Aunque usted no lo crea, las coreografías estan sujetas a una de las leyes más fundamentalistas e inútiles de nuestros tiempos: el copyright.

Para no ir más lejos y no darle vueltas a este verdadero disparate, Beyoncé podría enfrentar una demanda por infringir el derecho de autor de la coreógrafa belga, Anne Teresa De Keersmaeker de la compañía de danza “Rosas”.

La coreografía de la discordia aparece en el video del sencillo "Countdown" de Beyoncé, y estos, son los pasitos en controversia:

Beyoncé y su disquera, sin embargo, pertenecen a una élite con el dinero y los abogados necesarios para respetar la ley de propiedad intelectual -- porque el copyright hoy en día es una cuestión de dinero, de nada más.

Como casi todos ya entendemos, todo es una remix, no existe tal cosa como “obra original”. Copiar no es un problema, es simplemente algo tan humano como el lenguaje y sus expresiones corporales, literarias, musicales.. etcétera, etcétera.

Dicho lo anterior, también entendamos que el copyright le da ciertos derechos a cierta gente, pero también despoja a muchos otros individuos, de otros derechos.

Si no es muy claro de lo que hablo, puede ser que la nueva Edición Matrix de la serie “Todo es un remix”, explique mejor la locura que significa clamar copyright sobre las expresiones corporales (o sus ejecuciones), que además, seguirán siendo reproducidas, re-interpretadas, re-imaginadas, recicladas y revolucionadas, como siempre ha sucedido.

En fin, ¿que sería de Kill Bill o The Matrix sin algo tan normal como la imitación de expresiones corporales?

Es increíble, y me sigue costando trabajo entender, que en pleno siglo XXI sigan existiendo autoridades expertas empeñadas en tergiversar las leyes de derecho de autor y utilicen este privilegio (que la sociedad les da) como una herramienta legal para para obstaculizar la circulación cultural y hacernos creer que se pueden limitar las expresiones...ahora, hasta corporales, como en el caso de la coreografías®.

Si no puedo bailar no quiero ser parte de tu revolución, decía una gran feminista. Si no podemos copiar, tampoco.