La Unión Europea ha decidido la ciudad que albergará la sede de la Agencia Europea del Medicamento, que hasta ahora se localizaba en Londres. Tras el inesperado resultado del referéndum británico a favor del Brexit, la Comisión llevaba meses evaluando las candidaturas para alojar la EMA (por sus siglas en inglés), una de las principales agencias comunitarias, que se trasladará en principio a partir de marzo de 2019.

Ámsterdam finalmente se ha impuesto en la carrera por la Agencia Europea del Medicamento. Durante la ronda final de votaciones, la ciudad holandesa ha ganado a Milán, que partía también entre las candidaturas favoritas después de un intenso trabajo diplomático por parte de las autoridades italianas. Antes, durante la segunda fase de la votación, se había quedado atrás Copenhague, que contaba con una peor valoración técnica para albergar la nueva sede de la EMA. Las propuestas que no superaron la primera ronda de apoyos, pero que habían sonado con fuerza como posibles candidatas, fueron Bratislava y Barcelona, cuya eliminación ha sido relacionada con la fuerte incertidumbre política que sobrevuela Cataluña desde hace meses.

Durante la misma reunión el Consejo de Asuntos Generales, organismo perteneciente al propio Consejo de Europa, también tendrá que decidir el nuevo alojamiento de la Autoridad Bancaria Europea (EBA, por sus siglas en inglés). Fráncfort, que ya era la sede del Banco Central Europeo, parte como favorita, aunque todavía no se han realizado las votaciones.

Qué supone albergar la EMA

La Agencia Europea del Medicamento, que se ubicará en Holanda a partir de 2019, cuenta en la actualidad con 890 empleados, pero recibe anualmente a más de 35.0000 expertos de la industria farmacéutica. Alojar la sede de la EMA no supone solo albergar una de las principales agencias comunitarias, sino también una considerable inyección económica para dar alojamiento tanto a los trabajadores y sus familias como a los especialistas que visitan cada año la entidad, encargada de la autorización y el seguimiento de los fármacos en la UE. En comparación, la Autoridad Bancaria Europea es una institución mucho menor, ya que trabajan en ella aproximadamente 200 personas.

Qué ciudades competían

El Consejo de Europa recibió inicialmente diecinueve propuestas para albergar la nueva sede de la EMA, entre las que destacaban las ofertas de Ámsterdam (Holanda), que finalmente ha resultado ganadora, Milán (Italia), Barcelona (España), Copenhague (Dinamarca) y Bratislava (Eslovaquia). En las últimas horas se han retirado de la carrera Malta y Croacia. La candidatura catalana partía entre las favoritas, según un informe elaborado por KPMG, aunque se consideró inicialmente que el pequeño sector biofarmacéutico y biotecnológico regional frente a otras zonas de Europa y la conectividad podrían ser factores limitantes, en comparación con otras capitales.

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Fuente: Consejo de Europa.

La incierta situación política en Cataluña también ha restado apoyos a la Ciudad Condal, según publicó recientemente el diario Financial Times. Además, nuestro país ya cuenta con diversas agencias comunitarias en su territorio repartidas en diferentes localizaciones geográficas. Por ejemplo, la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea se encuentra en Alicante, Fusion for Energy se sitúa en Barcelona, la Agencia para la Salud y la Seguridad en el Trabajo en Bilbao, el Centro de Satélites de la UE en Madrid y la Agencia de Control de la Pesca en Vigo.

Esta concentración de agencias no beneficiaba a la candidatura barcelonesa; por el contrario, Bratislava esgrimía la falta de instituciones comunitarias en el este para defender su propuesta. La oferta eslovaca era bastante paradójica, ya que aunque el país no dispone de una agencia nacional del medicamento, que sí tiene España, por ejemplo, sus promotores han utilizado la baza de que ninguna agencia comunitaria se sitúa en Europa del este, respaldados por la cercanía de la ciudad tanto a Alemania como a Austria. Italia, por otro lado, ha realizado un importante esfuerzo diplomático en los últimos meses para que Milán se llevara la Agencia Europea del Medicamento, frente a las ofertas de Copenhague —peor parada en los análisis técnicos— y Ámsterdam, que ya cuenta con alguna otra agencia de la UE. A pesar de concentrar otras entidades comunitarias, ha sido la capital holandesa la que al final ha logrado salir vencedora.

Qué ofrecía (y qué no) Barcelona

La oferta lanzada por la Generalitat de Catalunya, el Ayuntamiento de Barcelona y el Ministerio de Sanidad incluía una propuesta técnica completa para que Barcelona albergase la nueva sede, además de contar con el edificio listo para su utilización. La Torre Glòries, también llamada Torre Agbar, al norte de la ciudad, iba a ser el espacio donde la Agencia Europea del Medicamento se ubicaría en caso de que Barcelona hubiera sido elegida. Por otro lado, la capital catalana también ofrecía escuelas para las familias de los empleados de la EMA, buena conectividad con otras regiones europeas, acceso al mercado laboral y al sistema público de sanidad.

Barcelona cuenta además con un relevante sistema académico y de investigación. La región alberga instituciones como la Universitat Pompeu Fabra, la Universitat de Barcelona y la Universitat Autònoma de Barcelona, hospitales de referencia como el Vall d'Hebrón y el Clínic, centros de I+D como el Instituto de Bioingeniería de Cataluña (IBEC), el Centro de Regulación Genómica (CRG), el Instituto de Investigación Biomédica (IRB), el Centro Nacional de Supercomputación o el sincrotrón ALBA, entre otros. El sector biofarmacéutico y biotecnológico cuenta con un cluster propio, agrupado en la entidad Biocat, que dinamiza sus actividades. A pesar de estos puntos positivos de la candidatura, Barcelona finalmente no será la sede de la EMA, una elección en la que probablemente ha pesado mucho los recientes acontecimientos políticos sucedidos en Cataluña.

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Alex Rud (Flickr)

Cómo se ha elegido la sede de la EMA

El sistema de votación para decir la próxima ubicación de la EMA y de la EBA ha sido comparado con Eurovisión, ya que tal y como está diseñado se favorecen las alianzas regionales y políticas a la hora de tomar decisiones, y no tanto los criterios puramente técnicos. El voto en las tres rondas es secreto, por lo que el resultado —muy a pesar de las quinielas— es impredecible hasta el último momento. Los veintisiete miembros de la Unión Europea, con la excepción de Reino Unido, han participado en la elección. Durante la primera ronda, cada país podía otorgar uno, dos o tres puntos a sus candidatas según el orden de preferencia de cada Estado. En el hipotético caso de que una candidatura obtuviera tres puntos de más de la mitad de los votantes (14 países), automáticamente saldría elegida como nueva sede.

Este escenario finalmente no ha sucedido, por lo que las tres candidaturas más apoyadas (Milán, Ámsterdam y Copenhague) han pasado a la segunda ronda, donde los diferentes miembros solo pueden otorgar un punto a su opción preferida. Si alguna de las candidaturas hubiera cosechado catorce votos, también habría resultado seleccionada para albergar la sede de la agencia. De nuevo esto no ha ocurrido, por lo que las dos propuestas más apoyadas, Milán y Ámsterdam, han llegado a la fase final. Durante la última ronda de votación ha habido un empate técnico, una situación que solo ha sido posible si alguno de los países se abstenía, al haber un número impar de posibles votantes en total. De ahí que la elección se haya determinado por sorteo, un juego de azar que ha decantado qué candidatura se llevaba una agencia comunitaria que cuenta con un presupuesto anual de 340 millones de euros.