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Ante el repetido discurso y constantes declaraciones de Donald Trump en contra de los mexicanos radicados en Estados Unidos, y mexicanos en general, el gobierno de México, a través de su Cancillería ha decidido hacer un "alto en el camino" y replantear una posición más firme.

Los primeros cambios que se deben a esta estrategia ya se han dado. Recientemente la secretaria de Relaciones Exteriores, Claudia Ruiz Massieu anunció el nombramiento de Carlos Sada Solana como embajador en Estados Unidos, sustituyendo a Miguel Basáñez Ebergenyi que, cabe señalar, permaneció en este puesto solo siete meses.

Por otro lado, también fue designado Paulo Carreño King como Subsecretario de Amércia del Norte; estos cambios obedecen, según declaró en entrevista la canciller Ruiz Massieu, se deben a la "retorica antiinmigrante" que ha encontrado voz y estandarte en la candidatura de Donald Trump.

Los cambios de la Cancillería obedecen a la necesidad de una postura firme, aseguró Ruiz Massieu

La canciller también señaló que las nuevas circunstancias requieren nuevas estrategias; esto en virtud de justificar el cambio de embajador luego de pocos meses en el puesto. La nueva estrategia, dijo Ruiz Massieu debe centrarse en la importancia de la relación bilateral entre México y Estados Unidos, del respeto a las personas que viven y trabajan en este último, así como de la imagen del país en el exterior.

Desde que Trump comenzó su campaña como precandidato republicano a la presidencia inició una escalada de comentarios, posturas y declaraciones antiinmigrantes, cosa que le ha costado que varias marcas cortaran relaciones con él. Esto solo ha exacerbado al precandidato quien ha subido el tono de su discurso (incluyendo medidas que tomará contra otros grupos de llegar a la Presidencia); ha dicho, por ejemplo, que México envía a los peores ciudadanos a Estados Unidos llamándolos violadores y criminales. También ha dicho que creará un enorme muro que dividará a los países y que será el propio México quien pagará por él.

En este punto y durante varios meses, el Gobierno de la República se mantuvo en un bajo perfil, sin esclarecer su postura o confrontar al magnate precandidato. La nueva estrategia de México se debe a la presión interna que urge una respuesta firme y que apoye a los ciudadanos mexicanos que radican en el país vecino del norte y a los mexicanos en sí.

Durante estos meses de silencio destacaron las posiciones de los expresidentes panistas: Felipe Calderón y Vicente Fox, quienes declararon abiertamente su oposición ante los planteamientos de Trump e, incluso, Fox demostró, como es su costumbre, una postura sin diplomacias.

Para los mexicanos ha sido más fácil expresar su postura frente a Trump; baste ver el "judas" preferido en la pasada fecha de "quema de Judas", tradición popular en diversas partes de la República que consiste en quemar figuras de los enemigos o cualquier persona non grata los Sábados de Gloria de cada Semana Santa.