El pasado 26 de octubre se producía el famoso cambio de hora, una modificación que la regulación española contempla desde 1918. El apoyo de esta medida viene fundamentada por un supuesto ahorro energético, un criterio que ha recibido diversas opiniones críticas, como comentamos hace unas semanas.

Existen algunas dudas también sobre si los dos cambios de hora afectan de alguna manera a nuestro reloj biológico. Las últimas investigaciones dicen que las modificaciones fisiológicas que pueden suceder son mínimas, y mucho menores que las que se podrían producir, por ejemplo, como consecuencia del jet-lag.

Lo que sí sabe la ciencia desde hace tiempo es que los problemas en nuestro reloj biológico pueden originar a su vez problemas de salud importantes, tales como enfermedades hepáticas o neurodegenerativas. Por ello, su estudio resulta fundamental para la medicina. En particular, las investigaciones sobre el reloj biológico están relacionadas con la melatonina, la hormona responsable de regular nuestro ritmo circadiano.

De manera natural, nuestro organismo sintetiza melatonina, una hormona fabricada a partir de la serotonina, caracterizada por su variabilidad en ciclos de 24 horas. Su producción en función de la iluminación ambiental es clave para determinar los estados de sueño y vigilia.

El estudio de la melatonina, por tanto, no es solo importante para comprender trastornos relacionados con el insomnio.

Dado que su alteración puede provocar problemas de salud importantes, resulta interesante conocer desde un punto de vista científico cuál es su origen y si a lo largo de la evolución ha habido cambios importantes en su producción.

Una reciente investigación, realizada por los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) de Estados Unidos, ha indagado en el pasado de la melatonina, con el objetivo de conocer cuándo comenzó la producción de la hormona que regula nuestro ritmo circadiano. En otras palabras, los científicos norteamericanos pretendían saber cuándo comenzó a funcionar el reloj biológico que presentan algunos organismos vivos, entre otros los seres humanos.

Al parecer, según sus resultados publicados en la revista PNAS, la melatonina podría haberse originado hace 500 millones de años, cuando los vertebrados se separaron de sus ancestros invertebrados. Además, la investigación indica que la melatonina podría haber surgido para tratar de eliminar compuestos tóxicos del ojo, aunque posteriormente su función biológica principal haya variado sustancialmente, hasta actuar como un verdadero reloj biológico.

Estos resultados son coherentes con los lugares de producción de la melatonina. Aunque mayoritariamente se forma en la glándula pineal, lo cierto es que a día de hoy todavía pueden encontrarse restos residuales en la retina del ojo, lo que encajaría con la primitiva función biológica a la que apuntan los científicos del NIH.Su función primitiva podría ser la eliminación de compuestos tóxicos del ojo

La forma ancestral de esta proteína se encontraría en la enzima AANAT de los no vertebrados, que aunque no es la misma estructura biológica que la melatonina, sí podría haber actuado como "precursor" de esta. El papel de la proteína AANAT en los vertebrados actuales es clave, pues está implicada en transferir un grupo acetilo a la serotonina, para así producir N-acetilserotonina, más conocida como normelatonina. Este último compuesto sí actúa como precursor real de la síntesis de melatonina.

Como vemos, rastrear el papel evolutivo que ha tenido la melatonina es importante para desvelar por qué se originó y cuáles han sido sus funciones biológicas. Este último estudio parece aclarar un poco buena parte de los inicios de esta importante hormona.