La larga secuencia inicial del episodio “Virtù e fortuna” (2x03) de Westworld, que ocupa casi un quinto del metraje obra del veterano Richard J. Lewis (Las aventuras de Superboy,CSI: Las Vegas, Person of Interest), que ya había dirigido “Chesnut” (1x02) y “Journey into Night” (2x01), sirve para presentarnos tanto a la intrépida Grace (Katja Herbers) como la zona del parque en el que Delos Destinations ha rehecho la India colonial con todo lujo de detalles, y para mostrarnos por fin, no solamente otras propuestas de las atracciones inmersivas que hay más allá de Westworld, sino también que la violencia desatada de los anfitriones ha traspasado los límites del mismo. Y nos dejan en un cliffhanger terrible y bastante literal antes de los títulos nuevos.

Regresamos al último punto de la línea temporal en el parque del Salvaje Oeste, y la tropa de Karl Strand (Gustaf Skarsgård), Ashley Stubbs (Luke Hemsworth) y Maling (Betty Gabriel), a la que acompaña el androide autoconsciente Bernard Lowe (Jeffrey Wright), se encuentra con la directora Charlotte Hale (Tessa Thompson), de la que Lowe se separó por lo visto tras la visita de ambos a las instalaciones subterráneas donde esconden un secreto de gran trascendencia. En un salto temporal, vemos que él halla al anfitrión Peter Abernathy (Louis Herthum) entre el botín del facineroso Rebus (Steven Ogg); y resulta divertido ver cómo cambian su personalidad a otra completamente opuesta, tanto como inquietante la locura del progenitor de Dolores Abernathy (Evan Rachel Wood).

westworld 2x03 virtu e fortuna
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A la hija robótica y autoconsciente la recibe en el asentamiento de los soldados confederados, el fuerte Forlorn Hope, el coronel Brigham (Fredric Lehne). Ella se planta allí junto con Teddy Flood (James Marsden), Angela (Talulah Riley), Clementine Pennyfeather (Angela Sarafyan) y el ahora temeroso mayor Craddock (Jonathan Tucker), se presenta con el nombre de Wyatt, avisa de un ataque inminente del personal de Delos y propone unir fuerzas en su contra, a lo que el coronel accede. Mientras tanto, la autoconsciente Maeve Millay (Thandie Newton), Héctor Escaton (Rodrigo Santoro) y el narrador Lee Sizemore (Simon Quarterman) se topan con unos amenazantes indios, a los que ella no puede controlar por el pavor que le provocan: son los responsables de la muerte de su hija en su vida anterior.

Esto implica que las capacidades de Maeve para dar órdenes a los de su misma naturaleza, las que tenía el difunto Robert Ford (Anthony Hopkins), no parecen invencibles; y sin embargo, uno intuye que con ellas y la habilidad para la persuasión de la que ha hecho gala Dolores/Wyatt sí podrían ser irreductibles si uniesen sus destinos. Por lo pronto, el trío acaba refugiándose en otras instalaciones subterráneas. Bernard y Charlotte no habían logrado llevarse consigo a Peter Abernathy por la aparición repentina de los confederados, a los que Rebus pretendía venderle con los demás, incluidos integrantes de la junta de Delos. Así que, apresado con Bernard tras la huida de Charlotte, ahora llegan a Forlorn Hope y hasta Dolores.

Como la hija de Maeve constituye la debilidad de esta, el antiguo padre de Dolores la desestabiliza y la pone sentimental; es decir, “Virtù e fortuna” nos enseña los primeros signos de que ambas sufren por su propio talón de Aquiles. Luego, Maeve psicoanaliza un poco a Lee y comprende que construyó la historia y el carácter de Héctor como la del hombre que le hubiera gustado ser. Dolores habla con Bernard de sus planes para tomar el control de su mundo, y le pide que ayude al “roto” Peter. Maeve, Héctor y Lee se reencuentran con la brutal Armistice (Ingrid Bolsø Berdal) y con Felix Lutz (Leonardo Nam) y Sylvester (Ptolemy Slocum), los empleados de Delos que reparaban a los anfitriones y de los que Maeve se aprovechó en un principio para sus propósitos de autonomía durante la primera temporada.

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El grupo de asalto de Delos carga contra Forlorn Hope a las órdenes de Charlotte, en parte para conseguir a Peter Abernathy, y la inclemente Dolores traiciona y sacrifica a los soldados confederados cerrando las puertas, pero detiene el avance de los atacantes. Bernard ha conseguido saber en qué consiste el archivo que habían guardado en la programación del androide enloquecido, causándole sus problemas robóticos, e intenta huir sin que nos lo revelen en medio de uno de sus propios arrebatos de malestar, pero Clementine se lo impide. Y las dos últimas escenas son para Grace, que se arrastra por la orilla de Westworld después del tigre ahogado al que habíamos visto en “Journey into Night”, y los indios la encuentran, y para Maeve y compañía, a los que Lee ha conducido a la narrativa Klondike sobre el Japón feudal: nuestro parque de atracciones favorito sigue expandiéndose.