Cada año, se descubren en el mundo miles de especies nuevas de animales, plantas, hongos y mucho más. La Academia de Ciencias de California es una de las instituciones que más nuevas especies inscribe. En 2021, por ejemplo, fueron 70, pero hubo años mucho más prolíficos, como 2018, cuando se inscribieron en su seno 229 nuevas especies. Pero también en España se descubren continuamente nuevas especies que, a pesar de la cercanía, pueden pasar mucho más desapercibidas.

Por eso, en este artículo nos hemos puesto en contacto con tres descubridores españoles, que nos han hablado sobre el proceso que les llevó a sus hallazgos: una araña de sorprendentes colores, un escarabajo con propiedades farmacológicas antiquísimas y dos moscas que contribuyen a la descomposición de materia orgánica cuando más falta hace.

Álvaro Pérez Gómez, Alberto Sánchez Vialas y Daniel Martín Vega realizaron sus hallazgos en tres puntos diferentes de España. En todos los casos se trata de artrópodos que habían pasado previamente desapercibidos como especie aparte. Pero, gracias a su trabajo y el de los equipos de científicos a los que pertenecen, pudieron nombrarse y catalogarse como tal. Es un trabajo al que vale la pena prestar atención, porque hay vida más allá de California. No es necesario viajar tan lejos para encontrar grandes descubridores y especies fascinantes.

Los pasos para describir nuevas especies

Describir una nueva especie no es fácil. A veces, las diferencias con otras especies que ya se han descrito son mínimas, por lo que es muy importante analizarlas exhaustivamente para comprobar que no se trata de la misma. Además, a veces se puede tener la percepción de que se ha hallado una nueva especie cuando, en realidad, se trata de una mucho más antigua que se había dado por extinta. Esto es algo que ocurrió hace un año con una tortuga de Galápagos y que ha pasado recientemente con una almeja que se creía que llevaba ni más ni menos que 30.000 años extinta.

Por eso, los tres científicos que han intervenido en este estudio coinciden en la importancia de hacer una descripción exhaustiva de la especie. Para empezar, Álvaro Pérez Gómez, descubridor de la araña Phlegra blaugrana, relata que es importante tener un conocimiento previo del grupo de organismos con el que estás trabajando. “Por ejemplo, en España tenemos unas 1400 especies de arañas distribuidas en unos 400 géneros”, relata. “En el caso de Phlegra blaugrana fue fácil, pues no había ninguna especie que tuviera una coloración similar, pero no siempre es así”. Por eso, añade que “en la mayoría de los casos, el primer paso es estudiar sus caracteres bajo lupa, y por supuesto consultar mucha bibliografía hasta llegar a la especie en cuestión”.

Además, en caso de que los conocimientos del grupo sean limitados, es recomendable recurrir a un experto en él. Esto nos lo ha explicado Daniel Martín Vega, quien cuenta que para la descripción de los mosquitos Phyllolabis eiroae y Phyllolabis martinhalli contaron con Jorge Mederos, del Museu de Ciències Naturals de Barcelona.

Los genitales son esenciales cuando se trata de insectos

Por otro lado, este descubridor señala que en insectos es muy importante prestar atención a los genitales. “El sistema reproductor de las hembras y machos de muchos insectos funciona de manera similar al de una llave y una cerradura, por lo que incluso una pequeña variación anatómica en la genitalia de un individuo suele implicar que pertenece a una especie diferente y que no será capaz de acoplarse con individuos de otras especies”, explica. “Cuando se sospecha que se puede estar ante una nueva especie, es fundamental disponer de buenas descripciones morfológicas de las especies próximas y, si es posible, comparar directamente con especímenes conservados en colecciones entomológicas como las de los museos y universidades”. 

Todo sin olvidar la biología evolutiva

Por último, Alberto Sánchez Vialas, responsable del hallazgo del escarabajo Eurymeloe orobates, recuerda que todo lo antes mencionado tiene un trasfondo de biología evolutiva. “Hay que demostrar que la población o poblaciones de individuos pertenecen a un linaje evolutivamente aislado de otros linajes y que, por tanto, no exista un extenso flujo génico entre ellos”. No obstante, aclara que “demostrar esa independencia evolutiva de los linajes es todo un reto que necesita normalmente del empleo de diversas técnicas y estudios”. Estos incluyen sobre todo estudios moleculares y morfológicos, “pero también se pueden integrar datos ecológicos en las comparaciones con las demás especies similares y otros aspectos relacionados con el grupo de organismos estudiado”.

Álvaro Pérez Gómez

La emoción de estar ante algo nuevo

Cualquier hallazgo es emocionante. Describir algo que puede que muchos hubiesen visto, pero que nadie había detectado como único supone una alegría inmensa en la que coinciden los tres científicos.

