¿Recuerdan la Nokia de la década pasada? Nokia dominaba de principio a fin el mercado de la telefonía móvil. Su cuota de mercado rara vez bajaba del 30 % y era habitual verla cerca del 50 %. Piénsenlo fríamente: de cada dos teléfonos que se vendían, por momentos uno era de Nokia. Por encima de la Samsung actual en los países en que está más fuerte.

Cómo no, Nokia innovaba, arriesgaba, proponía teléfonos realmente diferentes. ¿Por qué? Porque podía. Su ventaja era tan insultante que no pasaba nada si se escapaban algunos millones por el recorrido de un teléfono de escasas ventas. Al fin y al cabo, servían como una especie de publicidad. Una forma de decir "nosotros podemos permitirnos hacer esto". Por eso lanzó terminales como el Nokia 7600 y su peculiar diseño en forma de hoja.

O el Nokia 7380, sucesor del 7280 y su diseño tipo barra de labios, con mini-espejo incluido. No queráis saber cómo de cómodo era enviar un SMS a través de él.

Nokia tenía margen incluso como para presentar diseños tan alocados y únicos que más tarde se cancelarían antes de salir al mercado. Como con el Nokia 7700.

Los buenos tiempos para Nokia se esfumaron poco después. La mañana de verano de 2007 en la que Apple comenzó a vender el primer iPhone, en Nokia comenzó el invierno. Se sucedió una noticia mala tras otra (el rechazo progresivo a Symbian, el purgatorio eterno de MeeGo, las brutales caídas de los beneficios año tras otro, problemas con los accionistas...).

Así que Nokia dejó de arriesgar, dejó de presentar diseños sorprendentes con ventas presumiblemente bajas, tuvo que pasar a apuestas con las que los ingresos estuvieran algo más asegurados. Dinero al margen, esas propuestas sólo tienen sentido como fondo de armario, como complemento, nunca como protagonista. En otras palabras, ha de haber un portfolio que convenza antes de querer introducir este tipo de apuestas. Y aquí es donde entra BlackBerry.

Hace poco ya hablamos de BlackBerry. Ha tenido tiempos mucho mejores, y a nivel de ventas y de prestigio de sus terminales, difícilmente le podría ir peor. Hoy ha presentado BlackBerry Passport, uno de los terminales que firmaría la Nokia de los 2000. Pero no la Nokia de los 2010. Y BlackBerry está peor que la Nokia de los 2010. Ni la Samsung actual y su desmesurada ventaja lanzan terminales así.

No me haría ninguna gracia ver a BlackBerry desaparecer como marca, y estuvo cerca de ello con el amago de compra de Fairfax antes de que llegara John Chen como CEO, hace ahora un año. BlackBerry es una histórica y sería muy triste que desapareciera. Perdería la industria, perderíamos todos. Por eso no me alegra nada que presente un terminal así.

Con BlackBerry Passport, la antigua RIM va a por el nicho corporativo que en otros tiempos le hizo grande. Pero su tamaño y su ergonomía le vetan cualquier opción a tener una acogida generalizada en las masas. Incluso en las masas de su nicho especializado. La competencia, sobre todo Samsung y Apple, han ahogado a BlackBerry. BlackBerry 10 no ha convencido al mercado y sus ventas sólo han hecho que bajar. BlackBerry podría haber puesto todas las facilidades y ventajas posibles para que los estudios de desarrollo más famosos llevasen a su plataforma sus aplicaciones (la solución de aceptar .apk's no es completa, lo siento).

Podría haber hecho terminales algo más friendly para el mercado actual. Incluso podría haberlos optimizado para el sector corporativo. Pero ha decidido arriesgar. Cuando eres tan poderoso como la Nokia de los 2000, no tienes mucho que perder con una apuesta invididual. Cuando tu situación en el mercado es de una cuota de mercado mundial inferior al 0,2 % y tu división de hardware te da una decepción tras otra, no es momento de arriesgar de esta forma. BlackBerry está haciendo lo que en navegación marítima sería equivalente a remar con un colador. Dentro de un año volveremos a "hablar de BlackBerry".

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