No corren buenos tiempos para LG. Ha perdido su hueco en el mercado desde que fabricase los Nexus 4 y 5 y diera lecciones de autonomía a todos con el LG G2. De eso ya han pasado casi 4 años, y en ese período ha llegado un LG G3 desequilibradísimo en pantalla, autonomía y rendimiento, o un LG G4 con una gran cámara pero pobre en otros aspectos y con gravísimos problemas de almacenamiento interno. El LG G5 supuso para muchos una apuesta arriesgada e innovadora con sus módulos, y como no podía ser de otra manera, fracasó estrepitosamente ante viejos emperadores como los Galaxy o los iPhone, o más modernos como los P o Mate de Huawei.

Del LG G6 lo más reseñable fue que, por encima de todo, volvía a ser un smartphone normal. Normal porque salvo por sus reducidos marcos, la apuesta era la misma de siempre: un terminal equilibrado, con cámara decente y autonomía aceptable. Pero el mercado quiere más, quiere marketing y quiere, dentro de las nuevas tendencias, una diferenciación que no acaban de ofrecer. Si en la gama alta han fallado, una gama media donde reinan los marcos acusados puede ser el escenario perfecto donde superar a terminales notables pero fáciles de batir como el Moto G5 Plus o el Huawei P10 Lite.

El LG Q6 debería ser ese terminal con el que triunfar en una gama media que nunca han dominado, por su diseño y por las aspiraciones que expresa su precio en España (350 euros). Pero no, muy a pesar de quien comenzó este análisis con mucha ilusión por disfrutar de características de gama alta en la media, este terminal no sólo no tiene un papel que jugar en la mayoría de aspectos, sino que tampoco lo tendría incluso bajando 100 euros su precio.

Al verlo fuera de la caja y en la mano, su cuerpo ilusiona y se siente muy cómodo. Como persona que lleva años deseando la llegada del fin de los marcos, terminales como este son, en cuanto a disposición, perfectos. Perfectos porque el ratio frontal representa casi un 80%, impensable hace unos años. Alberga una pantalla de 5.5″ donde otros tienen 5″, a costa de ser estrecho y producir peores tecleos en un teclado menos espaciado. Tampoco acabo de entender la razón detrás de las esquinas redondeadas del panel en los terminales «sin marcos», sobre todo cuando el sistema operativo no está bien adaptado, se come contenidos y el ángulo es distinto al del terminal en sí. El LG G6 además, aprovecha algo mejor los marcos laterales, que aquí son similares a terminales tradicionales.

La pantalla en sí es muy buena para gama media. Al ser un un panel Ful HD+ (el matiz necesario para la ratio 18:9) la nitidez es similar a la de su competencia, con 442 píxeles por pulgada que en ningún momento hacen echar de menos terminales con más resolución como el LG G6. Aunque en el LG Q6 no se ofrece la posibilidad de visualizar vídeos HDR, la falta de contenido tampoco lo hace obligatoria en gama media, y los colores se representan con fidelidad y con tonos que ni están lavados ni rozan lo estrafalario. Lo mismo ocurre con el balance de blancos. Donde sí empeora la experiencia con la pantalla es en situaciones lumínicas que demandan brillo máximo. Aunque es visible al sol, no se aprecia con la misma claridad que paneles de gama superior (pero de coste similar).

Donde el LG Q6 comienza a hacer aguas es en el apartado de añadidos que cualquier terminales de 350 euros debe cumplir no en 2017, sino prácticamente en 2016 e incluso antes. Lo más grave de todo es no contar con lector de huellas, cuando terminales económicos de Xiaomi e incluso occidentales como el Moto E4 lo incluyen y funciona a la perfección. Android tiene añadidos como SmartLock que permiten que el terminal no se desbloquee en casa, pero introducir el PIN de seguridad es igualmente un suplicio fuera de casa. Por mucho que LG apueste por el desbloqueo facial y que este funcione bien (aunque indudablemente sea más lento que un buen lector de huellas) la propia compañía surcoreana advierte que es un método menos seguro, y advierte de que un rostro familiar puede desbloquear el teléfono.

Lo segundo imperdonable a estas alturas es el puerto de carga. LG sigue empleando microUSB, algo que dolía el año pasado y aún no era criticable, pero que este año ya no pasa ese filtro. Frente a lo cómodo de la reversibilidad del USB-C, microUSB sigue frustrando al usuario en prácticamente cada conexión para carga que se hace, siendo su aspecto positivo que de momento es un puerto más universal. Son estas gamas las que universalizan, y LG y el resto de fabricantes anclados en el pasado ya no tienen excusas, pues no es cosa de meses, sino que terminales como el LG G5 ya llegaron con él en 2016 y otros como el OnePlus 2 en 2015.

Relacionado con el puerto está el problema de la carga rápida. No sólo no incluye ningún estándar como puede ser QuickCharge de Qualcomm, sino que el cargador que viene con el terminal no lo carga a la máxima potencia que soporta, tomando el proceso completo más de dos horas y media. Frente a ello, Lenovo incluye la carga rápida en sus terminales de gama media desde el año pasado, incluyendo el cargador desde este año.

