes, y las inoculó en un niño llamado James Phipps. Unas semanas después, Jenner le administró pústulas de la viruela humana y comprobó cómo el pequeño no se contagiaba de la infección, ya que había desarrollado inmunidad cruzada. Fue la primera vacuna de la historia.

La vacunación masiva permitió erradicar la viruela humana, que desapareció de la faz de la Tierra en 1978, un objetivo que también podría conseguirse en un futuro con otras enfermedades como la poliomielitis. Sin embargo, según algunos estudios, la falta de protección contra la viruela humana —cuya vacuna dejó de administrarse a finales de los setenta— podría explicar que la población fuera más vulnerable al virus bovino. El hecho de que un mayor número de personas adopten de forma más frecuente mascotas silvestres o exóticas también habría podido expandir el rango de hipotéticos hospedadores de este virus, dos factores que podrían correlacionarse con los casos puntuales de viruela bovina que se observan todavía en pleno 2018.