Con unos expresivos planos elevados, aéreos y cenitales comienza “The Unveiling”, séptimo episodio de la tercera temporada de Fear the Walking Dead, en el que Alicia Clark (Alycia Debnam-Carey) alcanza a Jake Otto (Sam Underwood) y se une a él de camino para parlamentar con el amenazante abogado indio Qaletqa Walker (Michael Greyeyes). Como consecuencia, su hermano Nick (Frank Dillane) se propone ir en su busca, pero con la condición impuesta por Jeremiah Otto (Dayton Callie) de que antes se aliste en el grupo de su hijo Troy (Daniel Sharman).

Del encuentro de Jake y Alicia con Qaletqa obtenemos dos cosas en principio: más verosimilitud para sus reivindicaciones territoriales, las históricas de los nativos americanos primigenios, por la mayor contextualización que brota de sus palabras y, en fin, el retorno de Ofelia Salazar (Mercedes Mason), a la que no veíamos en pantalla desde “Wrath” (2x14) y a la que Daniel (Rubén Blades), su padre, quiere hallar cueste lo que cueste. Y cuando Jake llega a cierto entendimiento con Qaletqa y Alicia debe quedarse en su lugar, los guionistas nos procuran un gusto con las lúcidas recriminaciones que Alicia le lanza.

Resulta incomprensible que la reaparición de Ofelia se lleve a cabo con semejante languidez audiovisual, como si no se tratara de una sorpresa, como si Alicia sólo la fuese a saludar al verla e invitarla un café en el último local de moda, sin siquiera puntualizar el instante justo con el trocito de partitura correspondiente. Cuánto tienen que aprender algunos de la habilidad para ello de otras series como Lost (J. J. Abrams, Jeffrey Lieber y Damon Lindelof, 2004-2010), que solía dejarnos con el culo torcido, permitidme la expresión, cada vez que algún personaje ausente reaparecía en pantalla.

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Jeremiah no está muy por la labor de aceptar los términos de paz de Qaletqa que le trae Jake, y desconfía; y Madison Clark (Kim Dickens) se altera por miedo a que le ocurra algo a su hija, ahora en manos del peligroso indio, quien por su parte trata de hacerla comprender sus motivaciones, sus absurdas creencias y el sufrimiento de su gente a causa del hombre blanco al que personifica la familia Otto y el resto de los habitantes del Rancho. Y la insensatez que la madre preocupada empuja a consumar a Troy, porque le debe que le haya guardado su terrible secreto, nos recuerda la feliz ocasión en que al grupo original de supervivientes no se le ocurrió otra cosa que soltar a dos millares de zombis en Los Ángeles, tan lejana ya, durante “The Good Man” (1x06).

Recordemos que Ofelia y Jeremiah se conocen desde que ella cruzó la frontera. Parece que hay algún agravio que contar al respecto, y que ella está al tanto de los planes de Qaletqa para apoderarse del Rancho. En el momento en que regresa allí como víctima de abandono, nos huele a chamusquina, y cuando uno estaba por suponer que “The Unveiling” sería un capítulo sin zombis, y que los espectadores para los que estas criaturas son su único interés iban a fruncir el entrecejo por la contrariedad, nuestros temores sobre Ofelia se confirman y se lía parda en los dominios de los Otto, que ya son los únicos fundadores que quedan para enfrentar la embestida de los indios furiosos.

El capítulo concluye con Nick en peligro de muerte a causa de las malas artes de Ofelia y con Madison persiguiendo a la hija traidora de Daniel Salazar, lo que sirve para elevar la tensión ahora que el fin de la primera parte de la temporada se acerca y, claro, para que la inquietud nos haga estar deseando ver la continuación, pero Fear the Walking Dead no ha creado el clima preciso para que eso suceda alguna vez. De lo que no cabe duda es de que lo que le vaya a ocurrir a Ofelia será motivo de enfrentamiento entre su padre y los Clark pues, en caso contrario, los guionistas de las serie demostrarían de nuevo que no saben aprovechar sus bazas.

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Con el estreno doble por la midseason, sigue “Children of Wrath” (3x08), donde nos narran lo que le ha ocurrido a Ofelia desde que no le vemos el pelo: la desconsideración de Jeremiah, su agonía y sus visiones en el desierto abrasador, cómo Qaletqa se topa con ella, la recoge y la cuida en el Motel Sombrero Negro. Y retornamos a la persecución en la que terminaba “The Unveiling”, con Madison bastante cabreada, y al estropicio entre la milicia del Rancho. Y descubrimos qué es lo que ha enfermado a Nick y a los demás antes de que se centren en Victor Strand (Colman Domingo), que ha escapado del inservible Hotel Rosarito después de que Daniel le abandonara al final de “Burning in Water, Drowning in Flame” (3x05) y, mientras busca comida, se tropieza con algo mucho mejor: su querido yate Abigail encallado en la costa, el cual había desaparecido en “Sicut Cervus” (2x06).

Alicia proporciona una ventaja negociadora por lo que supo cuando permaneció en el Sombrero Negro, que finalmente resultará inútil; y más tarde, Nick ata cabos y da con uno de los secretos mejor escondidos de Jeremiah y de la historia del Rancho, y el último fundador nos hacen saber que este conflicto con Qaletqa empezó mucho tiempo atrás. Entonces, los Clark reflexionan sobre si no se han confundido de bando en esta lid, y Alicia estalla al saber quién acabó de veras con la vida de la familia Trimbol, cargando contra su madre, que le responde con la elocuencia adecuada.

Una de las escenas más interesantes es la de la conversación de un desesperado Strand a través de la radio del Abigail con un astronauta ruso que ha quedado varado en la Soyuz, no sólo por las circunstancias insólitas, sino también porque aporta información sobre el alcance del apocalipsis zombi. Y en otra conversación, de Madison con sus hijos, nos enteramos de uno de sus secretos oscuros particulares que explicaría desde su comportamiento posterior en el hogar regido por Celia Flores (Marlene Forte) hasta su audacia insensata en el Rancho, que la conduce a proponer la última medida posible para salvarlo de la llegada de los indios, en una escena sin demasiado nervio cuyas consecuencias quizá se presenten en la forma de demonios interiores. Los mismos de los que Strand se libra simbólicamente al quemar el Abigail: el pasado es historia, pero el futuro continúa siendo incierto.

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