“No soy antivacunas, pero…”. Esta frase se ha convertido en un clásico de redes sociales y conversaciones de sobremesa desde que comenzó la pandemia de coronavirus. Muchas personas aseguran no tener nada en contra de las vacunas. Sin embargo, sí que están en contra de vacunas concretas. Por ejemplo, las que han ayudado a que hoy en día la gravedad de la pandemia que todavía no ha terminado sea mucho menor. Otras, no están en contra de vacunas concretas, pero sí de que se pongan a toda la población. Es el caso de Elon Musk, quien recientemente declaró en una conversación de Twitter que está a favor de las vacunas en general, pero cree que “hay un punto en el que la cura/vacuna es potencialmente peor, si se administra a toda la población, que la enfermedad”.

A pesar de no ser más que una respuesta al tuit de otra persona, la publicación tiene ya más de un millón de reproducciones en Twitter. Por lo tanto, son muchos los usuarios que han leído esa afirmación. Dado su alcance mediático, cabe pensar que podría haber personas que se dejen llevar por sus declaraciones a la hora de elegir si se vacunan o no. 

Como dijo el tío de Spiderman, un gran poder conlleva una gran responsabilidad. ¿La ha tenido Elon Musk al hacer esta afirmación? ¿Es cierto que las vacunas pueden ser peores que la enfermedad si se administran a toda la población? La respuesta corta es que no. Pero veamos lo que dice la ciencia al respecto.

El modelo SIR y su importancia en las pandemias

vacunas, Elon Musk
Modelo SIR (Wikimedia Commons)

Para entender cómo funciona cualquier pandemia o epidemia es muy útil el modelo SIR. Este hace referencia a cómo evoluciona la población dividida en tres grupos, según si son susceptibles, están infectados o se han recuperado. Lógicamente, al principio todos son susceptibles de enfermar, salvo que por causas genéticas haya cierta resistencia, pero eso sería una minoría despreciable.

Sin embargo, a medida que aumenta la población infectada y se va recuperando (o muriendo, en el peor de los casos), la susceptible disminuye. Esto se debe a que, generalmente, el sistema inmunitario de los supervivientes queda preparado para combatir una próxima infección. 

Hasta aquí hablamos de inmunidad natural. La que acarrea la propia infección. Sin embargo, la inmunidad se puede obtener de una forma más segura a través de la vacunación. De este modo, se evitan muertes y se disminuye la población susceptible en menos tiempo. Gracias a las vacunas, incluso puede llegar a erradicarse una enfermedad, cuando hay muy poca población susceptible y los patógenos no tienen por dónde moverse. Es lo que pasó con la viruela. Otras enfermedades, como la poliomelitis, no han llegado a erradicarse por completo, pero sí que se han eliminado en buena parte del planeta.

No todas las vacunas son iguales

Ahora bien, hay vacunas que no son esterilizantes. Es decir, no evitan que se produzca la enfermedad, pero sí favorecen que se produzca con una sintomatología más leve. Es el caso de las vacunas del coronavirus actuales. Precisamente por ese hecho, porque no cortan la transmisión, lo ideal es vacunar al máximo posible de población. Así, aunque se produzca la enfermedad, lo hará más leve y posiblemente más corta, por lo que los infectados serán contagiosos durante menos días. Vacunar a toda la población ha sido y es esencial, diga lo que diga Elon Musk. De hecho, es un problema que haya países de bajos recursos a los que no estén llegando suficientes vacunas. O que otros, como China, tengan vacunas menos eficaces. De hecho, ya estamos viendo las consecuencias con sus últimos grandes brotes.

¿Pueden ser peligrosas las vacunas?

Cualquier fármaco puede conllevar riesgos. Precisamente por eso se llevan a cabo ensayos clínicos dirigidos a analizar posibles efectos secundarios y calcular el balance beneficio/riesgo. 

En el caso de las vacunas, estos controles son muy estrictos, aunque es cierto que no lo eran hace décadas. De hecho, fue por un gran error con la vacuna de la polio por lo que hoy podemos estar mucho más tranquilos a la hora de vacunarnos.

En los años 50 esta fue otra gran epidemia, que dejó secuelas en millones de niños en todo el mundo. Afecta al sistema nervioso y causa atrofia o parálisis muscular, por lo que muchos afectados quedaron con problemas para caminar o extremidades sin desarrollar, entre otros daños. Además, en el peor de los casos podían morir por la parálisis del diafragma.

