¿Alguien sabe qué diablos es el periodismo ciudadano? El uso indiscriminado del término por parte de los medios convencionales ha llevado a que se convierta en un gran lugar común, un espacio en el que entramos todos. El discurso del mainstream lo ha convertido en un cajón en el que cabe cualquiera. Excluidos bajo un criterio de alteridad, los medios tradicionales etiquetan con este apelativo a casi cualquier práctica ajena a sus redacciones, ¡como si ellos no fueran ciudadanos también! (¿o será que ya se acostumbraron demasiado al poder de facto?).

Comencemos por lo básico. La Wikipedia le da dos orígenes al término. El primero, en el libro Being Digital (1995), Nicholas Negroponte habla del papel activo del lector como jerarquizador de las noticias. Mientras que los medios tradicionales organizan la información de acuerdo con ciertos intereses, el internauta tiene acceso a tantas noticias que él es capaz de ordenar su propio consumo de medios. En la segunda, Dan Gillmor, en We the media, destaca que después de los atentados del 9/11, los medios tradicionales no respondieron a la altura, por lo que la gente viró hacia los blogs como una nueva fuente de información fidedigna.

Como leemos en estos antecedentos, parece que el periodismo ciudadano (o periodismo 3.0, como también lo nombra la Wikipedia) está vinculado forzosamente con el Internet. Error. El periodismo ciudadano tiene que ver, sorprendentemente, ¡con la ciudadanía! Si bien la democratización de la red ha facilitado las herramientas para su práctica, no son una condición inalienable. Partamos de este punto. Escribir en un blog no te hace un periodista ciudadano. Pero podría.

John DH. Downing, en su libro Radical Media: Rebellious Communication and Social Movements, explica el uso de medios ciudadanos como contrapeso del poder político. De hecho, desecha la idea de medio ciudadano para transformarla en medio radical. No se piense que el adjetivo viene por la intransigencia o la ideología, sino porque estos medios** van hacia la raíz del problema que tratan**:

Pero lo que distingue a este tipo de medios tiene que ver con el origen de la palabra “radical”, que viene de “raíz” en latín. De modo que son medios que tratan de ir a la raíz de cada asunto. No informan simplemente sobre lo que está sucediendo, sino que se ocupan de la verdadera sustancia de las cuestiones políticas, económicas y culturales.

Bajo este enfoque, Downing entiende al periodismo ciudadano por su función, no por la dimensión tecnológica. Examina diferentes plataformas que, a lo largo de la historia, han sido empleadas con dicho fin: mensajes de texto para coordinar protestas, volantes y pasquines clandestinos para distribuir información. En su texto, Downing centra especiamente su atención en el levantamiento zapatista de 1994 en México, en el que un grupo de indígenas de Chiapas se pronuncio en una lucha por sus derechos contra el gobierno. A través del texto, se evalúa el uso de videocámaras para hacer circular, con videos de bajo costo, la situación precaria de estos pueblos hacia medios de comunicación, ONGs e instituciones internacionales.

Ahora, ¿qué ocurre cuando el periodismo ciudadano sí está vinculado con Internet? Exploremos un poco el término de ciberciudadanía. Tratado a profundidad por C.H. Gray en su libro *Cyborg Citizen: Politics in the Posthuman Age", se entiende que en un mundo globalizado, ligar a la ciudadanía sólo con la pertenencia a un terreno y una nacionalidad es algo obsoleto. En su lugar, Gray entiende que lo que define a un ciudadano es su participación competente en los asuntos públicos.

Para él, la ciberciudadanía tiene que ver con este activismo regulado por la tecnología, que le permita la libertad de expresión electrónica, de acceso a la información, de privacidad --- e incluso, de familia, sexualidad y género. Desde su mirada, el objetivo de la ciberdemocracia: un acto de ciudadanía (participación, información, comunicación) mediado a través de la tecnología, garantizando los derechos en y a través de la red... pero ése ya será tema para otro artículo.

Así que, al final, los medios convencionales han desvirtuado la idea de periodismo ciudadano. ¡Ellos mismos podrían hacerlo, si se decidieran por el bien común y no por sus intereses económicos y políticos! Así que dejen de tachar cualquier cosa que aparece en la red con ese apelativo. Entiendan que desde cualquier trinchera se puede ejercer, sean los activistas iraníes en Facebook o los panfletos disidentes que pueblan las calles. No son medios ciudadanos: son ciudadanos usando los medios.

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