Hace entre 200.000 y 550.000 años, dos especies muy próximas de primates practicaron sexo entre ellas. Los encuentros furtivos de bonobos y chimpancés quedaron grabados en el ADN de sus descendientes, según ha demostrado un trabajo publicado hoy en la revista Science. El estudio demuestra por primera vez que los humanos modernos no fueron los únicos en mantener relaciones sexuales con otras especies.

La investigación, en la que han participado científicos de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona, apunta que el 1% del genoma actual de los chimpancés deriva de los bonobos. El hecho de que estos encuentros sexuales quedaran impresos en el ADN recuerda a lo ocurrido entre humanos y neandertales, cuyas relaciones hace 100.000 años están todavía presentes en nuestro genoma. Según las estimaciones, entre el 2 y el 4% del ADN de los seres humanos cuenta con huellas de Homo neanderthalensis.

ADN contra el tráfico ilegal de especies

El artículo en Science ayuda a comprender el flujo genético que se produjo entre nuestros parientes vivos más cercanos, y podría dar más información acerca de la evolución humana. Aunque ya se había observado cruces entre bonobos y chimpancés en cautiverio, no se había demostrado que estas relaciones sexuales se produjeran al aire libre. Los investigadores han analizado el genoma completo de 65 chimpancés y 10 bonobos, un estudio que también ha señalado que la genómica puede revelar la región de origen de la primera especie, lo que puede ayudar mucho en los esfuerzos para promover su conservación.

"Conocíamos el origen de todos los chimpancés estudiados y hemos demostrado que los individuos que proceden de diferentes países también son genéticamente distintos", comenta a Hipertextual el Dr. Tomàs Marquès-Bonet, jefe del laboratorio de Genómica comparada de la UPF. Su estudio, que surgió tras analizar la diversidad genética general de los grandes simios y los humanos, cuenta con una aplicación inmediata contra el tráfico ilegal de especies. Este es un comercio muy lucrativo, ya que un chimpancé puede llegar a venderse en el mercado internacional por más de 20.000 dólares.

"Nuestro trabajo prueba que con estas herramientas moleculares es posible identificar el origen de estos animales y ver de qué países proceden, algo que puede ayudar dados los problemas legislativos y de reintroducción que existen actualmente", explica Marquès-Bonet. La segunda aplicación del artículo publicado en Science es de tipo evolutivo, ya que hasta ahora se pensaba que los chimpancés y los bonobos se habían separado hace más de dos millones de años. El imponente río Congo también sirve de barrera natural para las dos especies: mientras que los chimpancés se sitúan al norte, los bonobos se encuentran al sur.

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Una hembra de chimpancé descansa junto a su hija en el Parque Nacional de Kibale (Uganda). Crédito: Kevin Langergraber.

Tras secuenciar el ADN y compararlo, los científicos vieron que los chimpancés del centro y el este de Nigeria y Camerún comparten mucha más información genética con los bonobos que los chimpancés de las zonas del oeste. "La explicación más razonable a este exceso de material genético compartido es que ambas especies se hubieran cruzado hace miles de años", apunta Marquès-Bonet. Los investigadores han podido determinar la fecha de aquellos encuentros furtivos estudiando la longitud y similaridad de los fragmentos de ADN analizados.

Tradicionalmente, los chimpancés y los bonobos han sido considerados especies muy próximas. Incluso hasta 1929 eran estudiados como si fueran el mismo grupo de primates, aunque presentan características geográficas, físicas y conductuales que los diferencian, según aseguró el experto Frans De Waal en una entrevista publicada por El País. Los chimpancés, por ejemplo, presentan un comportamiento más violento; mientras que si hay tensiones entre bonobos, las resuelven practicando sexo. Estos primates han sido conocidos además por mantener una vida sexual muy rica, incluyendo relaciones homosexuales y en grupo.

El hecho de que las especies vivas más cercanas a los humanos se hayan cruzado influye en nuestra propia evolución. "Los árboles evolutivos actuales son modelos que no reflejan los flujos genéticos, por lo que habrá que reescribirlos para estimar la proporción que hubo", tanto entre neandertales y humanos como entre bonobos y chimpancés, según Marquès-Bonet. Los resultados desmienten el mito que afirmaba que las especies, una vez separadas en la evolución, ya no se volvían a cruzar más. Y es que las relaciones sexuales en la historia han sido mucho más dinámicas de lo que podríamos pensar.