Hace 200 millones de años, en una remota época que conocemos como el periodo de transición entre el Triásico y Jurásico (y otra gran extinción masiva que acabó con la mayor parte de la vida en la Tierra) ya revoloteaban las mariposas. Probablemente no fueran las primeras, pero sí que son las más antiguas de las que tenemos constancia. Y una cuestión interesante es que ya por entonces mostraban una de sus características esenciales: la probóscide, la trompa con la que chupan el néctar de la flor. ¿Qué tiene de importante todo esto? ¿Y cómo eran las mariposas millones de años atrás?

Un misterio con 200 millones de años

Un equipo de investigadores que trabajan en Alemania ha desenterrado la evidencia fósil más antigua conocida de insectos del orden Lepidoptera, según presentaban en un reciente estudio. Los restos, como decíamos, datan de hace más de 200 millones de años, diez millones de años más antiguos que los restos anteriores de Archaeolepis mane, una antiquísima mariposa.

Este es uno de los fósiles más antiguos que tenemos de una mariposa.

Estos restos son apenas trozos de alas y escamas, pero nos ayudan a saber cómo eran por entonces los lepidópteros. Todo indica que eran muy similares a como son ahora. No eran mucho más grandes ni menos sofisticados. Al contrario. Probablemente no habríamos distinguido a una mariposa prehistórica de una moderna sin ser entomólogos.

El último estudio llevado a cabo por T.J.B. van Eldijk y su equipo muestra que las prehistóricas mariposas tenían características muy parecidas a las que encontramos hoy día en los lepidópteros modernos. De hecho, algunos de los fósiles muestran propiedades atribuidas a clados vivos aún, como Glossata.

Entre estas propiedades, como decíamos, está la proboscide, esa trompa que hace famosos a todos los lepidópteros y que les sirve para chupar el néctar de la flor. Pero aquí viene lo más misterioso: si las plantas con flores aparecieron hace 140 millones de años atrás, es decir, sesenta millones de años después, ¿para qué querían la probóscide?

Los caprichos de la evolución

La probóscide, desde el punto de vista biológico, es un sofisticado dispositivo de alimentación por succión. Algo que esperábamos que hubiera aparecido como una "novedad" en la historia de la evolución, en respuesta a la aparición de las flores (que es otra novedad evolutiva, por cierto).

Sin embargo, el hecho de que aparecieran varios millones de años antes levanta muchas incognitas. ¿Cómo aparece una característica antes de que sea necesaria? La respuesta, por supuesto, es que no lo hace. En primer lugar, la evolución a veces es caprichosa. No siempre funciona bajo el espectro de la presión selectiva (que vela por el mejor adaptado).

En segundo, a veces aparecen adaptaciones inesperadas en lugares inesperados y con una proyección inesperada. Esto mismo podría haber ocurrido con la probóscide de Glossata y otros parientes de la mariposa. Esta es la hipótesis que defienden los investigadores, quienes argumentan que los lepidópteros probablemente dependieron primero de gimnospermas (que no producen flores).

Para satisfacer sus necesidades nutricionales más tarde, cambiaron a las angiospermas como fuente primaria de alimento. ¿Entonces? Una razón para esta evolución de la probóscide chupadora se debe a una transición en su alimentación, que pasaría a ser exclusivamente líquida, lo que probablemente se debió a una respuesta evolutiva al calor y la aridez generalizada durante el Triásico tardío.

De mariposas y polillas

Esta investigación abre la puerta a ahondar más sobre el origen de las mariposas y, sí, las polillas. Aunque pocas personas son conscientes, las polillas son también mariposas. Todas son pertenecientes a un único grupo: los lepidópteros.

Este le debe su nombre a sus alas escamadas. Y los insectos más abundantes dentro de este grupo son, precisamente, las polillas; mucho más que las mariposas, que son diurnas. Al contrario, las polillas, esfinges, pavones y otros heteróceros son eminentemente nocturnos y suelen pasar desapercibidos.

Como explicábamos, una de las características más importantes de estos animales es que poseen probóscide, una suerte de modificación de la mandíbula en forma de trompa chupadora. Los lepidópteros perdieron hace muchos millones de años (200 al menos, según sabemos ahora) la capacidad de "masticar" como otros parientes.

Sus alas también son muy especiales ya que las venas forman un diseño característico y único según las especies o familias de las que se trate. De su pasado sabemos bastante menos, a pesar de investigaciones como esta. Los fósiles nos hacen pensar que debió haber grandes migraciones de mariposas durante el paleógeno, hace unos sesenta millones de años en el Mar del Norte.

Esto se debe a la tremenda delicadeza de estas especies, ya que algunos de los mejores fósiles se los debemos al ámbar en el que quedan atrapados o a la suerte de petrificación de sus cuerpos, algo muy, muy raro. Por el momento tenemos la certeza, como contábamos antes, que desde que aparecieron no han cambiado demasiado.

Poco se sabe, por desgracia, de su pasado anterior a este tiempo. O de sus antepasados. Pero al menos ahora sabemos que una de sus características más notables siempre las ha acompañado. Y quién sabe, tal vez esto nos ayude a descubrir más sobre este hermoso grupo en el futuro.