Precedido por la polémica eliminación de cuantas imágenes contenía de la cara del actor Kevin Spacey por su escándalo de acoso sexual, Todo el dinero del mundo (2017) es el largometraje número veinticinco que el famoso realizador británico Ridley Scott ha estrenado en su larga trayectoria de más de cuatro décadas, que se dice pronto. Su nueva película aborda el secuestro real que sufrió el joven John Paul Getty III, interpretado por Charlie Plummer (Boardwalk Empire), en la Italia de 1973 y la inaudita lucha de Gail Harris, su incombustible madre con el rostro de Michelle Williams (Brokeback Mountain), para lograr que el obscenamente rico abuelo del joven, el magnate del petróleo John Paul Getty Sr. encarnado por Christopher Plummer (Una mente maravillosa), desembolsara el dinero del rescate.

Como buen cineasta mercenario que ha demostrado ser, Scott ha dirigido filmes muy diversos según su antojo y, aun así, una cantidad considerable de los mismos contienen elementos comunes a Todo el dinero del mundo: la criminalidad y las gestiones policiales en su contra, como en Blade Runner (1982) superficialmente, La sombra del testigo (1987), Black Rain (1989), Thelma y Louise (1992) con ciertos miramientos, Hannibal (2001), Los impostores (2003), American Gangster (2007) y El consejero (2013); y la adaptación más o menos libre de hechos reales, como en 1492: La conquista del paraíso (1992), Tormenta blanca (1996), Gladiator (2000), Black Hawk derribado (2001), El reino de los cielos (2005) y, sí, la ya mencionada American Gangster, en la que también coinciden las dos circunstancias.

todo el dinero del mundo
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Acaso el calificativo que mejor le puede encajar a Todo el dinero del mundo sea ‘irreprochable’. La crónica de los hechos que nos presenta Scott de la mano del guionista yanqui David Scarpa (Ultimátum a la Tierra) y según el libro Painfully Rich: The Outrageous Fortunes and Misfortunes of the Heirs of J. Paul Getty (1995), del inglés John Pearson, sirviéndose de flashbacks matizadores, resulta todo lo limpia que es posible cuando se acomete una recreación cinematográfica de sucesos verdaderos, con lo que ya podría darse uno con un canto en los dientes tal como está la cosa en Hollywood y allende los mares de la Meca del Cine. Pero no es suficiente para merecer el aplauso de la crítica ni de los espectadores.

Que no decaiga en momento alguno de toda la intriga criminal, pero sin obnubilarnos ni producirnos sincera inquietud, y que, a nivel de estilo como cineasta, Scott se esconda aquí siguiendo su costumbre, o confirme otra vez que carece de verdadera personalidad audiovisual, hace que nos enfrentemos a una película efectiva pero mediocre. Por esta razón, Todo el dinero del mundo nunca sobresale en ningún sentido, manteniendo la línea del director en la última década, pues no nos ha brindado nada mínimamente notorio desde la terrible American Gangster, sobre el capo de la droga afroamericano Frank Lucas (Denzel Washington), ni algo muy distinguido desde la primorosa e hipnotizante Hannibal, traslación a la gran pantalla de la tercera novela de Thomas Harris con el grandísimo doctor Lecter.

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Y eso que el reparto se esfuerza lo suyo y no sería decente ponerle ni un solo pero: Michelle Williams clava a la enérgica, indócil y escaldada Gail, Mark Wahlberg (Infiltrados) le da muy bien la réplica como Fletcher Chase, Romain Duris (Las aventuras amorosas del joven Molière) se luce como el ambiguo Cinquanta, Charlie Plummer se defiende como el joven secuestrado, Timothy Hutton (American Crime) tira de oficio, quizá nos hubiese gustado ver en más escenas a Andrew Buchan (Broadchurch) y, como no podía ser de otra forma, lo único que consigue despertar de veras nuestro interés es el extraño carácter de ese anciano roñoso, desconsiderado e inflexible del Getty que construye el curtido Christopher Plummer. Aunque tal vez siempre nos quedará la duda de si Kevin Spacey lo había encarnado mejor.