Si llegados a este punto se podría pensar que los problemas se han ido, nada más lejos de la realidad. LG anuncia este terminal como resistente gracias al aluminio de las serie 7000 con el que van equipados sus marcos laterales, y sí, se sienten de muy buena calidad. Sin embargo, la parte trasera, que se podría esperar que comparte material con el frontal (Gorilla Glass 3), ofrece un plástico brillante de muy mala calidad, no porque atraiga las huellas como otros, sino porque sobre ella aparecen arañazos profundos y severos con suma facilidad, y me consta que no soy el único que los ha experimentado.

A nivel de procesamiento llega otra de sus grandes pegas. Tras disfrutar desde hace aproximadamente un año en esta gama de los magníficos Snapdragon 625 y 652, centrados en eficiencia y potencia, LG ha apostado aquí por un Snapdragon 435, que si bien ofrece un rendimiento más que aceptable (algo que siempre se ha dado en la familia 400 desde el Moto G), no cumple cuando se le exige como merece un desembolso del calibre que LG nos demanda para adquirir Q6.

Moviendo el sistema en el día a día cumple sobradamente, hasta el punto de que opino que la capa de personalización de LG es de las mejor optimizadas a día de hoy. Esto supone que para la mayoría de usuarios la experiencia con el LG Q6 será fantástica. Sin embargo, cuando se realiza multirarea muy intensiva en recursos o navegación web con Chrome, a veces hay ralentizaciones que muestran que el terminal no puede competir con Moto G5 Plus o BQ Aquaris X, simplemente no hay para más, por mucho que se refine el sistema sobre el modesto Snapdragon. Durante la carga, la ejecución de juegos o incluso a veces con tareas ligeras, el terminal se calienta en el marco lateral a la altura de los botones de volumen, hecho que se nota especialmente debido al aluminio.

Pueden sonar a palabras vacías, a lo que siempre se dice, pero resulta imperdonable emplear este chip cuando Qualcomm tiene en el mercado un grande como es el nuevo Snapdragon 660 y otros más modestos pero igualmente polivalentes como el Snapdragon 626. Los números lo dicen todo: con 576 puntos en single-core en Geekbench 4 y 1965 en multi-core, ni siquiera se acerca a los resultados de un Snapdragon 800 que hace 4 años llegaba por el mismo precio en el Nexus 5. La cosa tampoco mejora a nivel de velocidad de almacenamiento interna, que pese a ser de 32 GB (qué menos), sólo ofrece una velocidad de 9 MB/s en escritura aleatoria.

La cámara tampoco trae grandes noticias. Se pueden conseguir buenas tomas con buena luz, pero incluso en esa condició es frecuente que aparezcan ruido y artefactos como consecuencia de problemas de procesado, además de otro gran problema clásico en terminales de LG y de esta gama en general: aplicar un exceso de nitidez en los bordes que rompe la estética a poco que se amplíen las fotografías. En baja luz directamente hay problemas enormes para captar luz, medir correctamente el balance de blancos, mantener la nitidez en los bordes o para no mostrar los objetos con efecto acuarela.

Si hay un trono por conquistar desde siempre es el de la fotografía en la gama media. Como vemos en las fotos, el LG Q6 tampoco es mejor en nada a terminales que han podido destacar este año en ese sentido, como los BQ Aquaris X, en cuya cámara la compañía española mostró buena salud no carente de problemas. Se acerca el final del año y seguimos, aun así, sin una apuesta que adecente la gama.

En cuanto a autonomía, uno de los aspectos por los que tiene cierto sentido apostar por chips «pequeños» como el 435, el resultado está lejos del obtenido por terminales con el Snapdragon 625. A lo largo de una semana, con jornadas el brillo en automático en ambientes poco iluminados, es decir, lejanos a requerir brillo máximo, el LG Q6 se ha movido entre las cuatro horas y media y cinco de pantalla, tendiendo a situarse en cifras más bajas a poco que se use la cámara o GPS. Está simplemente en la media de lo que ofrece el mercado, pero esa media tiene un coste menor.

En conclusión, este LG Q6 tiene tantos problemas que no es que considere que está fuera del mercado por precio, sino que con grandes rebajas tampoco lo recomendaría. La reducción de marcos, una pantalla buena, una autonomía en la media y una capa de optimización que saca lo mejor de un chip modesto no son alicientes suficientes para hacernos olvidar a lo mejor de la gama media de este año o a terminales de otros años que puedan encontrarse rebajados, como el Samsung Galaxy S7 por sólo 50€ más que el terminal de LG o el Honor 8 por 40€ menos con todo a su favor. Hay que repetir que la experiencia con él es buena en general, pero eso hace mucho tiempo que dejó de ser suficiente para terminales por encima de 200€. Lo más preocupante para LG es que habrá un LG Q6+ que tiene menos hueco aún que este. Si hay que poner nota, es un 6.

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