Por un lado, porque supone añadir una pieza más a un rompecabezas para el que aún hay muchos pedazos ocultos. “Quedan muchísimas especies por describir alrededor del mundo”, avanza Pérez Gómez. “Encontrar una de ellas te hace sentir muy feliz y a la vez te incita a seguir estudiando los organismos que habitan a tu alrededor”. “Si una especie tan llamativa como Phlegra blaugrana seguía sin ser descubierta en España, ¡imagínate lo que queda por descubrir!”. Además, recuerda que habrá aún más “si nos trasladamos a zonas tropicales que probablemente nunca hayan sido muestreadas”. 

Para Martín Vega, hace ilusión poder descubrir y nombrar una nueva especie. “No obstante, recuerda que, “si bien nombrar e inventariar la diversidad de seres vivos es una tarea fundamental, también lo es conocer su biología”.

Además, Sánchez Vialas lo considera gratificante por la oportunidad de “aportar un granito de arena al conocimiento sobre los procesos que dirigen la evolución y diversificación de un grupo de animales”. Pero no solo eso. También lo ve así por la posibilidad de “aportar más información de lo que habita en una región geográfica en concreto”.

También hay que concienciar

Lamentablemente, el científico descubridor de la araña P.blaugrana nos cuenta que cada vez hay menos personas que se dedican a la taxonomía. Esto, unido a la dificultad para conservar algunas especies, lleva a que muchas se extingan sin ni siquiera llegar a descubrirse. Incluso algunas veces se describen y se nombran, pero caen igualmente en el olvido, como cuenta Martín Vega. “Muchas especies simplemente son descritas y nunca vuelven a ser estudiadas. Por eso, se corre el peligro de que esa diversidad se pierda sin darnos cuenta y sin conocerla realmente”.

Por todo esto, los tres coinciden en la importancia de la conservación de especies. Y eso, para Pérez Gómez, empieza precisamente dando más importancia a la taxonomía. “¿Cómo vamos a conservar lo que no conocemos?”.

Ese es otro de los motivos por los que estos científicos se sienten felices por haber descubierto nuevas especies. Por la posibilidad de “hacer un llamamiento para fomentar la protección de una zona donde la nueva especie podría estar ya en peligro de extinción”, como bien recuerda Sánchez Vialas.

Daniel Martín Vega

Condiciones para bautizar especies

Para bautizar una especie se puede ser bastante imaginativo, siempre que se sigan las normas recogidas en el Código Internacional de Nomenclatura Zoológica. Debe constar de dos palabras, que hacen referencia al género y la especie. Normalmente, cuando se descubre una nueva especie, pertenece a un género que ya se ha descrito con anterioridad. Por eso, esa primera parte ya está clara. 

Pero, por otro lado, está la especie, que debe estar latinizada, pero puede variar mucho con base en los deseos de los descubridores.

Algunos ejemplos

Casi todo cabe, aunque, según cuenta Sánchez Vialas, puede hacer referencia, por ejemplo, “a la región geográfica donde habita o a un rasgo morfológico o de su biología”. O también “puede ser nombrado en honor a ciertas personas o a rasgos culturales de ciertas regiones”. En su caso, con Eurymeloe orobates querían “destacar que solo lo encontramos en las montañas, por lo que es un aspecto de su ecología”.

Estos son algunos ejemplos comunes, pero también se pueden dar nombres con relación a temas tan variados como el fútbol. Es el caso de P. blaugrana, cuya especie hace referencia a los colores de su opistosoma. Esta es una parte del cuerpo de los quelicerados, que podría compararse con el abdomen, y en el caso de esta araña tiene los colores del escudo del Fútbol Club Barcelona. De ahí lo de blaugrana. 

Pérez Gómez nos cuenta que hay mucha gente que ha criticado el nombre por relacionarlo con un equipo. Incluso a pesar de que a ninguno de los autores le gusta el fútbol. No obstante, no se arrepienten, ya que esa era la intención: que se hablara de ella. “Estoy seguro de que si el nombre hubiera sido otro, no tanta gente hubiera conocido la especie”. 

En cuanto a Martín Vega, nos cuenta que en el pasado ha descrito una especie de insecto cuyo nombre hace referencia a un aspecto de su anatomía. Pero también otro en honor al espía ficticio de Con la muerte en los talones, una de sus películas favoritas. “Me sirvió para hacer un paralelismo con la historia de cómo había descubierto esa especie”. En cuanto a las dos especies de Phyllolabis, decidieron dedicárselos a dos grandes nombres de la entomología. “Eulalia Eiroa, de la Universidad de Santiago de Compostela, y Martin Hall, del Museo de Historia Natural de Londres”.

Una araña muy culé

Phlegra blaugrana es una araña endémica del Parque Natural de los Alcornocales, en Cádiz. Resulta curiosa por muchos motivos, pero especialmente por su anatomía, como bien nos ha explicado su descubridor. “Lo más característico del macho es la coloración de su opistosoma, que luce un escudo que combina los colores rojo y azul, y que resalta frente a un azul metálico”, describe. “Las hembras, sin embargo, son de un color mucho más discreto, semejantes a otras arañas de la familia”.

