El día de ayer se llevó a cabo en la Ciudad de Buenos Aires la primera Conferencia Internacional de Software Libre, con la particularidad de un importante apoyo de parte del Gobierno Nacional, que se manifestó en la participación del propio Jefe de Gabinete, quien prometió hacer del FLOSS una política de Estado. Dejando de lado las promesas, las buena organización tuvo en su punto cumbre la conferencia de Jon "Maddog" Hall, una verdadera eminencia dentro de la comunidad.

Su conferencia giró completamente entorno a su proyecto Caua, que implementará en el país de Brasil pero que espera poder portar a Argentina y el resto de Latinoamérica. Expuestas las bases, es imposible no estar de acuerdo inmediatamente con Hall: dada la población total de Brasil y teniendo en cuenta el gasto energético que representan los ordenadores, sería imposible (sumen si quieren además los problemas económicos) que todos tengan acceso a un ordenador. Critica a Negroponte luego por preocuparse por la inclusión de los niños de África cuando en el mismísimo centro de una ciudad latinoamericana hay chicos y adultos que carecen de uno. "Maddog" dijo, parte en broma, parte en serio:

Soy un hombre de negocios, no me gustan los niños. Si le doy a un chico de siete años una notebook, recién va a comenzar a trabajar diez años después. Es mucho tiempo. En cambio, si le doy una notebook a un adulto desempleado, en dos años ya está trabajando y pagando los impuestos.

Dejando de lado cierto tono inmoral que veo en esta declaración, realizada en un ámbito educativo, en cuanto a lo dicho en términos generales: claro que es cierto, pero claro que no. El proyecto Caua está lleno de agujeros más grandes que los problemas de seguridad de Windows, sistema criticado constantemente por Hall en su charla a modo de latiguillo: llegó a criticar a Bill Gates por "popularizar la computación en los 80s". En las grandes ciudades latinoamericanas hay un cibercafé cada par de cuadras y practicamente todos tienen acceso a un ordenador, aunque no sea propio y no ocurre lo mismo en África. Además, el problema no es el planteo sino la solución: unos thin clients que no poseen ni disco rígido ni ventilador ni ninguna pieza móvil, por lo que no hace ruido alguno. Y además sólo consume 12W. ¿Y nuestra información? Es almacenada en los servidores del proyecto. ¿Y si se rompe? Contactamos al sysadmin, no hay nada que podamos hacer.

Porque parte de la idea del proyecto Caua es generar "millones de empleos", formando a administradores de Linux que pasarán a ser "emprendedores". Esto es, vender los servicios del thin client como si se tratara de un vendedor de productos para el hogar. ¿Y cómo hará el flamante emprendedor para hacerse con un pequeño servidor (que en ningún momento aclara cuánta energía consumirá ni cuánto costará)? Solicitará un préstamo al banco. Eso, por lo menos, es lo que plantea Hall, con sólo un "compromiso de venta de parte de un cliente". A ver, levanten la mano los latinoamericanos y contéstenme: ¿en qué banco le van a prestar dinero a un desempleado emprededor? En ninguno.

Al entrar en el sitio web de Caua, dice ser un proyecto FOSSH, es decir no sólo de software si no también de hardware libre, pero en la conferencia Hall cuenta que el cliente incluirá un procesador Atom de Intel. ¿Libre? Para nada. Y no hay problema con que no lo sea, pero que no diga lo contrario. Por si no recuerdan, esta conferencia se llevó a cabo en un congreso de Software Libre. ¿Dónde entra entonces en la ecuación? Los thin clients tendrán instalados Linux. Pero al ser sólo usuarios, no podremos modificar prácticamente nada. Si queremos poseer un "fat client", es decir un ordenador con disco propio y más libertades como para instalar Windows, Linux o OS X, deberemos pagar más. Y perdón, pero si tengo dinero para comprarme una Macbook Pro en Argentina, ¿para qué voy a querer tener uno de estos thin clients?

"Maddog" mencionó en un momento de la charla el interés, de parte de IBM e Intel, por posicionar la enorme cantidad de productos que el proyecto representaría. Creo que Caua es eso nada más, un buen plan de mercadeo de algunas compañías revestido de política de inclusión social y de proyecto libre, del cual no tiene prácticamente nada. El usuario es incapaz de modificar algo más que el tema visual del sistema operativo y está a entera disposición del Administrador de Sistemas/Emprendedor, quien deberá hacerse cargo de vender puerta por puerta sus servicios. Hall dice que Caua estará funcionando en aproximadamente cinco años, pero creo que en el fondo el proyecto no tiene ni pies ni cabeza. Que los productos puedan ser vendidos, claro que sí: pero como iniciativa para disminuir la brecha digital, no sólo tiene agujeros por todos lados sino que no es claro de ninguna manera cómo lo pondrán en práctica. El CISL tuvo charlas muy interesantes, como la otorgada por Javier Castrillo sobre Software Libre y educación, Sebastián Lorenzo hablando de Open Goverment, Ariel Vercelli primero y luego y luego el misísimo Corinto Meffe para discutir sobre software público pero, curiosamente, el punto "fuerte" fue el más pobre.