El panorama de las compañías tecnológicas dedicadas al sector de los transportes está viviendo uno de sus momentos más cambiantes en toda su corta historia. Especialmente en Estados Unidos.

La historia de los problemas internos de Uber alcanzó su máximo hito cuando, después de casi tres meses, la tecnológica elegía a Dara Khosrowshahi como nuevo CEO de la empresa. La tarea de puntos pendientes del nuevo jefe se antoja como una de las más largas del total de compañías de Silicon Valley. Sin embargo, los frentes no sólo están abiertos de puertas hacia dentro: la batalla ahora se pasa a las filas de los inversores.

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Los rumores del mercado apuntan a que Uber tiene pocas opciones de movimiento, al menos para crecer en un corto espacio de tiempo. La primera de ellas, que sería vender, deja la duda de cuál sería el posible comprador de una empresa valorada en más de 60.000 millones de dólares. La segunda de ellas apunta a una posible salida a bolsa. Sin embargo, eso supondría enseñar el secreto mejor guardado de la compañía: las cuentas consolidadas. Implicaría poner a Uber bajo el escrutinio del mercado, aún más. Diversos informes ya posicionan a la compañía con pérdidas de más de 640 millones de dólares durante el segundo trimestre de 2017, lo cual no es una buena noticia para una compañía dispuesta a salir a bolsa. En España, por su parte, tampoco están en números verdes; según Juan Galiardo, director de operaciones en Uber España, su previsión es cerrar este año con beneficios, pero sería sólo un pequeño punto de una larga lista de países. Con este panorama, las opciones se reducen a seguir buscando financiación de parte de inversores suficientemente potentes como para soportar las cifras que ha venido manejando la compañía en sus últimas rondas. 1.000 millones, 3.500 millones, 1.250 millones... son solo algunas de las inversiones que Uber ha conseguido cerrar desde 2009. En total, más de 12.000 millones de dólares.

Los rumores se vienen gestando desde hace varios meses. The New York Times avanzaba que SoftBank, Dragoneer y Didi Chuxing, a través de una empresa conjunta estaría a punto de cerrar la operación de inversión más grande de la historia. Ya no sólo de Uber, sino de todo el panorama inversor. Tres gigantes de Japón, Estados Unidos y China respectivamente que bien podrían dibujar una estrategia de un clara tendencia internacional para Uber. Algunas fuentes posicionan la operación como cerrada, pero aún no se ha emitido el comunicado oficial. Aún así, las cifras oscilan entre los 2.000 y los 10.000 millones de dólares en nuevos fondos para la compañía, que incluirían la opción, por primera vez en su historia de que los propios empleados tengan la opción de invertir.

En otras palabras, un Uber de tamaño descumunal haciéndose aún más grande. Una operación como esta podría suponer que Uber alcanzase su valoración histórica de 70.000 millones de dólares.

El ritmo de los 1.000 millones no es sólo de Uber

Quizá para aprovechar el tirón que ha generado Uber con sus polémicas, pero la cuestión es que Lyft ha sabido aprovechar el timing de la situación a la perfección. En los momentos en los que su competidor natural flojeaba, ahí estaba Lyft para recoger el testigo.

Considerablemente menor que Uber y valorada en 7.500 millones de dólares, la compañía ha aprovechado el tirón no sólo para crecer. Al igual que la empresa fundada por Kalanick, Lyft está en el proceso de cerrar una nueva ronda de financiación por casi 1.000 millones de dólares. Y esto quedaría en anecdótico si no fuese porque la empresa que está detrás de esa importante suma de dinero es Google. El hecho de que la compañía dirigida por Sundar Pichai esté promocionando al rival de Uber deja clara la gran enemistad que existe entre ambas entidades. El caso del robo de patentes de Otto tiene a dos de las tecnológicas más potentes enfrentadas no sólo en los tribunales. El panorama deja una suerte de culebrón tecnológico que no tiene las intenciones de acabar.

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Además, la entrada de Google en Lyft no se quedaría sólo en lo monetario. Su idea de base es usar la compañía de transporte como prueba para sus coches autónomos. O lo que es lo mismo: la idea de futuro de Uber en la que, si nadie se les pone por delante, serán los primeros.

En este proceso se puede ir mucho más lejos incluso. Más fondos para Lyft podría suponer la expansión de la compañía a nuevas geografías. Ya han sido muchos los rumores que apuntan a la llegada en Europa de más compañías de transporte. Una liberalización de las licencias VTC en España, por ejemplo, podría a Lyft un nuevo mercado en bandeja.