El volcán Kawah Ijen es uno de los lugares más increíbles del planeta Tierra. Situado en Indonesia, cuenta con 2.600 impresionantes metros de altura. Este estratovolcán, con forma cónica y un perfil realmente escarpado, es una auténtica belleza visual por sus explosivas erupciones.

Olivier Grunewald es uno de esos fotógrafos que recorren las zonas más asombrosas del planeta. Acompañado de su cámara, ha inmortalizado algunos de los parajes naturales más espectaculares, entre los que se encuentra por suerte el Kawah Ijen. Ganador en cuatro ocasiones del conocido World Press Photo, Grunewald es testigo de fenómenos naturales como la erupción de volcanes o las increíbles auroras boreales.

La química que se esconde debajo de un volcán

Las erupciones del Kawah Ijen no solo son un auténtico espectáculo visual. Las llamaradas y gases que brotan de sus entrañas, con un increíble azul eléctrico, son además producto de fenómenos químicos que se producen en el interior de este volcán indonesio.

Como vemos en el siguiente vídeo, tomar fotografías del Kawah Ijen no es sencillo. La gran cantidad de azufre y cenizas emitidas por el volcán hace que Grunewald tenga que realizar su trabajo siempre con una mascarilla puesta, para evitar la toxicidad de los gases procedentes de su interior:

En un anterior artículo sobre Halloween y ciencia, vimos cómo los colores de una llama pueden variar en función de la composición química que presenten. Podríamos, por ejemplo, cubrir una calabaza con sodio para que al flamearla, adquiera un curioso color amarillo. Si por contra aplicáramos ácido bórico, la llama resultante sería verde.

Algo similar ocurre en el volcán Kawah Ijen. A pesar de que el azufre presenta un tono amarillo pálido a temperatura ambiente, algo cambia cuando aplicamos calor. Este fenómeno precisamente es el que produce el cambio de coloración a gases de azul increíblemente eléctrico. La variación cromática ocurrida en Indonesia, por culpa de los incrementos de temperatura, puede verse a la perfección en este vídeo:

El arriesgado trabajo fotográfico de Grunewald nos permite conocer zonas tan recónditas como el estratovolcán Kawah Ijen. Inmortalizar sus flujos azules pone en peligro la vida de este intrépido francés, debido a la alta toxicidad del azufre en estado gas. Y es que la erupción de los gases sulfurosos se produce al elevadísimas precisiones y temperaturas, cercanas a los 600ºC.

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