Se aleja lentamente el frío del invierno. Llega el primer día de la primavera y el sol comienza a calentar de verdad. Las flores estallan en colores y los pájaros comienzan sus frenéticos cortejos, mientras hacen sus nidos. ¿Y tu? ¿Qué te ocurre en el cuerpo? No hay duda de que algo te pasa. Lo notas en esa ligera inquietud, en ese apetito por relacionarte y vivir nuevas experiencias. ¿Será el calor? ¿Será la luz? ¿Será el aroma? Lo que es seguro es que la primavera, la sangre altera. Y vamos a ver por qué.

El secreto está en la luz

A partir del pasado solsticio de invierno, en diciembre, los días comenzaron a alargarse. Puede que no te hayas percatado hasta recientemente. Y tu cuerpo, probablemente, tampoco. Los animales vivimos bajo un ciclo regulado por muchísimos factores. Pero la luz juega un papel fundamental en el mismo. La luz es el "disparador" que señala la llegada de la primavera en nuestro cuerpo. Y lo hace regulando la segregación de una hormona llamada melatonina. La melatonina es la "relojera" fisiológica, ya que se encarga de regular el reloj interno, también conocido como ritmo circadiano. Esta hormona se produce en el hipotálamo (en el núcleo supraquiasmático) y se modula por la cantidad de luz que recibimos. Esta hormona a su vez comienza a controlar el ritmo de otra decena de ellas.

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Desde el cortisol, que se produce ante el estrés, hasta la TSH, que estimula la producción de hormona tiroidea (aumentando el metabolismo), pasando por las hormonas que controlan el sistema renal o la producción de serotonina y oxitocina (la "hormona del amor"). Por supuesto, la melatonina también afecta a la producción y control hormonal reproductivo. Y es que los animales llevamos millones de años adaptándonos al inexorable ciclo de las estaciones, ajustándonos al reloj que nos imponen. Por ello, la primavera le dice a nuestros cuerpos: es hora de despertar, de reproducirse, de volver a estar activos. Y lo hace gracias a nuestro reloj biológico, activado por el mayor número de horas de luz.

La felicidad de primavera

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Como decíamos, el control de la melatonina afecta a varias hormonas cruciales en nuestro bienestar: la serotonina, un importante neurotransmisor, la oxitocina, una hormona implicada en las relaciones sociales, la dopamina, implicada en nuestro sistema de recompensa y satisfacción o la noradrenalina, encargada de aliviar nuestro estrés. Aunque en los seres humanos no se ha descubierto ninguna feromona, muchos animales muestran este tipo de "hormonas" de atracción, encargadas de llamar la atención de posibles parejas (entre otras cosas). El calor, las prendas más sugerentes, la luz y las hormonas, todo, juegan en favor de la atracción. Es fácil sentirnos cautivados por las relaciones sociales, pues el complejo sistema fisiológico y psicológico está en marcha. Y también lo es sentirnos más felices con este hecho, por supuesto. Una traducción a esto podemos apreciarla en los animales, que comienzan a cambiar sus pautas de comportamiento. Y los seres humanos no somos menos.

La astenia primaveral

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Debido a la complejidad fisiológica, los beneficios de la primavera también tienen su parte mala. Entre las consecuencias negativas está la polémica astenia primaveral. Este efecto, dicen sus defensores, provoca el cansancio, la apatía o, incluso, la depresión en quien la sufre. Esto, por supuesto, puede deberse a razones hormonales, desajustes en el sueño, el cambio horario, variación en la alimentación o a factores psicológicos relacionados con la actividad de la época. Pero lo cierto es que realmente no sabemos cuáles son las razones para que se produzca. Ni si quiera sabemos realmente si podemos encuadrarlo dentro de un trastorno propiamente dicho, por muy afectados que se sientan algunos.

Alergias, el gran enemigo

Primavera
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Si algo hay que temer durante la primavera es a las alergias. Al menos quienes las padecen. Como ya os hemos contado en numerosas ocasiones, las alergias provocan numerosos problemas respiratorios en todo tipo de personas. Es normal que se agraven en estas fechas debido a una cuestión muy sencilla: el polen. Si hay seres vivos caracterizados por estar "dominados" por los ciclos estacionales, esos son las plantas. Y en esta época comienza la liberación de polen que permitirá que se reproduzcan. El sol y, sobre todo, el calor, produce la "eclosión" de vida reproductiva en las plantas. Las flores no son más que una manifestación de ello. Pero estas no son las más peligrosas. Los alérgicos han de temer sobre todo a las minúsculas gramíneas, cuyo polen es un polvo micrométrico que no se ve pero que está flotando por todas partes en esta época. Otros árboles como los olivos o los pinos también liberan una cantidad abrumadora de polen al aire. Este permanecerá flotando durante toda la estación hasta cumplir su cometido o se perderá en la tierra y el agua. Y mientras tanto, provocará un serio malestar a un cuarto de la población mundial (más o menos). Y es que nos guste o no, nadie se libra de la primavera y sus efectos, ya sean estos buenos o malos.