Algunos puede que todavía recuerden aquel tiempo en el que comer carne no era fácil ni barato. Hace unas décadas, no tanto tiempo, no era plato de diario. Hoy día puede parecernos mucho más barata. Pero la carne se cobra un alto precio.

Los últimos estudios indican que la cría intensiva de cabeza de ganado supone más del 15% de emisiones de metano, gas de efecto invernadero. Esta cifra no es baladí. Un 15% es muchísimo para una sola fuente y se acerca bastante a la cifra producida por la industria o por los vehículos. No hay que hacer alarma de este asunto, pero es importante conocer qué implicaciones tiene el hecho de que todos los días tengamos un filete en la mesa. Por que nuestro futuro depende de que lo comprendamos.

No solo en tu plato

Durante 2014 produjimos unos 308 millones de toneladas de carne. Hace unos 50 años, la producción era solo de unos 78 millones por año. Cuatro veces más. La población ha crecido de casi 3 mil millones a siete mil, se ha doblado. Pero la producción de carne se ha incrementado más de lo que cabría esperar. Esto tiene varias implicaciones. La primera de ellas, positiva, es que casi todo el mundo tiene acceso a la carne, que en nuestra dieta omnívora es Hemos pasado a producir 4 veces más toneladas de carne en solo 50 años...necesaria. Pero una cosa es que sea necesaria y otra el que sea positivo abusar de ella.

En primer lugar, dejando de lado las cuestiones éticas, que surgen sin más remedio en torno al sacrificio animal, el acceso excesivo a la carne está directamente relacionado con un empeoramiento de nuestra dieta. Somos primates omnívoros y eso implica el consumo de cereales, frutas y verduras. Pero actualmente muchas dietas ponen como plato principal, en 5 de cada 7 veces (por la semana), un buen filete de carne. Es barata, es sabrosa y muy sana siempre que entre ...pero no todos los países tienen acceso fácil a este recursodentro de un consumo responsable. Cosa que se nos olvida constantemente.

Por otro lado, el acceso a la carne, barata, solo se produce en los países considerados como desarrollados. Los países en vías de desarrollo siguen teniendo problemas tremendos para acceder a este recurso, el cual sigue siendo abusivamente caro, lo que supone que esa enorme producción de carne sigue concentrada en solo unos países, incrementando el abuso de la misma. Pero más allá de la dieta, la producción de carne tiene unas consecuencias mucho más peligrosas de lo que imaginamos. Hablamos de los gases de efecto invernadero.

La carne y el cambio climático

Efectivamente. Hay una relación directa entre el cambio climático y la cría de animales intensiva para producir carne. Los últimos datos indican que el 15% del metano que se emite a la atmósfera es producido por los animales. Bien por su proceso de digestión (creo que no hay que explicar mucho al respecto), debido a su hábito rumiante, o bien por la producción de estiércol. Eso sin añadir la huella de carbono que implica el transporte y procesamiento de la carne. Los pastos necesarios para mantener el ganado actual suponen un 26% de las tierras (sin contar con los polos helados) del mundo. Un 26% menos de bosque a nivel mundial.

El crecimiento desmesurado de nuestra necesidad de carne resulta inviable en un futuroY el crecimiento sigue de manera descontrolada. Cuantas más personas, más carne necesitaremos. El apetito de los países desarrollados sigue creciendo y creciendo. Y con él las necesidades y las emisiones. Esto se traduce en una economía sencillamente insostenible. Un futuro inviable. Parece ridículo ver como ayer el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, denunciaba el cambio climático y apostaba por poner soluciones mientras que todos somos cómplices de un empeoramiento de sus efectos por ser, sencillamente, ignorantes del problema.

¿Y cuál es la solución? Algunos expertos dicen que habría que poner una tasa a la carne. Algo que nadie está dispuesto a asumir. Diversos colectivos animan a un consumo mayor de vegetales, cosa muy sana y recomendada. Pero la solución tiene que ser de un tamaño mucho mayor. Ha tomarse de manera global. Hay que ser conscientes de que necesitamos nuevas maneras de alimentarnos. Nuevas maneras ética y ambientalmente eficientes. Sostenibles. Con esto no abogamos por dejar de consumir carne. Esta preferencia va acorde con cada uno. Eso sí, cuando lo hagas, se consciente de lo que cuesta en realidad.