El periodismo de guerra es una profesión peligrosa. Ahora imagina lo complicado que debe ser desempeñar esta tarea a la mitad de un conflicto entre superhéroes. A través de los ojos de Ben Urich y Sally Floyd, examinamos las aristas de la Guerra Civil de Marvel no sólo desde una perspectiva social, sino también con un tono indagador que nos desvela, viñeta a viñeta, un mundo que se sacude bajo el fuego cruzado. Como pocas veces, se entiende la labor del periodista desde esta visión subjetiva. Sally y Ben son polos complementarios. Urich, trabajando para el inefable Daily Bugle de J. Jonah Jameson, empecinado en preponderar la venta de diarios al análisis de la verdad; Floyd, en un periódico de tendencia alternativa, cegada en la defensa irreflexiva de los perseguidos, de las víctimas, de los denostados.

A través de las páginas de Civil War: Front Line, presenciamos cómo la historia se desdobla ante nosotros. Lo que inicia como un error infantil de un grupo de superhéroes novatos deviene en una situación incontrolable, en el pretexto perfecto para sentar orden entre las filas. Tony Stark y Reed Richards entienden esta responsabilidad histórica, pero el saco les queda demasiado grande. Víctimas de su propia ceguera y delirios de mesianismo, justifican y alimentan una guerra con argumentos de frialdad implacable. En un momento de la trama, Urich se entrevista con Richards, quien le muestra un modelo matemático de cómo colapsaría la situación sin un registro de superhumanos. "¿Conoce el beisbol?", cuestiona Urich. Reed responde afirmativamente. "Bien, porque todos sabemos que las estadísticas dicen una cosa y no es raro que el equipo contrario gane de vez en cuando", sentencia el periodista.

Del otro lado, Sally se mete hasta las entrañas de la resistencia. Empero, su búsqueda es rabiosa, desenfrenada, intensa. Es sólo mediante la calma que da la experiencia de Urich --y la intervención incómoda de S.H.I.E.L.D.-- que ella comprende el cuadro general. Sin ponerse jamás del lado de los pro-registro, cuestiona los métodos e ideales de quienes se oponen, en especial del Capitán América. Su última entrevista es épica, mostrándole al héroe que defiende un país que no conoce, que no comprende y en el que no vive. "¿Conoce MySpace?", le dispara la periodista. El silencio se impone.

Sin embargo, donde la historia alcanza su momento más álgido es, paradójicamente, cuando los reporteros no son protagonistas. Un poco al costado, Civil War: Front Line nos muestra qué ocurrió con Speedball, el héroe que sobrevivió al accidente de Stamford. Tras la explosión, Robbie Baldwin se convierte en el chivo expiatorio, en el apestado, en el "hombre más odiado de América". Su existencia queda justificada sólo para el castigo, la ignominia y el escarnio. No hay tregua para él, ni mucho menos piedad o perdón. Vive para ser el símbolo de una sociedad que busca venganza, no justicia; convirtiéndose, en última instancia, en un alma en pena.

Civil War: Front Line es una de las historias más rescatables dentro de una saga que redimensionó el rumbo del cómic por varios años. Aunque su resolución es apresurada --yo la calificaría casi como un deus ex machina-- es sobresaliente es la construcción de sus personajes, el escrutinio profundo de sus personajes: la soberbia de Richards, el talante de Stark, la confusión de Parker, el estoicismo de Baldwin... Cada uno es delineado con cautela en una trama que amalgama los cabos sueltos en Civil War.

Sin llegar a ser una de las historias más fuertes de Marvel, sí es una de las más vívidas; y sobre todo, una de las que más lecturas paralelas a la realidad permite. Y es que, al final, Civil War: Front Line nos muestra que en la guerra, las redacciones periodísticas también son trincheras y los corresponsales son soldados de a pie.

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