Dicen que el capitán debe quedarse hasta que se hunda el barco. Por eso, siempre es significativo enterarse cuando algún directivo o fundador de un servicio ha dejado a la deriva a su creación. Así pasó con la salida de Evan Williams de Twitter, quien disminuyó paulatinamente su participación en la red social hasta dar un paso al costado de la empresa. Si un padre deja de tenerle fe a su hijo, es porque hay muy pocas esperanzas para el futuro.

Para ponerle un clavo más al ataúd, ahora nos enteramos que ni siquiera los creadores de MySpace se toman la molestia de actualizar su perfil. Chris DeWolfe, otrora CEO de la empresa, tiene marcado su perfil como privado y rara vez lo utiliza; en tanto que Tom Anderson --sí, ese Tom que nos dio la bienvenida a MySpace-- subió su última entrada en un lejano 1 de marzo de 2010. Además, por alguna extraña razón, la edad de Anderson no aparece actualizada. En su perfil, el fundador tiene 35 años, mientras que en la vida real ya cumplió los cuarenta.

Desde hace meses, MySpace está expirando un larguísimo último aliento. ¿Qué? ¿A poco todavía seguía vivo? Si bien en el imaginario colectivo, el sitio es obsoleto desde hace un par de años, aún guarda una cuota mínima de usuarios que lo mantienen vivo. Su decadencia es obvia: pasaron de tener 75 millones de visitas únicas en enero de 2010 a 45 millones en enero de 2011 (y siguen a la baja). Además, a inicios de año despidieron a casi 60% del personal, con News Corp. ofreciéndolo al mejor postor.

Yo opino que a MySpace ya deberían darle una muerte digna, en lugar de intentar fallidamente recuperar un servicio que, en su momento, tocó el cielo. De poco sirvieron las alianzas con Facebook o los rediseños de perfil. Ojalá se concrete el rumor de venta, aunque Rupert Murdoch tenga que dar el servicio en precio de saldo (de los 580 millones que gastó en 2005, sólo podrá recuperar menos de 100 millones). Y los demás involucrados, a lo que sigue, como Todd Leeloy con su Tagging Robot. MySpace ya es historia. Next!

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