Quien más, quien menos, todos nos hemos tropezado alguna vez con trolls en internet, esos molestos usuarios que se dedican a embrollar los debates de los foros o a emponzoñar los blogs con sus comentarios. Unos, porque están obsesionados con un asunto, lo suyo es una cruzada de las que hacen época y la meten donde no viene a cuento con calzador, y otros, por simple diversión y afán de destruir, como si fueran los Jokers de la red, que te llenan un hilo de discusión de su basura y mal rollo y, si reaccionas, te preguntan: "Why so sirious?"

Razonar con ellos es inútil, y hay diversas formas de combatir a esta gentecilla.

Los modos clásicos de luchar contra un troll

combatir a un troll
Oxlock - Shutterstock

  • “Don’t feed the troll”: no darle de comer, no responderle, no seguirle el juego ni su estela destructiva. Hacerlo es contraproducente; supone caer en un pozo sin fondo, ayudarle a conseguir lo que desea: que habléis de su obsesión o cargarse el debate. Y además, los dimes y diretes que esto genera son una grandísima pérdida de tu tiempo. No obstante, hay quien se consuela pensando que, bueno, al menos así aumentan las visitas a la página, pero esto es un error: tarde o temprano, el troll se cansará de su propio juego y se largará con viento fresco, y el mal rollo generado permanecerá para otros usuarios, que quizá no estén dispuestos a volver, es decir, finalmente afectará de manera negativa a las visitas de tu página.

  • Borrar los comentarios del troll cada vez que nos amenice el día con uno.

  • Banear al troll: bloquearle el acceso por su dirección IP, o sea, cerrarle la puerta en las narices y cortar de raíz sus intervenciones.

  • Crear un registro de usuarios que impida los comentarios anónimos: obligarle a aportar más datos, sacándole supuestamente un poco del anonimato, para poder participar y controlar así un poco más sus movimientos.

Pero estos modos de neutralizar a un troll no siempre funcionan. No darle de comer o borrar sus comentarios no sirve de mucho para los más cansinos, que aunque se harten de dar la lata en determinado momento, suelen volver al tiempo a repartir otra mano con fuerza renovada, y para cuando se han extenuado de tanto fastidiar, el hilo de conversación ya está hasta los topes de su basura o uno está hasta las narices de eliminar comentarios. Además, uno no puede controlar que el resto de usuarios contesten un troll. Banearle no le impide volver a aparecer con otra IP y continuar con la diversión. Y obligarle a registrarse, aunque sea utilizando una cuenta de Facebook para comentar, tampoco evita que pueda crearse una falsa para el mismo propósito.

Combatir a un troll con armas distintas

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Memo Angeles - Shutterstock

En los foros, normalmente sólo podréis aplicar las técnicas clásicas contra los trolls. Pero imaginaos que administráis un blog u otro tipo de publicación digital y uno de vuestros principios es el respeto absoluto a la libertad de expresión y, por tanto, os negáis a borrar ningún comentario (excepto el spam) por aquello de lo difícil que es saber dónde poner el límite. En esta circunstancia, banear al troll y borrar sus comentarios está descartado. Podéis no darle de comer y crear un registro para usuarios pero, como hemos visto, no se trata de ninguna garantía de eficacia contra los trolls.

Sin embargo, hecha la ley, hecha la trampa, porque no borrar ningún comentario no quiere decir que no puedas editarlos a tu conveniencia respetando el mensaje. Así que propongo editarlos de la siguiente manera:

  • Identifica al troll como tal: si se te ha colado un obseso o un destructor en tu página, cambia su nombre y aclárale a todos que lo es. Si el troll se llama, por ejemplo, Zetetic1500, modifica su nombre de usuario para que sea "el troll Zetetic1500". Será como si llevase luces de neón encima; los otros usuarios probablemente pasarán de él, al propio troll no le hará ninguna gracia verse señalado como tal y, ante este sabotaje identitario, es fácil que decida desaparecer.

Esta técnica es especialmente efectiva con los trolls que suplantan la identidad de otros usuarios para causar confusión y daño. Compara la dirección IP desde la que escribe con la del usuario real y cambia el nombre del troll: se acabó la confusión y se acabó la gracia.

  • Describe el modus operandi del troll: hay algunos que son tan cansinos que necesitan un poco más de brillo en sus luces de neón, así que, además de identificarle cambiando su nombre, deja una firma de él en su comentario y detalla cuál es su comportamiento; en negrita, para que se vea bien. Este tipo de trolls suelen tener una carrera de petardos a sus espaldas, así que es probable que sean algo conocidos en publicaciones acerca de su obsesión y no será difícil hacerse una idea de cómo actúan normalmente si no basta con su intervención en tu página. De este modo, el troll Zetetic1500 tendrá lo siguiente al final de cada comentario suyo, anterior y futuro:

"Firmado: El troll Zetetic1500, considerado por «oír campanas pero no saber dónde, emular perfectamente la experiencia de hablar con una pared, saber insultar sin que le baneen (aunque esto es probable que pasara porque el linier pudiera estar leyendo la Hola), barrer la discusión (aunque sea sobre el 11-S) hacia su casa, la homeopatía, y soltar burradas sobre desgracias de terceros»".

Os aseguro que, por lo general, estas técnicas dan resultado.

No obstante, hay quien siente ciertos escrúpulos con utilizarlas porque ven denigración en ellas. Si sientes estos escrúpulos, deberías pensar que el troll que destroza los debates en tu página no tiene ningunos y que no estás incumpliendo ninguna ley ni de la buena educación. Pero si ni tan siquiera te sirven estas razones, puedes emplear las formas clásicas de lucha contra los trolls; siempre será interesante ver que a alguien le parezca mal agraviar supuestamente a un troll pero no el hecho de cerrarle la bocaza y censurarle. En cambio, si eres de los míos, remángate y manos a la obra: ¡trolea al troll!