Era una de las pruebas de fuego después de su presentación mundial y lo mostrado en el E3: la beta de Destiny 2 es el punto de partida para los jugadores, de forma masiva, prueban lo nuevo de Bungie. Destiny 2 llegará el 6 de septiembre, menos de un año más tarde que el lanzamiento de la última gran expansión de Destiny, Rise of Iron, 8 meses después del evento aurora y 6 meses después del lanzamiento de la última gran actualización de abril. Tras la beta, poco más de mes y medio para que llegue a las estanterías, tanto virtuales como físicas, de todo el mundo.

Los tiempos son importantes si se quiere juzgar a Bungie con Destiny 2. La carta que se juega la compañía ya no está tanto en la atracción de nuevos jugadores, pese a que parte del marketing se haya centrado en en ello, en el "más accesible", sino mantener la base de jugadores fieles con nuevo contenido adicional. Solo hay que dar un paseo por el Crisol de la beta para darse cuenta. Uno podría pensar que Destiny 2 no es más que una gran actualización de lo que ya había y a la que no hacía falta poner el 2.

La realidad es, por otro lado, distinta. Destiny 2 es una secuela, con todo su derecho. No hace falta reinventar la rueda con cada cambio incremental. Apple lo lleva haciendo casi desde el lanzamiento del iPhone y su producto, con pequeños cambios cada año, sigue siendo el mejor del mercado. Cada año, cada iteración. Bungie podría haber dado un golpe en la mesa y haber repensado Destiny hasta último rincón, pero eso no es lo que querían sus jugadores, los que al fin y al cabo llevan expansión tras expansión sosteniendo el modelo de negocio.

Casi seis años de desarrollo en secreto no se reinventan en poco más de 8 meses y lanzando grandes expansiones cada año. TKK casi modificó el juego en su lanzamiento, y los constantes cambios han convertido a Destiny en un juego totalmente diferente al que llegó a las tiendas en septiembre de 2014. Quitando el Crisol, que siempre fue a menos, y las necesidades de meter grandes horas al endgame para conseguir equipamiento, las cosas funcionaban. Por eso no hacía necesario reinventar la rueda, o al menos no es lo que buscaba la comunidad.

Destiny 2 parte de la misma fórmula que Destiny con el paso lógico que todo jugador del título esperaba: mejoras gráficas, cambios en la historia, mayor número de eventos y contenido para el endgame y, sobre todo, cambios en profundidad en el Crisol. El cambio gráfico salta a la vista con la misión de historia que incluye la beta y en los pasajes (totalmente libres) del Strike de la espiral invertida.

No es un salto brutal, por supuesto, pero suficiente. Lo de los 30 fps no es para seguir con el tema. Es un problema y una absoluta vergüenza que la secuela no se mueva a esa tasa de frames habiendo dejado atrás a PS3 y Xbox 360, pero las mejoras en el movimiento, en las físicas, iluminación y texturas saltan a la vista. Un detalle interesante es que los jugadores más fieles se habrán dado cuenta que Bungie ha mantenido intactos los niveles de sensibilidad de la cámara, lo que supone que (de nuevo) los jugadores más experimentados apenas necesiten una curva de aprendizaje.

El sistema de inventario sigue manteniendo la estructura, pero ahora las armas se agrupan por tipo de daño y se han desplazado los snipers y escopetas al arma especial. Esto es un cambio brutal en la forma de jugar, sobre todo en Crisol, pero también en PvE y cambia totalmente las mecánicas en combate, haciéndolo muchísimo más táctico. De nuevo, pequeños cambios, pero que cambian diametralmente el juego.

Poco sabemos del PvE, la beta solo nos muestra el Strike, que es espectacular tanto en localización como en boss final. Los nuevos enemigos siguen siendo de lo mejor producido pro bungie y algunos de los diseños más increíbles de los videojuegos de ciencia ficción, pero las dudas están presentes: no sabemos nada del sistema de progresión, del loot, de las sidequest y de os eventos aleatorios, por lo que no es algo sobre lo que podamos dar un veredicto.

En este sentido la beta pone todos sus esfuerzos en el Crisol: dos nuevos modos de juego y los cambios en los combates: ahora son mucho más competitivos: 4v4, las granadas, la super y la habilidad especial tarda mucho en cargar, los jugadores tienen más escudo y más vida, el cuerpo a cupero requiere de varios intentos y en general, se ha convertido en un juego más difícil. Lo interesante del asunto es que era casi todo lo que pedía la comunidad. Imperdonable, como decíamos los 30fps,

¿Es Destiny 2 un salto respecto a Destiny? Sin duda. Por lo que hemos podido ver en la beta es suficiente para justificar la secuela. Las dudas, no obstante seguirán presentes hasta septiembre: nivel de contenido, endgame y sistemas de progresión, pero sin duda lo que tenemos entre manos es algo que va más allá de añadir una raid y un par de armas. Si los juzgamos fríamente, tiene todo lo que una secuela de apenas dos años de desarrollo podría tener. Lo que no ha cambiado es que Destiny no es un juego para todo el mundo.

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