El hallazgo de nuevas especies es importante por muchos motivos. Para empezar, porque nos ayuda a conocer mejor el mudo que nos rodea y los animales con los que los compartimos. Por otro lado, porque aporta herramientas necesarias para la conservación de especies en peligro. Al fin y al cabo, no se puede proteger lo que no se conoce. Pero, por desgracia, en ciertas ocasiones describir una especie no garantiza que se pueda seguir observando y protegiendo. De hecho, a veces pueden pasar décadas o incluso siglos sin que el animal en cuestión vuelva a observarse. Como consecuencia, los científicos no saben si se ha extinguido o, simplemente, se ha escabullido ante sus narices. Eso precisamente es lo que pasó con el faisán-paloma de nuca negra, que acaba de observarse por primera vez desde que se descubrió, hace 140 años.

En realidad, el ave en cuestión sí que había sido divisada por cazadores y vecinos de zonas rurales de Papúa Nueva Guinea, donde habita. Pero no se podía confirmar si se trataba de habladurías o si realmente era este pájaro. Los científicos habían realizado varias expediciones para intentar encontrarlo, pero todas infructuosas.

Ahora, por fin, han logrado grabar un ejemplar de faisán-paloma de nuca negra, poniendo el colofón a una historia tan apasionante que incluye hasta piratas.

Unicornio o faisán

En 1882 fueron divisados en la isla de Fergusson, en Papúa Nueva Guinea, dos ejemplares de un ave que no se había descrito nunca antes. Tenía la cabeza y el cuerpo negros, con alas del color del óxido una cola ondulante. Y se clasificó como faisán-paloma de nuca negra. 

Desde entonces, ningún científico ha logrado verlos. Ni siquiera se sabía cómo sonaban. Sin embargo, los vecinos de las zonas habitadas de la isla aseguraron haber tenido varios encuentros con ellos. Incluso se le dio un nombre coloquial: auwo. 

Este pájaro comenzó a considerarse casi como un animal fantástico. Muchas personas aseguran haberlo visto, pero nadie tenía pruebas gráficas de ello. Por eso, en 2019 un equipo de científicos de la Universidad de Cornell emprendió una expedición a la isla para colocar cámaras con las que intentar grabarlo. Lamentablemente, no tuvieron los resultados buscados. Ningún faisán-paloma de cola negra fue grabado.

Volvieron a casa, pero no se rindieron, sino que se prepararon para una nueva salida, esta vez en septiembre de 2022. Para ello, no solo colocaron 20 cámaras trampa. También entrevistaron a cazadores y vecinos que les informaron tanto sobre su apariencia como sobre su sonido. Esta vez, sí lograron lo que buscaban. Consiguieron captar a una de estas aves. La sorpresa fue tan grande que el investigador principal del grupo, John C. Mittermeier, lo definió casi como “ver a un unicornio”.

Y, por si eso no fuese ya bastante de película, en el viaje de vuelta fueron ellos los que tuvieron que escabullirse. En su caso de piratas, ya que son bastante habituales en esas aguas. 

No estaban muertos, estaban de parranda

Este faisán-paloma no es el primer animal que reaparece después de que se piense que podría haber estado extinto. Ocurrió algo parecido hace un año, con una tortuga de las Galápagos que llevaba 112 años desaparecida. De hecho, ya se consideraba prácticamente extinta. Incluso hay animales que solo se han observado como fósiles y que, de repente, aparecen vivitos y coleando. Es el caso de una almeja que se halló viva en California después de que se considerase que llevaba 30.000 años extinta.

Este pájaro, por lo tanto, es un ejemplo más de lo difícil que es a veces tener bajo control toda la fauna del planeta. Y lo peor es que a veces solo pasan desapercibidos a los científicos, pero no a los cazadores. Eso hace aún más complicado protegerles. Porque no solo es difícil proteger lo que no se conoce. También todo aquello que se esconde. 

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