Cuando estamos aguardando con avidez a que llegue diciembre para el estreno del Episodio VIII, dirigido por el competente Rian Johnson (Brick, Looper) y titulado Los últimos Jedi, de la más famosa y querida saga de aventuras espaciales —con permiso de Star Trek—, nos golpea la noticia de que el correcto Colin Trevorrow (Jurassic World) ya no va a ocuparse de realizar el Episodio IX porque “su visión para el proyecto” difiere de la de LucasFilm. Lo cual tampoco resulta extraño pues, hace cosa de un mes, se contrató al guionista Jack Thorne (This Is England) para que reescribiese el libreto de Trevorrow. Y ahora nos cuentan que el habilidoso J. J. Abrams será quien le sustituya en la silla del director, un acuerdo nada desdeñable a todas luces.

Y, para defender esta idea, podemos comenzar por lo más obvio: el hecho de que ya se encargó de llevar a cabo la esperadísima El despertar de la Fuerza en 2015, por lo que los productores, el habitual equipo técnico y el reparto de lo que será esta última trilogía de Star Wars conocen su manera de desenvolverse tras las cámaras y todo lo que puede conseguir; y sabiendo muy bien de la escasa afición al riesgo artístico de los que financian las superproducciones en Hollywood, una garantía como Abrams era una opción de lo más lógica. Ya lo ha comentado la respetada Kathleen Kennedy, presidenta de LucasFilm: “Con El despertar de la Fuerza, J. J. nos dio todo lo que se podía esperar”, ha señalado, “y estoy muy emocionada de poder verlo terminar esta trilogía”.

Tal vez alguien podría preguntarnos en este punto y con todo el derecho qué tiene de defendible que se haya escogido la mayor comodidad para la solución del entuerto que suponía la marcha de Trevorrow, muy en especial cuando Abrams se acercó tantísimo a lo que fue saga primigenia en el Episodio VII que se repiten los ingredientes básicos de las tramas principales con pocas variaciones; y si no habría sido preferible dar otra oportunidad a Johnson, un cineasta menos complaciente y más cercano a una autoría particular que Abrams, incluso sin haber visto Los últimos Jedi. Pero también hay que ser consciente de que el director designado no se limitó a reproducir los esquemas previos de Star Wars, sino que nos hizo contemplarlos con un nuevo brillo rozagante y disfrutar de ellos con una fresca intensidad.

star wars: episodio ix
George Lucas y J. J. Abrams -
KnowYourMeme.com

En el Episodio VII, el segundo con más recaudación después de Una nueva esperanza (1977), se aprecia un buen equilibrio entre el pasado reconocible de la saga y una conquista tan difícil como su renacimiento dramático en otra época del cine, que es exactamente lo que el bueno de Abrams nos propuso con su primera película de Star Trek en 2009, logrando así para ambas producciones la revigorización de sus respectivas historias, lo que incluso quizá da pie a la herejía desvergonzada de distinguirlas como sus mejores entregas hasta el momento por parte de algunos de nosotros. Y nada diferente a esta tonificación es lo que había alcanzado a su vez con Misión imposible 3 en 2006, o a este rejuvenecimiento luego con la ochentera Super 8 en 2011, a partir de materiales anteriores y en más de un sentido ajenos.

Porque de Abrams no se puede poner en duda la energía audiovisual de su planificación y puesta en escena ni la solidez de las emociones que nos provocan sus filmes más destacados, sin omitir la excelencia tan finalmente incomprendida de Perdidos, la serie inenarrable que creó junto con Jeffrey Lieber, Damon Lindelof y Carlton Cuse y que nos estuvo maravillando entre 2004 y 2010 sin tregua alguna. Además, Johnson ya había dicho lo que sigue: “Nunca ha estado en mis planes realizar el Episodio IX (…). Sea quien sea la persona que lo haga, me sentiré muy emocionado al ser parte de la audiencia y sentarme a ver lo que el próximo director tendrá que mostrarnos”.

Esas han sido las razonables declaraciones de su compañero de franquicia fílmica, y pese a que Abrams sea un muy digno sucesor de Trevorrow por todo lo mencionado, deberá variar el enfoque en el guion del Episodio IX, correescrito con Thorne, en relación al séptimo para no decepcionar a los seguidores de siempre, los veteranos, ni a los de nuevo cuño, alejándose un poco en esta ocasión de los tradicionales componentes y mecanismos narrativos en las peripecias de Star Wars —no más Estrellas de la Muerte, por favor, que ya hemos tenido bastante de ellas; es hora de evolucionar—, convirtiéndose de esta forma en el segundo director con mayor responsabilidad en la saga tras George Lucas y encaminándonos así a un apoteósico final para la nueva trilogía.