La controvertida cadena de sucesos y acusaciones contra Kevin Spacey, que finalmente llevaron a rodar de nuevo las escenas en las que este aparecía en All the money in the world, la nueva película de Ridley Scott, solo sirve para dar un toque aún más dramático a la espinosa historia en la que se basa. Esta no es otra que la de John Paul Getty, multimillonario norteamericano, y su nieto, del mismo nombre, secuestrado a la edad de 16 años por un grupo mafioso italiano.

Para conocerla hay que remontarse hasta los orígenes del impero de John Paul Getty, que tiene su inicio en los primeros años del siglo pasado, cuando el negocio de su compañía petrolera Getty Oil Company comenzó a reportar las primeras grandes cifras. A partir de entonces, su fortuna únicamente fue en aumento hasta convertir a la familia Getty en una de las más pudientes de Estados Unidos, una posición que aún hoy conservan. Pero si bien el dinero entraba a espuertas, lo que no hacía era salir. La fama de tacaño persiguió a Getty durante toda su vida, algo que parece justificado si se tiene en cuenta que incluso decidió instalar un teléfono de pago en su casa para cobrar por las llamadas que se hicieran desde él.

El caso más ejemplar de hasta qué punto Getty tenía apego por su dinero no es el del teléfono, sin embargo, sino el acaecido a raíz del secuestro de su nieto. Fue entonces cuando se negó rotundamente a pagar la suma que demandaban los captores para devolver la libertad al joven.

El secuestro de John Paul Getty III

A sus 16 años de edad, John Paul Getty III, nieto del conocido empresario, tenía una escasa y pobre relación con su abuelo. A pesar del parentesco, a lo largo de su vida únicamente se habían visto en un par de ocasiones, en parte debido a la distancia que los separada, pues el joven vivía en Italia con su madre. Esta era la situación familiar cuando, un día, mientras se encontraba comprando en una tienda a pie de calle, el tercero de los Getty fue secuestrado por un grupo italiano conocedor de su parentesco con el magnate del petróleo. Reducido a la fuerza por tres hombres, fue desplazado hasta una cueva ubicada al sur del país, donde permanecería durante los siguiente cinco meses.

El entonces adolescente ya era conocido por los medios debido a su controvertido y bohemio estilo de vida, su propensión a la fiesta y la afinidad a grupos radicales, lo cual le granjeó el apodo de "the Golden Hippie" (el hippie de oro), en alusión a la fortuna familiar. Esa fama precedente fue la que provocó que, en un primer momento, la credibilidad obtenida por los secuestradores al pedir un rescate de 17 millones de dólares fuera nula por parte de las autoridades, al sospechar que se trataba de un embuste por parte del nieto con el único fin de obtener más dinero de su acaudalado pariente.

John Paul Getty.

Al pasar los días y consolidarse la amenaza, la presión fue aumentado sobre Getty, ocasionada en buena medida por la madre del joven secuestrado. El pago parecía la solución lógica, especialmente para alguien con la capacidad financiera del fundador de la petrolera. Pese a ello, los principios del empresario seguían intactos, produciéndose una declaración que quedará marcada para siempre en la historia de la familia y que, sin duda, es la más representativa de su actitud:

Tengo otros catorce nietos y, si pago un centavo ahora, entonces tendré catorce nietos secuestrados.

Con esta premisa sobre la mesa transcurren los próximos tres meses, alargándose una situación que parecía lejos de tener un fin próximo... hasta que se desencadena la tragedia. A la redacción de un periódico italiano llega un envoltorio con un escalofriante contenido: la oreja derecha y un mechón de pelo del joven Getty, acompañados del siguiente texto:

Esta es la oreja de Paul. Si no recibimos algo de dinero en un plazo de 10 días, entonces llegará la otra oreja. En otras palabras, irá llegando en pequeños pedazos.

Evitando la tragedia, pero solo temporalmente

Teniendo delante una situación que se estaba volviendo más y más truculenta por momentos, la madre del joven decide actuar y comienza una campaña para recaudar fondos con los que pagar a los secuestradores, ante lo cual Getty termina por claudicar: pondrá dinero para que su nieto sea liberado. ¿Cuánto? Exactamente 2,2 millones de dólares de la cantidad total de 3 millones acordada, la cifra máxima de la cual era posible deducir impuestos. El restante tendrá que ponerlo su hijo, John Paul Getty II. Irónicamente, ante la imposibilidad de este para aportar esos 800.000 dólares, estos son prestados por el propio padre, no sin antes hacer alarde una vez más de su poco apego por la familia. El préstamo que dará lugar a la liberación del joven Paul tendrá que ser devuelto con un 4 por ciento de interés y conlleva, además, la pérdida de la herencia para su hijo.

John Paul Getty III es puesto en libertad en 1973, tres años antes de la muerte de su abuelo que, efectivamente, dejó sin herencia a su hijo. Aunque todo podría haber terminado con este feliz desenlace –que a ojos de muchos no parecerá tan agradable, pero que sin duda lo era si se consideran el resto de posibilidades–, la vida aún tenía reservado un retorcido final para el joven. No solo fue el hecho de quedarse también sin herencia, de la cual no llegó a embolsarse nada después de haber sido suprimido de la misma tras su matrimonio con una fotógrafa alemana que no cayó en gracia a su abuelo, sino los sucesos por los que había pasado en esos cinco meses de encierro los que truncaron definitivamente el devenir de Getty.

Marcado por todo lo acaecido, su pasión por la fiesta y la bebida se aderezó a partir de entonces con todo tipo de drogas. En medio de uno de esos excesos se encontraba en 1981 cuando, tras ingerir una singular mezcla de Valium, metadona y alcohol, sufrió una sobredosis que dejó al entonces veinteañero tetrapléjico y medio ciego. El último e infeliz periodo de la vida de Getty terminó en 2011, después de varios años de cuidados intensivos con una factura que ascendía a los 25.000 dólares semanales en cuidados.

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