Arthur C. Clarke es un genio que tal vez se mantendrá firme en la memoria colectiva de la cultura popular por su aportación al séptimo arte, sin embargo (y por fortuna) su obra es mucho más rica y compleja que eso. Este 19 de marzo se han cumplido cinco años de su fallecimiento y resulta una ocasión idónea para dar una breve retrospectiva de aquello que aportó, cómo hemos avanzado desde su partida, así como esas visiones que tuvo, que hoy por hoy resultan cada vez más cercanas y ciertas.

Clarke construyó un mundo único que cada vez nos resulta más familiar. En sus obras no encontramos duelos de sable láser, ni combates aéreos, ni invasiones alienígenas turbulentas con coches cósmicos. Al contrario, en su ficción y ensayos encontramos un pulso, una suerte de latido, donde podemos observar acompasado el orden y geometría de la ciencia, del razonamiento humano y la incertidumbre del espacio exterior. Como una suerte de lienzo (oscuro) donde los miedos y anhelos del hombre son siempre posibles, bajo un determinado costo, comprendiendo el orden implícito del universo.

En su novela de culto, 2001: A Space Odyssey encontramos un atisbo de su visión. Desde el proceso de una misión espacial, años antes de que siquiera el hombre pisara la luna, pasando por la idea de los satélites y la aplicación de las telecomunicaciones hasta la presencia del Newspad en el capítulo 9, un dispositivo que bien podría ejemplificarse hoy con el iPad.

Arthur C. Clarke, el legado y huella a 5 años de su muerte

"Estoy seguro de que casi todo lo que se mostraba en 2001 ocurrirá efectivamente en las próximas décadas"

De hecho, en 1964 el muchacho tuvo el arrojo de intentar predecir cómo sería la vida del futuro, un futuro que ya es presente y donde encontramos más de algún punto cumplido con total certeza sobre su visión del 2014:

Podremos estar en contacto instantáneo con otros, donde sea que nos encontremos, podremos conectar con nuestros amigos en cualquier punto del planeta, incluso cuando no sepamos su actual ubicación física. Será posible dentro de 50 años, para un hombre dirigir remotamente sus negocios desde Tahití o Bali de la misma forma en que podría hacerlo desde Londres. Casi cualquier habilidad ejecutiva, administrativa o incluso física podrá realizarse independientemente de la distancia. Hablo totalmente en serio cuando sugiero que algún día podremos realizar neurocirugías en Edimburgo operando a paciente que se encuentren en Nueva Zelanda.

Gracias a la internet y la telefonía móvil es posible la comunicación inmediata con nuestros contactos sin importar la distancia física. El trabajo remoto es una realidad presente en nuestras organizaciones, de hecho Hipertextual y muchas otras compañías llevan una parte importante de sus funciones mediante esta dinámica, incluso las cirugías asistidas a distancia son una realidad desde hace casi una década. A fechas recientes se han visto avances importante en materia de inteligencia artificial, la exploración espacial muestra un nuevo impulso, ahí tenemos el Curiosity y los futuros vuelos espaciales con fines comerciales. Arthur era un visionario.

Arthur C. Clarke era más que un escritor, también fue físico y matemático, además de un gran aficionado a la astronomía; incluso llegó a ser Presidente de la Sociedad Interplanetaria Británica (BIS, por sus siglas en inglés), la más antigua asociación enfocada al estudio de la astronáutica, elementos de donde deriva lo que tal vez sea su legado más trascendente:

El principio de la utilidad de la órbita geoestacionaria (también conocida como Órbita Clarke), que se aplica hasta nuestros días para la trayectoria de los satélites artificiales, volviendo posible comunicarnos mediante ellos. La próxima vez que conecten el GPS pensad un poco en este genio.

Clarke sabía que muchas de las cosas que escribió aspiraban a ser realidad, tarde o temprano, no tanto por su imaginación, sino por la sensatez de saber que el hombre seguirá explorando a donde sea que lo lleve, llegará ahí, tarde o temprano, como dijo en su momento: “estoy seguro de que casi todo lo que se mostraba en 2001 ocurrirá efectivamente en las próximas décadas. Puede ocurrir mañana, dentro de mil años o nunca..."

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