Tal vez uno de los regresos más esperados de 2018 sea el Westworld, serie de ficción científica y western creada por el hermanísimo Jonathan Nolan y Lisa Joy en 2016 para la HBO adaptando el filme homónimo de Michael Crichton (1973), en su segunda temporada. La primera nos puso los dientes larguísimos y nos dejó con un mono de aquí te espero al terminar, con su complejidad narrativa, sus secuencias alucinantes, sus guiños y sus fascinantes misterios. Y ahora llega por fin “Journey into Night” (2x01), que se inicia, después de los títulos renovados, con una de las acostumbradas conversaciones de control del difunto Arnold Weber (Jeffrey Wright) con Dolores Abernathy (Evan Rachel Wood), es decir, en una escena de treinta y tantos años antes del momento en que se desata el caos en el parque durante “The Bicameral Mind” (1x10) por las acciones del enigmático Robert Ford (Anthony Hopkins) y los androides que toman conciencia de sí mismos.

Como muestra clara de que a los guionistas de Westworld les chifla jugar con los tiempos y engañarnos un poco para enriquecer la intriga, tras un breve montaje de escenas previas para refrescarnos la memoria, nos conducen al reencuentro del autoconsciente Bernard Lowe, el androide que Ford fabricó a imagen de Arnold después de que Dolores lo matara por petición de la propia víctima, con Ashley Stubbs (Luke Hemsworth), jefe de seguridad del parque de atracciones, en algún instante posterior a la escabechina de final de temporada. Y no es algo inocente en absoluto que Lowe recobre la consciencia en la orilla de la playa junto a una copa de champán, pues sugiere que ha arribado allí tras la fiesta arruinada por la nueva narrativa que Ford pretendía presentar con ella, que tiene el título de “Viaje hacia la noche”, es decir, “Journey into Night”, y en la que los anfitriones autoconscientes son libres tal como deseaban Arnold y el Hombre de Negro (Ed Harris) por motivos distintos.

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Conocemos entonces a Maling (Betty Gabriel), una de los encargados de restaurar el orden perdido, y a Karl Strand (Gustaf Skarsgård), el jefe de operaciones, quien nos informa del protocolo que se lleva a cabo “en los otros parques” y de que “las comunicaciones no han funcionado en dos semanas”: ¿qué habrá sucedido en esos catorce días? El experto en la tecnología robótica Antoine Costa (Fares Fares) extrae el núcleo cerebral de un anfitrión indio muerto, bajo cuya cabellera también hallan la imagen del laberinto que recorrieron Dolores y William (Jimmi Simpson) y el Hombre de Negro y ella una segunda vez en la temporada uno, y la pandilla descubre con su análisis de la misma Dolores es la responsable de la matanza, como lo había sido tres décadas atrás, cuando Arnold intentó detener la apertura del parque para impedir el sufrimiento de los androides autoconscientes fusionándola con el violento Wyatt.

Regresamos a la noche de la fiesta, con Charlotte Hale (Tessa Thompson), directora de la junta directiva de Delos Destinations, y Bernard intentando sobrevivir junto a otros que no tardan en convertirse en cadáveres a manos de los robots, a los que Ford “ha alterado para que los vean a todos como anfitriones” según Bernard. A la mañana siguiente, en una secuencia gloriosamente musicalizada, contemplamos la forma en que Dolores se ha decidido a ajusticiar de manera implacable a los seres humanos con la ayuda de su enamorado Teddy Flood (James Marsden), la ex hospitalaria Angela (Talulah Riley) y compañía; y cómo el Hombre de Negro despierta en el escenario de la masacre, frente al saloon, y ha de luchar también por su vida, pero con gusto. No como el narrador Lee Sizemore (Simon Quarterman), que sigue en las oficinas de jefatura con los anfitriones descontrolados y debe vérselas con Maeve Millay (Thandie Newton), la otra gran autoconsciente.

Esta desea servirse de los conocimientos de Lee para encontrar a la hija que tuvo en una narrativa previa, allá donde se encuentre en el parque, y con la colaboración de Héctor Escaton (Rodrigo Santoro), su amante forajido. Mientras tanto, Charlotte guía a Bernard hasta unas instalaciones subterráneas en las que él se percata de que se están almacenando el ADN y las experiencias de los invitados que acuden al parque, lo que tal vez entronque finalmente con la conspiración de la secuela de la película, Futureworld (Richard T. Heffron, 1976). Y, en el mismo sitio, ella le explica que no podrán salir del parque hasta que la junta recupere a un valioso anfitrión. El Hombre de Negro, por su parte, se topa con el androide del joven Robert, que le cuenta enigmáticamente, sin claridad alguna y con una voz que se mezcla con la del adulto que le fabricó, que ahora “está en su juego” y “debe encontrar la puerta”. William se deshace de él de un tiro y se marcha a lomos de su caballo.

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A continuación, tras una escena con Maeve, Héctor y Lee sin mucha sustancia, los ofrecen una que necesitábamos de Dolores y Teddy, en la que conocemos la perspectiva de este último y ella le dice que no será suficiente conseguir el control este mundo, el del parque futurista, sino que también tendrán que arrebatarle el exterior a los seres humanos: ¿Skynet?, ¿eres tú? Por añadidura, Angela aparece e informa a Dolores de que han encontrado algo importante, y esta parece querer utilizarlo para que Teddy perciba “la verdad”, tal vez su propia naturaleza robótica. En su escondrijo, Bernard le expone a Charlotte que los androides “comparten conexiones entre ellos” en una red de seguridad que impide que las narrativas de cada uno colisionen”, y hurgando en ella pueden dar con el anfitrión que exige la junta directiva: Peter Abernathy (Louis Herthum), el padre de Dolores, al que sacaron de circulación en “The Original” (1x01) por un mal funcionamiento que más tarde investigó la desaparecida Elsie Hughes (Shannon Woodward) en “Chestnut” (1x02).

Bernard se había advertido en el granero que estaba perdiendo el líquido blancuzco que recubre el núcleo cerebral de los androides, y toma medidas cuando su sistema se va a pique: se lo extrae a otro inconsciente con una jeringa y se lo inyecta a sí mismo a espaldas de Charlotte, quien desconoce su esencia cibernética. Y saltamos en el tiempo nuevamente dos semanas en el futuro: el equipo de Strand encuentra el cadáver un tigre de Bengala robótico del parque seis en el del Salvaje Oeste, y a todos los anfitriones muertos, flotando en un lago enorme que está donde debería verse un valle. Bernard recuerda que es él quien los ha matado a todos, o eso le dice a Strand; Teddy incluido pues le vemos el rostro inerte bajo el agua serena. Qué ganas de zamparnos ya el siguiente capítulo.

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