En su hallazgo participaron tanto Álvaro Pérez Gómez, de la Universidad de Cádiz, como Galina N. Azarkina, una especialista a nivel mundial del género Phlegra, que ha descrito muchísimas especies alrededor del planeta. Además, en el equipo se encuentra también Íñigo Sánchez, a quien Pérez Gómez describe como uno de los mejores naturalistas y biólogos de la provincia de Cádiz. “¡No hay nadie que conozca mejor su fauna y flora!”.

Alberto Sánchez Vialas

Un escarabajo medicinal

El escarabajo Eurymeloe orobates fue descubierto en el Puerto de la Quesera, entre las provincias de Segovia y Guadalajara. Es de color negro y semibrillante, con la cabeza redondeada y antenas delgadas y largas. Además, cuenta con unos mechones rojizos dispersos por su cuerpo

Como el resto de escarabajos de la familia Meloidae, secreta un veneno llamado cantaridina, que en el pasado fue muy estudiado por su interés farmacológico. Nos lo cuenta también Sánchez Vialas:

«El potencial farmacológico de la cantaridina se conoce desde tiempos históricos. Pero ya apenas se usa. Históricamente, se usaba para quitar verrugas, era vesicante, al degradar tejidos animales. Y al consumir pequeñas dosis era irritante, por lo que llegaba a producir erección del pene, lo que se confundió con efectos afrodisíacos. Era usada para eso, como la viagra. En elevadas dosis produce la muerte si se ingiere».

Alberto Sánchez Vialas, investigador descubridor de Eurymeloe orobates

Hoy en día se usa aún como vesicante en medicina veterinaria, pero su uso en humanos ha dejado paso a otro tipo de compuestos. 

Oculto a simple vista

De cualquier modo, este escarabajo ha sido un hallazgo muy interesante, en el que han participado cuatro investigadores y un estudiante de biología. Fue precisamente el estudiante, Felipe Gutiérrez, el que dio el aviso de que había visto unos escarabajos de la familia Meloidae en el Puerto de la Quesera. Así, comenzó la investigación en la que participan también José Luis Ruiz y Mario García París, especialistas en esta y otras familias de insectos, Ernesto Recuero, un entomólogo que está de estancia postdoctoral en Estados Unidos, y el propio Sánchez Vialas; quien, junto a Mario y Ernesto, ha trabajado mucho con anfibios y reptiles aparte de en entomología.

Se trata de las únicas personas de nuestro país que estudian esta familia de escarabajos. Por eso, aun estando tan presente en la sierra, había pasado desapercibido.

Especies de moscas que descomponen en invierno

Phyllolabis eiroae y Phyllolabis martinhalli tienen una apariencia muy similar a la de un mosquito, pero en realidad se trata de moscas. Fueron descubiertas en Madrid y resultan muy llamativas por el hecho de descomponer la materia orgánica en invierno, cuando la mayoría de insectos están hibernando. Esa es, de hecho, la característica que las hace más especiales, como bien nos ha contado Martín Vega.

“Un cadáver es un recurso rico en nutrientes, pero efímero e impredecible, por lo que existirá cierta competencia entre diferentes individuos y especies de insectos por ser los primeros en colonizarlo. La mayoría de las especies de insectos únicamente son activas durante los meses más cálidos. Algo relacionado con el hecho de que los insectos no son capaces de regular su temperatura corporal. Por lo tanto, la existencia de especies invernales y descomponedoras podría indicar una alta especialización para sobrevivir en un clima frío, con la recompensa de tener menor competencia a la hora de explotar un recurso tan preciado como la carroña”. 

Daniel Martín Vega, investigador descubridor de Phyllolabis eiroae y Phyllolabis martinhalli

Posible utilidad en medicina forense

A todo esto, se añade la ventaja de que “los insectos carroñeros pueden utilizarse como indicadores forenses en la aplicación de la entomología a la medicina legal. Por eso, “es importante conocer qué especies pueden estar asociadas a un cadáver en las diferentes regiones y estaciones del año para poder proporcionar información como la estima de un intervalo post mortem mínimo”. Eso sí, el científico aclara también que, en el caso de las dos especies de Phyllolabis, “es muy pronto para saber si podrían ser relevantes desde un punto de vista forense”.

Sea como sea, el suyo es un hallazgo muy interesante, en el que ha participado también Arturo Baz, de la Universidad de Alcalá, que fue su director de tesis, y con quien afirma que tiene “el placer de seguir trabajando”. Además, como señalaba con anterioridad, contaron con la ayuda de Jorge Mederos, por ser un gran experto en el grupo que tenían entre manos. 

Todos estos son solo unos pocos ejemplos del trabajo que se hace en España para descubrir y, como bien señalan ellos, conservar multitud de especies animales. Sin duda es apasionante. Sobre todo porque, lo que ellos y otros han descubierto hasta ahora, no es más que la punta de un inmenso iceberg. 

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