Luis Arango

Se llamaba Frida Sofía, tenía 12 años, y estuvo en el punto de mira durante dos días por su presunto rescate en el colegio Enrique Rébsamen de la Ciudad de México, cuyo derrumbamiento causó el fallecimiento de 19 niños y diez adultos. Los rescatistas dijeron que habían hablado con Frida Sofía, que la habían tocado y que le habían dado agua. Miles de personas centraron sus esperanzas en que esta niña saliera con vida del edificio y siguieron las novedades por los noticieros de Televisa, aunque Frida Sofía nunca existió.

La Secretaría de Marina ha confirmado que la niña no fue real y han pedido disculpas por haber difundido el caso a pesar de no contar con la información que confirmara que se trataba de Frida Sofía. «Tenemos la seguridad de que todos los niños o desgraciadamente fallecieron o están en los hospitales o están a salvo en sus casas», afirmó el subsecretario Ángel Enrique Sarmiento.

Un caso similar ocurrió otro 19 de septiembre pero de 1985, durante el terremoto que acabó con la vida de miles de personas en la capital mexicana. En este caso, Luis Ramón «Monchito», un niño de nueve años supuestamente bajo los escombros en un edifico de Venustiano Carranza. La agonía duró quince días, hasta que se confirmó que el cuerpo nunca fue encontrado tras el derrumbe y que todo apuntaba a que hubiera sido una farsa.

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En ambas situaciones, la sociedad afectada por el terremoto y por sus consecuencias se volcó en el recate de los niños, y siguió de cerca todas las novedades, aunque finalmente todo resultara ser una mentira. «Frida Sofía fue la canalización de la neurosis y la televisión el medio», explicó Marco Eduardo Murueta, presidente de la Asociación Mexicana de Alternativas en Psicología (Amapsi).

El psicólogo afirmó en entrevista con Hipertextual que las personas que vivieron el terremoto del pasado 19 de septiembre se encuentran en estado de shock y en un estado de alteración, de incertidumbre y miedo. En este llamado proceso de duelo, los rumores o cualquier novedad cobra un nuevo significado y se le da mucha más importancia que en una situación cotidiana. En el caso de Frida Sofía, «los medios de comunicación cayeron en este fenómeno y, a pesar de su orientación comercial para atraer al público, son seres humanos y también entraron en estado de shock«.

Televisa fue la cadena que retransmitió en directo durante casi dos días el supuesto rescate de la niña de doce años y mantuvo a sus espectadores en vilo con las exclusivas de cómo los rescatistas le dieron agua a Frida Sofía o de cómo habían conseguido hablar con ella. La cadena mexicana exigió una explicación por parte de la Marina, aunque Televisa ha recibido numerosas críticas por convertir el caso en producto televisivo. Marco Eduardo Murueta destacó:

Frida Sofia fue la concentración de la angusita y la representación de la niñez. Una vez que se hace saber que no es cierto, los sentimientos se convierten en sensación de orfandad. Se siente coraje y se tiene la sensación de haber sido engañado.

La neurosis se contagió a través de la televisión en lo que se denomina «fenómeno de neurosis colectiva». El trastorno puede canalizarse de varias maneras, entre las que se encuentra la agresividad, la huida, la búsqueda de contacto afectivo el consumo de novedades. El supuesto rescate de Frida Sofía, al igual que pasó con Monchito en 1985, alimentó la necesidad de novedades, explicó el experto, y muchas personas se han aferrado a este tipo de casos para superar su dolor y mantener la esperanza.

El terremoto del 19 de septiembre de 2017 ha devastado el centro de México. Sin embargo, la desesperación y miedo de los mexicanos también ha sido compensado por el sentimiento de solidaridad, que se ha apoderado de los capitalinos en sus esfuerzos por ayudar a rescatar a las víctimas o colaborando con alimentos o productos de necesidad. «Ha habido mucho sentido de comunidad. El tráfico ha pasado a un segundo plano estos días, la gente ha tenido más paciencia, ha habido menos cláxon y más respeto. Entre el dolor y la incertidumbre, también ha habido hermandad y el pueblo ha madurado con sus labores de ayuda», destacó el presidente de la Amapsi.

Los fatídicos 19 de septiembre

A pesar de la unidad del país y la ayuda proveniente de todas partes, las personas que han vivido el terremoto pueden pasar por diferentes problemas emocionales como consecuencia del sismo. Además de superar el proceso de duelo, los próximos sismos pueden seguir siendo motivo de crisis nerviosas aunque sean de poca magnitud.

«En el próximo sismo que tengamos va a haber muchas más crisis emocionales. Buena parte de la reacción proviene de la experiencia del sismo del 85. La gente entra en pánico por lo que ha vivido anteriormente y eso se suma con el temor a la muerte», subrayó Marco Eduardo Murueta en entrevista.

Los supervivientes del 19 de septiembre de 1985 han vuelto a sufrir un terremoto 32 años después, aunque la tragedia también ha contribuido a que haya mucha más gente experta ante estas situaciones y que ha podido ser de gran ayuda este pasado martes. En este último sismo, el psicólogo explica que las personas tuvieron una mayor capacidad de reacción y que después del temblor ya sabían cómo ayudar en las zonas afectadas.

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Estas diferencias se basan también en las redes sociales, una herramienta con la que no pudieron contar en 1985 y que ha centralizado la mayoría de la ayuda este 19 de septiembre. A través de los grupos de WhatsApp, Twitter o Facebook se ha alertado de las zonas de riesgo de derrumbe, o de las necesidades en cada una de los lugares afectados.

Muchas de las ayudas han llegado por internet, aunque Murueta también alerta de los peligros que han traído las redes sociales en situaciones de crisis. Historias como la de Frida Sofía se han inflado de manera notoria a través de mensajes, además de mentiras enviadas en cadenas a diferentes usuarios. «Es el fenómeno del rumor. Se va deformando y a la gente le llega la información falsa a través de aplicaciones como WhatsApp».

Ante este tipo de emergencias, las alertas y los peligros se expanden de manera inmediata entre la población, y gracias a las redes sociales, su expansión es mucho más rápida y amplia. Frida Sofía ha estado en las pantallas de televisión y de los celulares desde hace dos días y la confirmación de que realmente no existía ha indignado a los mexicanos. Este caso ha confirmado, sin embargo, la unión de un país cuya ayuda y solidaridad no se parará por una mentira.

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