La ciencia en España, el eslabón perdido de la cultura del país. Un concepto que se ha subido al carro del discurso político en las últimas convocatorias, pero que lleva siendo importante para la industria al sur del Pirineos desde hace años. Altamente vapuleada por la crisis económica, a la cola de los intereses financieros de los políticos, el sector ha pedido atención por parte de los presupuestos anuales para llegar a los niveles que el país requiere. Además de salir de la precariedad que caracteriza al mundo de la ciencia en España. La realidad es que, pese al discurso político a favor de la misma, los últimos Presupuestos Generales del Estado han demostrado que, como viene siendo tradición, el aumento de la inversión en I+D no es suficiente para recuperares de los hachazos del pasado.

Pese a todo, y la caída de las inversiones en los centros de investigación, hay algunas cifras que aportan algo de luz a la situación. Especialmente para aquellas que vienen del capital riesgo interesando en el desarrollo de la industria biomédica, concretamente de la de Cataluña. Uno de los hub de emprendimiento más potentes del país, especializado en gran medida en el negocio de la ciencia, se posiciona como el más atractivo en la actualidad. 102 millones de euros en inversión durante 2017 que se explican por la consolidación de las empresas, rondas más grandes y una mayor implicación de fondos internacionales. Según el análisis de CataloniaBio & HealthTech, estas cifras implican un promedio de 3,4 millones de euros por empresas y operación. Todo un proceso que se traduce en contratos para las mismas startups biotecnológicas, muchas de ellas spin-off del mundo universitario: unos 32 contratos de licencia que se traducen en ingresos de unos 13 millones de euros para este año.

Casi duplicando la inversión en compañías biotecnológicas en la región, respecto a las cifras de 2016, es, sin duda el Venture Capital el protagonista del desarrollo. En segundo puesto, la inversión pública con un 18% en el ranking.

¿Pero de dónde vienen esos fondos? En cuanto al origen de los mismos. En este caso, existe un curioso fenómeno que explicaría, entre otras cuestiones, el posicionamiento de Cataluña como uno de los hubs en el sector científico. Un crecimiento de la sección internacional ha sido uno de los motivos de orgullo para la biomedicina. Un dato en consonancia con el resto de los sectores; no hace muchos días que Spotahome anunciaba una rinda de financiación con un partner norteamericano, Kleiner Perkins, invirtiendo por primera vez en España. Lo mismo ocurre con Glovo, OnTruck, Cabify y los grandes del mundo emprendedor en España.

Pero, ¿y ese 76% con origen precisamente en Cataluña? Alta Life Sciences, Caixa Capital Risc, Genesis Ventures, Healthequity, Inveready o Ysios Capital, firmas de gran actividad inversora cuentan, precisamente, con sede en Barcelona. La actividad regional ha sido de gran atractivo histórico para estos financiadores.

Clima político, el lastre de una industria de éxito

El 20 de noviembre, la Unión Europea decidía eliminar a Barcelona como una de las posibles sedes para la Agencia Europea del Medicamento. Localizada hasta la fecha en Londres, la situación generada por el Brexit británico generaba una oportunidad para otras geografías de los países miembros.

Rechazada por una posible independencia respecto a España, la pérdida de la Agencia del Medicamento dejaba atrás una media de 800 empleos especializados y más de 30.000 visitas de expertos en el sector cada año. Además de la creación de un ecosistema biotecnológico a su alrededor capaz de atraer millones de euros en financiación. Es decir, el despegue definitivo de la industria en Barcelona superando las cifras obtenidas de forma orgánica.