Con la llegada de 2018 es posible que muchos de nosotros hayamos desempolvado la lista de propósitos de Año Nuevo. Cuidar la alimentación, hacer más ejercicio físico o dedicar más horas a la lectura y a la familia o amigos son algunos de los objetivos más frecuentes que recordamos a principios de enero. Pero como soñar es gratis —de momento— hay quien se fija metas mucho más ambiciosas. Ahorrar dinero para ese viaje que llevamos años planeando, comprar una vivienda o un vehículo nuevos, terminar los estudios y —¿por qué no?— hasta ganar un premio Nobel.

Por exagerado que parezca, este propósito de Año Nuevo es tan legítimo como cualquier otro desafío de estas fechas, aunque naturalmente lograrlo sea casi imposible. No obstante, uno nunca sabe cuándo puede despertarse en medio de la noche recibiendo esa ansiada llamada de Estocolmo diciendo que, esta vez sí, nuestro trabajo ha sido premiado con el galardón creado por Alfred Nobel. Eso es al menos lo que debió de pensar el bioquímico británico Richard J. Roberts, cuando decidió escribió un sorprendente artículo titulado Diez simples reglas para ganar un premio Nobel.

Roberts se llevó el Nobel de Fisiología o Medicina en 1993 por el hallazgo de los intrones, unos fragmentos de ADN que no codifican proteínas, a diferencia de las secuencias genéticas llamadas exones. El científico inglés, que procedía de una familia humilde compuesta por un mecánico y una ama de casa, no siempre fue un estudiante brillante. A la edad de dieciséis años, suspendió los exámenes de Física que tenía que aprobar para llegar a la universidad. Richard J. Roberts, no obstante, logró superar más tarde la prueba en el segundo intento, para posteriormente estudiar Química y comenzar una brillante carrera como científico.

Nunca pienses en ganar un premio Nobel

Tal vez su propia historia personal hizo que el investigador se decidiera a escribir el llamativo artículo en PLOS Computational Biology, una revista que desde hace años publica textos con consejos de reconocidos científicos. Roberts comienza su tribuna lanzando una recomendación a los investigadores que, por obvia, no resulta menos importante. "Nunca comiences tu carrera apuntando a un premio Nobel", afirma el bioquímico británico, que aconseja a los jóvenes centrarse en realizar la mejor ciencia posible, planteándose buenas preguntas, utilizando métodos innovadores y esperando resultados inesperados. Evidentemente, estas prácticas tampoco son sinónimo de éxito, asegura Roberts, que califica los premios Nobel como "esquivos".

En segundo lugar, Roberts quita importancia al hecho de que los experimentos fallen. Muchos de los estudios que se ponen en marcha no funcionan por errores tontos y, en otras ocasiones, los problemas en los laboratorios esconden preguntas muy relevantes. "Si tienes suerte, como yo la tuve, el dogma [que impere en ese momento] es erróneo, y tú puedes diseñar más experimentos para entender por qué", escribe en el artículo. Las recomendaciones del premio Nobel tiran también de fina ironía, al aconsejar a los científicos que no colaboren con muchas personas —ya que las reglas del famoso galardón impiden que se reconozca a más de tres personas— y que elijan bien a su familia, recordando casos de éxito como el de Pierre y Marie Curie.

La ironía no es la única característica llamativa del texto, que también destaca por el sentido común. No se explican de otra forma consejos como "trabaja en un laboratorio de un premiado con el Nobel" o "intenta hacerlo en uno dirigido por un futuro galardonado". Roberts también bromea al animar a los lectores "a diseñar y ejecutar los experimentos en momentos donde tengan buena suerte", además de rechazar por completo la idea de que los investigadores construyan su vida alrededor de estos importantes galardones. "Es mucho mejor no saber que has sido nominado, por lo que el instante en el que recibes esa temprana llamada de Estocolmo se convierte en una gran sorpresa. De hecho, ¿por qué no nos olvidamos de los premios Nobel y nos enfocamos únicamente en hacer la mejor ciencia que podamos?", señala. El bioquímico recoge así el guante de aquellos que critican la existencia de este tipo de galardones, que solo reconocen a un número limitado de individuos, olvidando la importancia de la ciencia multidisciplinar y colaborativa.

Richard J. Roberts concluye su artículo aconsejando a los lectores "ser majos con los estudiantes suecos", ya que no es la primera vez que un investigador ve cómo retrasan la concesión del Nobel o no se lo dan por conflictos con algunos de los miembros del jurado. Aunque no lo menciona en el texto, también es un hecho que el comité que selecciona a los premiados se olvida de forma sistemática de las mujeres, aunque hay muy buenas investigadoras que merecen el Nobel. La última recomendación de Roberts es que los científicos "estudien Biología", una disciplina "fascinante, que afecta a nuestra vida diaria y de la que sabemos relativamente poco". "A diferencia de la Física y la Química, la Biología va cambiando gracias a la evolución", puntualiza el Nobel, que termina recordando que muchos de los galardones en las categorías de Fisiología o Medicina y de Química van, precisamente, a investigadores que se hayan especializado en las ciencias de la vida.