Uno de los elementos que más sorprende de la segunda temporada de Alice in Borderland es cómo sostiene el discurso de la anterior entrega. La historia regresa al punto exacto en que culminó la anterior y la sensación general es que el tiempo no ha transcurrido. Aunque por supuesto, sí lo ha hecho: han pasado dos años desde el estreno del éxito de Netflix. 

No obstante, la puesta en escena tiene la suficiente habilidad para crear la sensación que la acción se cristalizó en un momento único. De modo que la primera gran secuencia muestra a Arisu (Yamazaki Kento), Usagi (Tao Tsuchiya), Chishiya (Nijiro Murakami) y Kuina (Aya Asahina) enfrentándose a una verdad abrumadora. La misma que se esbozó en la última imagen de la temporada anterior. El juego — el real, el más violento y con mayores recursos — no ha hecho más que empezar. 

Esa sensación de continuidad brinda a Alice in Borderland una consistencia inteligente que aprovechará en su beneficio. Sin la necesidad de explicar el transcurrir del tiempo o tratar de profundizar en cambios inevitables, la acción comienza de inmediato. Con una economía de recursos que sorprende por su habilidad, Alice in Borderland avanza con una rapidez de pesadilla. 

En especial, a medida que el nuevo juego — ese monstruoso tablero del cual penden los naipes — demuestra su cualidad retorcida. La producción es lo suficientemente ingeniosa como para plantear el mismo escenario, pero con todo tipo de nuevas interpretaciones. Algo que brinda a la serie un nuevo sentido sobre lo que desea contar y hacia dónde desea llevar su recorrido argumental. 

Alice in Borderland

Uno de los elementos que más sorprende de la segunda temporada de Alice in Bonderland es cómo sostiene el discurso de la anterior entrega. La historia regresa al punto exacto en que culminó la anterior y la sensación general es que el tiempo no ha transcurrido. Aunque por supuesto, sí lo ha hecho: han pasado dos años desde el estreno del éxito de Netflix. No obstante, la puesta en escena tiene la suficiente habilidad para crear la sensación que la acción se cristalizó en un momento único.

Puntuación: 4 de 5.

Un recorrido en las arenas del peligro

Por supuesto, no es algo que resulte sorprendente en el ya habitual tropo sobre juegos de supervivencia cuyo premio principal es conservar la vida. Pero Alice in Borderland hace algo más elegante: reconstruye de principio a fin la sensación de urgencia, de impulso vital de supervivencia. También de la angustiada necesidad de atravesar grotescas trampas que no solo probarán el poder físico (que ya sería algo colosal), sino también el emocional. 

Cada trampa está preparada para ser más violenta y más dura de atravesar. Pero a la vez, para erosionar la voluntad, la mente y el espíritu combativo del jugador. De hecho, los primeros minutos del capítulo inicial dejan claro que esta es una competencia contra la muerte. La masacre a tiros con que comienza el episodio no es una demostración de las reglas, el mundo o la noción sobre lo que pasará a continuación. En realidad, es mucho más un despliegue de violencia a tal extremo y desde tantos puntos vista que resulta abrumador por su escala. 

Poco a poco, Alice in Borderland demuestra que su crudeza proviene de lo imprevisible. Nadie sabe contra qué está luchando en realidad, o si el enemigo a vencer puede ser el circunstancial aliado. La serie se hace cada vez más brutal, a medida que queda claro que la muerte es el límite y puede ser el premio del que desea sobrevivir. 

Al contrario del Juego del Calamar — con la que se le compara con frecuencia — Alice in Borderland la violencia en estado puro. A los personajes no los impulsa — no del todo — la ambición o la codicia. Con una perversa precisión, el juego descubre que se oculta en la oscuridad del comportamiento humano e incorpora eso, a la dificultad de sus pruebas. 

De vuelta a espacios temibles 

La primera temporada de Alice in Borderland, adaptación libre del manga de Haro Aso, sorprendió su oscura y retorcida elegancia. Con una Tokio desolada y un circuito de siniestros retos a cumplir, los personajes tuvieron que enfrentarse el horror. Pero también, el límite de su fortaleza y voluntad. La combinación convirtió a la serie en una de las pocas adaptaciones exitosas de Netflix. También en una exploración curiosa sobre la ya conocida premisa de la trampa mortal a gran escala. 

Pero su segunda temporada es una apuesta total por lo macabro, en especial al momento de analizar que impulsa a los involuntarios participantes. Ya sea tratando de evitar morir a balazos, aplastado, acuchillado o desmembrado, todos los personajes tomarán caminos distintos. Son esas decisiones rápidas, casi impulsivas, las que sostienen el vertiginoso ritmo de la serie. También, la que, en esta ocasión, acercan la trama mucho más al material de origen. 

Con progresiva y maliciosa precisión, Alice in Borderland deja claro que el gran escenario de luchas es mucho más que solo habilidad física. Es, también, la conciencia del valor de la vida, el amor e incluso, una difusa lealtad. Para el último capítulo de la temporada, algo quedó claro. El tiempo de la violencia es un imperativo que la serie de Netflix se toma como punto de partida para un cierre desconcertante. La puerta abierta a otro escenario, más devastador del que podría suponerse hasta entonces. 

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