Como es lógico, la vacuna fue recibida como una bendición. Y es cierto que salvó a muchos niños. Sin embargo, se comenzó a administrar con tal urgencia que no se tuvieron en cuenta los efectos secundarios. Pasó desapercibido uno muy grave por el que, solo en Estados Unidos, 70.000 niños presentaron dolores de cabeza, rigidez de cuello, debilidad muscular y fiebre. Además, 200 quedaron paralizados permanentemente y 10 murieron.

Al percibir este problema, la vacuna se retiró y se sustituyó por otra que ya no generaba ese efecto. Se comprobó que, aun con prisas, se deben revisar a conciencia los posibles efectos adversos, por lo que se modificaron los protocolos de actuación, de modo que, aun en casos de emergencia, se pueden acelerar, pero no saltar los trámites dirigidos a analizar la seguridad. 

¿Y qué pasa con los efectos secundarios de las vacunas del coronavirus?

Los ensayos clínicos constan de cuatro fases. Las tres primeras se llevan a cabo de forma controlada, antes de administrar el fármaco a toda la población. En cambio, la cuarta consiste en el seguimiento de los pacientes una vez que se lanza a las farmacias y los hospitales. Esto es algo que se ha hecho siempre, pero a lo que no habíamos prestado atención hasta la llegada de las vacunas del coronavirus. Básicamente, porque nunca habíamos estado tan atentos de un ensayo clínico.

Si se detectan efectos secundarios que no se vieron en las fases anteriores, puede incluso a llegar a retirarse un fármaco. A veces, incluso se pueden retirar no por efectos secundarios, sino simplemente por no cumplir lo que prometieron en lo que a eficacia se refiere. Es algo que está muy controlado. Pero, en general, se han pasado tantos cortafuegos previos que si ya podemos recibir un fármaco o vacuna podemos estar bastante tranquilos con su seguridad.

Es cierto que puede haber efectos secundarios. Incluso un simple paracetamol los tiene. En el caso de las vacunas del coronavirus se ha hablado mucho sobre sus efectos cardíacos. Incluso hay estudios dirigidos a analizarlos. No obstante, estos estudios deben leerse junto a aquellos en los que se concluye que los efectos cardíacos son mucho más graves por pasar la infección que por vacunarse. Esto es lo que hace que el balance beneficio/riesgo se decante claramente hacia el beneficio.

El caso de Pandemrix

Algo similar pasó hace años con Pandemrix, una vacuna contra la gripe que se relacionó con varios casos de narcolepsia. Esto llevó a reforzar los estudios al respecto, hasta que se concluyó que, en realidad, estos casos no podían relacionarse directamente con la vacunación. Sea como sea, lo que podemos afirmar es que se llevaron a cabo los protocolos y, ante una sospecha, se estudió la situación. Si se hubiese considerado grave, se habría retirado esta vacuna, que solo se administra en casos de gripes pandémicas. 

Teniendo esto en cuenta, tampoco podemos asegurar que sea más seguro pasar la enfermedad que vacunarse, como podría deducirse de las afirmaciones de Elon Musk.

 

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CDC

¿Tiene sentido en algo la afirmación de Elon Musk?

Solo hay un motivo por el que puede ser más seguro pasar la enfermedad que vacunarse. Y es que, con virus de los que circulan numerosas variantes, como el de la COVID-19, pasar la infección puede aportarnos protección contra variantes para las que no nos protegen las vacunas. Pero esto tiene ciertos matices que hay que tener en cuenta.

Para empezar, incluso la vacuna frente a una variante puede proteger hasta cierto punto de otras. Puede que no tanto como haber pasado la infección, pero no es lo mismo que no vacunarse. Por otro lado, aquí hay que diferenciar entre vacunarse por primera vez o ponerse varios refuerzos.

Sí que es cierto que, a veces, si hemos pasado la enfermedad recientemente, puede ser innecesario (pero no peligroso) ponerse refuerzo si no somos de riesgo, ya que tenemos protección frente a una mayor cantidad de variantes. Es precisamente por eso por lo que con los últimos refuerzos de COVID-19 se está poniendo más empeño en las personas de riesgo y para el resto se está dejando como una decisión personal. Ahora bien, esto ocurre porque la mayoría de la población ya está vacunada y la población altamente susceptible es mucho menor.

En definitiva, si tenemos dudas sobre vacunas, sean contra la enfermedad que sean, sin duda los comentarios de Elon Musk en un tuit no son el mejor consejo. Nuestro médico de cabecera será quien nos diga si realmente es recomendable que nos vacunemos. Pero, en resumen, hay algo que sí que podemos asegurar: cuando se trata de vacunas, no es peor el remedio que la enfermedad. 

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  1. Elon Musk dejó de ser visionario y se convirtio en el republicano promedio de Estados Unidos: ignorante y negacionista.